La noche del 27 de agosto de 2026 dejó una de las imágenes astronómicas más llamativas del año: la Luna llena cambió progresivamente de apariencia hasta mostrar tonalidades rojas, anaranjadas y cobrizas, mientras la sombra de la Tierra avanzaba sobre su superficie.
Aunque popularmente el fenómeno fue llamado “Luna de Sangre”, técnicamente se trató de un eclipse lunar parcial. La diferencia fue mínima para quienes lo observaron: aproximadamente 96 por ciento del disco lunar quedó dentro de la umbra, la parte más oscura de la sombra terrestre, por lo que durante su punto máximo adquirió una apariencia cercana a la de un eclipse total.
Imágenes y videos captados durante la noche mostraron el cambio de tonalidades conforme avanzó el eclipse, desde un oscurecimiento inicial hasta el intenso aspecto rojizo que convirtió a la Luna en protagonista del cielo nocturno.
¿A qué hora llegó el Eclipse de Sangre a su punto máximo?
El fenómeno se desarrolló durante varias horas. En el centro de México, la fase penumbral comenzó alrededor de las 19:23 horas, mientras que la Luna empezó a entrar de manera más evidente en la sombra terrestre a partir de las 20:33 horas.
El momento más espectacular llegó aproximadamente a las 22:12 horas, cuando cerca del 96 por ciento de la superficie visible de la Luna estaba dentro de la umbra de la Tierra. Esa cobertura hizo que el eclipse parcial pareciera, a simple vista, prácticamente total.
La fase parcial terminó cerca de las 23:52 horas y la última etapa penumbral se prolongó hasta aproximadamente la 1:01 de la madrugada del 28 de agosto.
¿Por qué la Luna se volvió roja?
El color no fue provocado por un cambio en la superficie lunar. La explicación estuvo en la atmósfera de la Tierra.
Durante un eclipse lunar, el Sol, la Tierra y la Luna quedan alineados. Nuestro planeta se coloca entre el Sol y el satélite y bloquea la mayor parte de la luz solar directa que normalmente ilumina la superficie lunar.
Sin embargo, una fracción de esa luz consigue atravesar la atmósfera terrestre. En ese recorrido, las longitudes de onda asociadas con los colores azules y violetas se dispersan con mayor facilidad, mientras que la luz roja y anaranjada logra continuar su trayectoria y es desviada hacia la zona donde se encuentra la Luna.
El resultado es ese característico tono rojizo, cobrizo o anaranjado que da origen al nombre popular de “Luna de Sangre”.
El mismo efecto de los amaneceres y atardeceres
El espectáculo tiene una conexión directa con algo que puede observarse prácticamente todos los días en la Tierra: los colores de un amanecer o un atardecer.
La atmósfera actúa como un filtro sobre la luz solar y favorece que determinadas tonalidades recorran mayores distancias. Durante un eclipse lunar, esa luz rojiza termina proyectándose sobre la Luna mientras ésta permanece dentro de la sombra terrestre.
Por eso no todas las Lunas de Sangre tienen exactamente el mismo color. Algunas pueden adquirir un rojo oscuro intenso, mientras otras lucen más anaranjadas o cobrizas. Las condiciones de la atmósfera terrestre influyen en la intensidad final.
¿Por qué no fue un eclipse lunar total?
La imagen pudo generar la impresión de que la Luna había quedado completamente cubierta, pero una pequeña fracción de su superficie permaneció fuera de la umbra.
Con alrededor del 96 por ciento dentro de la sombra más oscura, el eclipse quedó muy cerca de alcanzar la totalidad, pero conservó técnicamente la categoría de eclipse lunar parcial.
Esa pequeña diferencia explica por qué algunas zonas de la Luna conservaron mayor luminosidad mientras el resto del disco mostraba los característicos colores oscuros y rojizos.
A diferencia de un eclipse solar, podía verse directamente
Otra diferencia importante apareció al momento de observarlo. Un eclipse lunar puede contemplarse a simple vista sin utilizar filtros o gafas especiales para eclipses.
La luz que llega desde la Luna no representa el peligro que existe al mirar directamente al Sol durante un eclipse solar. Binoculares y telescopios únicamente permiten apreciar con mayor detalle los cambios de iluminación, los cráteres y la forma en que la sombra terrestre avanza sobre el satélite.
El Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM había invitado desde el 26 de agosto a observar el fenómeno, al anticipar un eclipse lunar casi total en el que la Luna podía desarrollar las tonalidades rojizas asociadas con la llamada Luna de Sangre.

Una noche de Luna llena teñida de rojo
Los eclipses lunares sólo pueden ocurrir durante la Luna llena, cuando la geometría entre el Sol, la Tierra y la Luna permite que nuestro planeta proyecte su sombra sobre el satélite.
En esta ocasión, la alineación llevó a la Luna prácticamente al interior completo de la umbra y dejó durante varias horas una sucesión de tonos poco habituales: primero el oscurecimiento, después las regiones cobrizas y finalmente una superficie dominada por colores rojizos durante la etapa de mayor cobertura.
El Eclipse de Sangre del 27 de agosto terminó durante las primeras horas de este viernes, pero sus imágenes dejaron registro de una noche en la que la sombra de la Tierra transformó por unas horas el aspecto de la Luna llena.
*BC









