Una bacteria capaz de permanecer durante años en el estómago sin provocar síntomas está detrás de uno de los principales factores de riesgo conocidos para desarrollar cáncer gástrico. Se trata de Helicobacter pylori (H. pylori), un microorganismo extremadamente común que puede adquirirse desde la infancia.
En México, su prevalencia se estima en 70.5% de la población, de acuerdo con el V Consenso Mexicano sobre el diagnóstico y tratamiento de la infección por H. pylori. La relación con el cáncer también es relevante: se ha señalado que hasta 90% de los casos de cáncer gástrico están asociados con esta bacteria.
Pero existe una diferencia fundamental: tener H. pylori no significa tener cáncer ni que inevitablemente vaya a desarrollarse. Alrededor de 85% de las personas infectadas permanece sin síntomas, daños o enfermedad relacionados con el microorganismo.
¿Qué es H. pylori y qué hace en el estómago?
Helicobacter pylori es una bacteria que puede vivir en la mucosa que recubre el interior del estómago, un ambiente en el que pocos microorganismos consiguen sobrevivir debido a su acidez.
La bacteria logra instalarse en esa capa protectora y, en algunas personas, la infección crónica provoca inflamación prolongada del estómago. Con el paso del tiempo, determinados casos pueden evolucionar hacia gastritis atrófica y otras alteraciones que incrementan el riesgo de cáncer gástrico.
Desde 1994, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó a H. pylori como carcinógeno para los seres humanos, debido a la evidencia de su participación en el desarrollo del adenocarcinoma gástrico y del linfoma gástrico MALT.
Siete de cada 10 mexicanos tendrían la bacteria
El V Consenso Mexicano sobre H. pylori, desarrollado por especialistas de la Asociación Mexicana de Gastroenterología, ubica su prevalencia nacional en 70.5%.
El documento, publicado en 2026 y construido con 38 recomendaciones basadas en evidencia, también advierte que México enfrenta otro problema: el crecimiento de cepas resistentes a algunos de los antibióticos utilizados para combatir la infección, particularmente claritromicina y levofloxacina.
La bacteria suele adquirirse durante la infancia y puede transmitirse mediante contacto con saliva, vómito o materia fecal. Las condiciones de hacinamiento y las deficiencias de higiene favorecen su propagación.
Una persona puede vivir durante décadas con ella sin saberlo.
Tener H. pylori no es una sentencia de cáncer
La alta prevalencia de la bacteria hace necesario poner en contexto el dato del cáncer gástrico.
Aunque existe una relación causal entre la infección crónica por H. pylori y determinados cánceres de estómago, la mayoría de las personas infectadas nunca desarrolla cáncer.
En alrededor de 85% de quienes tienen la bacteria, ésta no provoca síntomas, daños ni enfermedad. Solo una proporción de los infectados desarrolla alteraciones como gastritis crónica, úlcera péptica u otras lesiones que pueden incrementar el riesgo.
El riesgo tampoco depende únicamente de la presencia de H. pylori.
Factores como el tabaquismo, un consumo elevado de sal y la ingesta frecuente de carnes procesadas también se han relacionado con mayor probabilidad de desarrollar cáncer de estómago. Algunas cepas producen además una proteína denominada CagA, relacionada con mayor inflamación y riesgo carcinogénico.
Cáncer gástrico deja más de 7 mil muertes al año en México
El cáncer gástrico se encuentra entre las neoplasias de mayor impacto en el país.
En México se registran más de 9 mil 500 casos y más de 7 mil 200 muertes al año, cifras que colocan a esta enfermedad entre las más frecuentes y letales.
Una de las dificultades es que las etapas iniciales pueden transcurrir sin manifestaciones claras.
Cuando aparecen molestias pueden presentarse indigestión persistente, dolor o ardor abdominal, sensación de llenura después de comer poco, náuseas o pérdida del apetito.
En cuadros más avanzados pueden registrarse pérdida de peso sin explicación, anemia, cansancio, vómito con sangre o sangre en las heces.
Estos síntomas también pueden corresponder a otros padecimientos digestivos, por lo que su presencia no confirma cáncer ni infección por H. pylori y requiere valoración médica.
¿Cómo se detecta H. pylori?
El nuevo consenso mexicano coloca a la prueba de aliento con urea marcada con carbono 13 como el método no invasivo de primera elección para detectar infección activa.
Otra alternativa utilizada es la detección de antígenos en heces.
Una vez realizado un tratamiento para erradicar la bacteria, el consenso recomienda comprobar que efectivamente desapareció al menos cuatro semanas después de terminar la terapia.
La resistencia antimicrobiana ha cambiado además la manera de combatirla.
El consenso mexicano señala un incremento de resistencia a determinados antibióticos y actualiza los esquemas terapéuticos utilizados en el país. Esto hace especialmente relevante evitar la automedicación, pues la elección del tratamiento depende de la evaluación clínica y de las características de cada paciente.
Eliminar la bacteria puede reducir el riesgo
La infección por H. pylori destaca frente a otros factores asociados al cáncer porque puede tratarse y erradicarse.
Estudios clínicos de seguimiento han encontrado que eliminar la bacteria puede disminuir el riesgo de desarrollar cáncer de estómago en personas infectadas. El Instituto Nacional del Cáncer documenta investigaciones en las que la incidencia disminuyó después del tratamiento de erradicación, incluso entre grupos con mayor riesgo.
Esto no significa que todas las personas deban someterse automáticamente a pruebas o tomar antibióticos.
La detección y el tratamiento deben definirse mediante valoración médica, especialmente ante antecedentes de úlcera, molestias gastrointestinales persistentes, lesiones gástricas o determinados factores de riesgo.
La cifra del 90% cobra entonces otra dimensión: H. pylori es una bacteria muy extendida y estrechamente vinculada con el cáncer gástrico, pero infección y cáncer no son equivalentes. La diferencia está en identificar los casos que requieren atención y evitar que una infección tratable permanezca ignorada durante años.
*ARD









