La recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán el 8 de enero de 2016 tuvo como protagonistas inesperados a dos policías federales que interceptaron un automóvil robado en las afueras de Los Mochis, Sinaloa, sin saber que dentro viajaban uno de los narcotraficantes más buscados del mundo y su jefe de seguridad.
Aquellos agentes mantuvieron a Guzmán bajo custodia mientras esperaban refuerzos y enfrentaban amenazas, ofertas de dinero y el temor de que un grupo armado intentara rescatarlo. Después de entregar al capo, sus propias vidas cambiaron: sus identidades fueron protegidas y posteriormente fueron enviados fuera de México por razones de seguridad.
Una década después, la película La captura, de Netflix, volvió a poner la historia bajo los reflectores. Sin embargo, los nombres y buena parte de la vida actual de los verdaderos policías permanecen en reserva.
Así se encontraron frente a frente con El Chapo
La mañana del 8 de enero de 2016, Joaquín Guzmán y Orso Iván Gastélum, “El Cholo Iván”, escaparon por el sistema de drenaje después de un operativo de la Marina en Los Mochis.
Durante la huida robaron primero un automóvil y después abordaron un Ford Focus rojo. Los propietarios denunciaron los hechos y la información llegó al sistema de emergencias.
Dos elementos de la entonces Policía Federal detectaron el vehículo cuando circulaba por la carretera Los Mochis-Navojoa y consiguieron obligarlo a detenerse.
Al bajar a los ocupantes descubrieron que uno era El Chapo Guzmán y el otro El Cholo Iván, quien llevaba un arma. Los policías lograron desarmarlo y colocaron a ambos en la patrulla.

El Chapo ofreció dinero y ellos evitaron usar la radio
Los agentes se encontraban en una situación especialmente delicada.
La reconstrucción de Héctor de Mauleón señala que escucharon por radio reportes de decenas de camionetas con hombres armados que se aproximaban a Los Mochis. Temiendo que las comunicaciones fueran monitoreadas por integrantes del Cártel de Sinaloa, decidieron avisar de la detención a sus superiores por teléfono.
Mientras permanecía bajo custodia, Guzmán intentó convencerlos de que lo dejaran escapar ofreciéndoles dinero, propiedades y negocios.
Los agentes no aceptaron.
Ante el riesgo de un rescate y sin tiempo suficiente para llegar a sus instalaciones, buscaron un sitio donde mantenerse ocultos mientras llegaban más elementos.
El Motel Doux se convirtió en escondite improvisado
Los policías trasladaron a los detenidos al Motel Doux, donde escondieron las patrullas para evitar que fueran vistas desde la calle.
Utilizaron las habitaciones 51 y 19. Dos elementos vigilaron desde la azotea mientras otros permanecieron con Guzmán. Para verificar que realmente se trataba del capo, sus superiores solicitaron fotografías que posteriormente llegaron a los altos mandos federales.
En ese lugar se tomó una de las imágenes más conocidas de aquella captura: El Chapo sentado en una cama, todavía con rastros de lodo después de haber escapado por el drenaje.
Otros agentes se incorporaron progresivamente al resguardo hasta que finalmente llegaron elementos de la Marina y del Ejército.
Por ello, aunque la historia suele concentrarse en dos policías federales que realizaron la primera intercepción, no fueron los únicos elementos que participaron durante toda la custodia.
¿Qué pasó con los policías después de capturar a El Chapo?
Una vez terminado el operativo comenzó otra etapa para los agentes.
Su identidad fue mantenida en secreto porque existía temor de represalias. Publicaciones posteriores señalan que fueron retirados de Sinaloa y colocados bajo medidas especiales de protección.
Héctor de Mauleón, periodista que documentó la captura desde 2016 y tuvo acceso a bitácoras y testimonios de los policías, relató en 2026 que los agentes fueron reconocidos por su actuación y enviados posteriormente al extranjero, donde ocuparon funciones vinculadas con representaciones mexicanas para mantenerlos alejados del riesgo.
La medida habría permitido mantenerlos fuera del alcance de posibles represalias durante los años siguientes.
Sus nombres verdaderos nunca fueron difundidos públicamente.

Regresaron a México tras desaparecer la Policía Federal
La situación cambió después del final del sexenio de Enrique Peña Nieto y la desaparición de la Policía Federal, sustituida por la Guardia Nacional.
De Mauleón afirmó en agosto de 2026 que los antiguos agentes fueron regresados a México y dejaron de contar con el mismo esquema especial que habían tenido en el extranjero.
El periodista sostuvo que actualmente se encuentran desprotegidos por el Estado, aunque no existe información pública suficiente para establecer dónde trabajan, cuál es su ubicación o qué medidas de seguridad conservan actualmente.
Ese vacío de información responde, en buena medida, al mismo principio que se siguió desde 2016: proteger sus identidades.
Arturo Carmona y Héctor Rosales no son sus nombres reales
El estreno de La captura también generó confusión sobre quiénes fueron los agentes.
Netflix presenta la historia como un drama policial inspirado en hechos reales y coloca a Alfonso Herrera y Noé Hernández como los dos policías que terminan frente a El Chapo.
Sin embargo, Arturo Carmona y Héctor Rosales son personajes construidos para la película, no identidades confirmadas de los verdaderos oficiales.
Por la misma razón, tampoco puede tomarse como un registro documental cada episodio de sus vidas familiares, decisiones personales o consecuencias posteriores mostrado en la cinta.
La base real es la detención, la custodia y la protección posterior de los agentes; parte del resto fue adaptada para construir la narración cinematográfica.
El Chapo terminó extraditado y condenado en Estados Unidos
Un año después de aquella detención, México extraditó a Joaquín Guzmán a Estados Unidos.
La entrega ocurrió el 19 de enero de 2017, cuando fue trasladado para enfrentar diversos procesos relacionados con su papel al frente del Cártel de Sinaloa.
Posteriormente fue declarado culpable en una corte federal estadounidense y condenado a cadena perpetua más 30 años de prisión.
Mientras El Chapo terminó convertido en uno de los presos más conocidos del sistema penitenciario estadounidense, los policías que hicieron aquella primera intercepción siguieron exactamente el camino contrario: desaparecieron de la vida pública para protegerse.
Diez años después, la película volvió a contar su historia, pero la información más delicada continúa fuera del alcance público: sus nombres, su ubicación y las condiciones en las que viven hoy siguen reservados.
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