El herpes zóster, conocido como “culebrilla”, no es una enfermedad nueva, sino la reactivación del virus de la varicela que permanece latente en el sistema nervioso durante años. Sin embargo, especialistas han advertido que en personas con enfermedades crónicas, este padecimiento representa un riesgo mucho mayor.
De acuerdo con recientes hallazgos científicos, el envejecimiento y ciertas condiciones médicas debilitan el sistema inmunológico, lo que facilita la reactivación del virus y aumenta la probabilidad de complicaciones graves.
Enfermedades que incrementan el riesgo de herpes zóster
Diversos estudios han demostrado que quienes viven con padecimientos crónicos tienen mayor probabilidad de desarrollar herpes zóster. Entre los principales factores de riesgo destacan:
- Diabetes: incrementa el riesgo en un 38%
- Enfermedades cardiovasculares: aumentan el riesgo en un 34%
- Enfermedad renal crónica: eleva el riesgo en un 29%
Estas cifras evidencian que el virus no solo depende de la edad, sino también del estado general de salud.
El peligro del diagnóstico erróneo
Uno de los mayores desafíos del herpes zóster es su capacidad para confundirse con otras enfermedades. El Dr. Tran Hoa compartió un caso clínico en el que un paciente fue tratado inicialmente por un supuesto infarto.
El dolor torácico persistente llevó a los médicos a colocar un stent; sin embargo, posteriormente descubrieron que el origen del dolor era el virus atacando los nervios del pecho. Este tipo de situaciones demuestra que el herpes zóster puede simular otras condiciones graves, retrasando su diagnóstico.
Síntomas del herpes zóster: cómo detectarlo a tiempo
Identificar los síntomas a tiempo es clave para evitar complicaciones. El virus tiene un periodo de incubación de entre 20 y 24 días y se manifiesta en tres fases principales:
- Fase inicial: dolor, ardor o sensibilidad en un solo lado del cuerpo
- Fase eruptiva: aparición de ampollas sobre piel enrojecida durante 7 a 10 días
- Fase de costra: las lesiones se secan, pero el dolor puede persistir
Si no se trata a tiempo, puede desarrollarse neuralgia posherpética, una complicación que causa dolor crónico.
Prevención: una prioridad para grupos vulnerables
Especialistas coinciden en que la prevención del herpes zóster es fundamental, especialmente en personas con enfermedades crónicas. Por ello, recomiendan integrar la vacunación y el fortalecimiento del sistema inmunológico como parte del tratamiento médico.
Además, el seguimiento constante con especialistas permite detectar síntomas tempranos y reducir complicaciones.
En un contexto donde la población envejece, el herpes zóster se ha convertido en un problema de salud pública relevante. Prevenirlo no solo mejora la calidad de vida, sino que también evita complicaciones que pueden afectar a largo plazo.
*ARD














