Una misión de traslado médico coordinada entre la Secretaría de Marina y la Fundación Michou y Mau terminó en tragedia este lunes, cuando un avión King Air de la Armada de México se accidentó en Galveston, Texas. La aeronave, con matrícula ANX 1209, había despegado desde Mérida, Yucatán, con el objetivo de trasladar a un menor de edad con quemaduras graves al hospital especializado Shriners Childrens. Sin embargo, durante las maniobras de aproximación al Aeropuerto Internacional de Scholes, la unidad se desplomó en las aguas de la Bahía de West Galveston, cerca del Puente Causeway.
A bordo de la aeronave viajaban ocho personas: cuatro elementos navales y cuatro civiles, entre ellos personal médico y el paciente menor de edad. Tras el impacto, la Guardia Costera de los Estados Unidos desplegó un operativo de rescate inmediato, localizando los restos del avión en el agua. Aunque en los primeros reportes se contemplaba un mayor número de rescatados, la Marina confirmó finalmente el fallecimiento de cinco personas —incluyendo al menor—, mientras que dos lograron sobrevivir y una más permanece desaparecida.
Las primeras investigaciones sugieren que las condiciones climáticas jugaron un papel determinante, ya que una densa niebla cubría la región al momento del siniestro, ocurrido alrededor de las cuatro de la tarde. Ante la emergencia, la Oficina del Sheriff de Galveston solicitó a la población evitar la zona para facilitar el trabajo de los cuerpos de rescate, en los que también colaboró el Departamento de Bomberos de Nueva York.
Actualmente, las causas exactas del accidente están bajo la lupa de la Administración Federal de Aviación (FAA) y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) de los Estados Unidos. En el ámbito diplomático, el Consulado General de México en Houston ha tomado cartas en el asunto para asistir a los familiares de las víctimas y coordinar la repatriación de los cuerpos, mientras las autoridades locales mantienen activa la búsqueda de la sexta víctima.














