En medio de las tierras agrícolas del Bajío guanajuatense, a pocos kilómetros de Abasolo y cerca del río Lerma, permanece una ciudad prehispánica que durante siglos quedó prácticamente oculta bajo el paisaje: la Zona Arqueológica de Peralta.
Sus dimensiones sorprenden. El asentamiento está formado por alrededor de 20 conjuntos arquitectónicos distribuidos desde las laderas del cerro Peralta hasta las tierras bajas cercanas al río. Sin embargo, únicamente dos de sus grandes estructuras, La Mesita y El Divisadero, han sido exploradas, restauradas y acondicionadas para recibir visitantes.
Lo que hace todavía más singular al lugar es que los arqueólogos conocen buena parte de su arquitectura, agricultura y organización social, pero todavía no han podido determinar con certeza qué pueblo construyó y habitó esta enorme ciudad.
Una de las grandes ciudades prehispánicas del Bajío
Peralta fue uno de los mayores centros cívicos y ceremoniales de esta región del México antiguo. El Instituto Nacional de Antropología e Historia sitúa su cronología principal entre aproximadamente 300 y 750 d.C., mientras fuentes culturales de Guanajuato amplían su ocupación hasta alrededor del año 900.
Su arquitectura representa una de las expresiones monumentales más importantes de la llamada tradición El Bajío. En el sitio aparecen plazas, plataformas, montículos y característicos patios hundidos, una forma constructiva ampliamente desarrollada por las sociedades que ocuparon esta zona del centro-occidente de México.
Los habitantes de Peralta también aprovecharon intensamente su entorno. Cultivaban en terrazas construidas sobre las laderas y probablemente utilizaron las crecientes del río Lerma para sembrar en las planicies cercanas. La proximidad de yacimientos de obsidiana y riolita en las sierras de Pénjamo y Abasolo favoreció además la obtención y circulación de materias primas.
La Mesita y el poder de los antiguos gobernantes
Uno de los espacios que pueden recorrerse actualmente es La Mesita, un enorme conjunto arquitectónico que ha sido relacionado con actividades políticas y administrativas.
También es conocido como el Recinto de los Gobernantes debido a las características de algunas habitaciones y accesos, que sugieren espacios vinculados con personas de alto rango.
Dentro del conjunto sobresale además una estructura circular, poco habitual dentro de la arquitectura regional y relacionada por especialistas con tradiciones constructivas presentes hacia el actual estado de Jalisco.
El tamaño de estas construcciones muestra que Peralta no fue una pequeña aldea agrícola. Su población tenía capacidad para organizar grandes obras, administrar recursos y mantener relaciones con otras comunidades del Bajío y del occidente mesoamericano.
El Divisadero, entre templos y patios hundidos
El segundo gran conjunto abierto a los visitantes es El Divisadero.
El espacio está organizado alrededor de una plaza delimitada por construcciones ceremoniales, basamentos y un patio hundido, uno de los elementos arquitectónicos característicos de esta zona de Guanajuato.
Ambos conjuntos permiten imaginar la escala que llegó a alcanzar el asentamiento, aunque representan sólo una fracción de las estructuras identificadas por los investigadores. Buena parte de Peralta permanece todavía sin acondicionar para el recorrido público.
El misterio de quién construyó Peralta
A diferencia de otros sitios arqueológicos mexicanos asociados claramente con mayas, mexicas, zapotecos o purépechas, la filiación étnica de la población de Peralta continúa sin conocerse.
El INAH mantiene abierta esa interrogante. La desaparición de la tradición oral y el abandono del asentamiento hicieron que también se perdiera su nombre prehispánico original.
Por ello, no existe sustento para presentar a Peralta categóricamente como una ciudad chichimeca, tolteca, mexica o purépecha. Lo que permanece son sus edificios, objetos arqueológicos y modificaciones del paisaje como testimonio de una sociedad compleja que dominó esta zona del Bajío durante varios siglos.
Cómo llegar a la Zona Arqueológica de Peralta
La zona se localiza en San José de Peralta, municipio de Abasolo, Guanajuato, sobre un ramal de la carretera estatal Abasolo-Huanímaro.
Desde Abasolo: hay que salir por el bulevar Mariano Abasolo y continuar hacia el oriente. La ruta pasa por las comunidades de San Isidro, La Peña y Rancho Seco. Desde la ciudad se recorren aproximadamente 13 kilómetros y el trayecto toma alrededor de 15 minutos. Las señalizaciones conducen hasta el acceso al sitio arqueológico.
Desde Irapuato: se toma la Carretera Federal 90 rumbo a La Piedad, Michoacán. Después de aproximadamente 15.5 kilómetros, hay que tomar la desviación hacia Pueblo Nuevo y, en la bifurcación, continuar en dirección a Huanímaro. Más adelante aparece la señalización hacia Peralta.
La Secretaría de Cultura de Guanajuato calcula que Peralta está aproximadamente a 30 minutos de Irapuato, una hora de Guanajuato capital y 70 minutos de León. Desde Querétaro estima alrededor de 90 minutos y desde Morelia unas dos horas.
Horarios para visitar Peralta
Actualmente, el INAH establece un horario de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 17:00 horas. El recorrido por los conjuntos abiertos puede realizarse aproximadamente en una hora.
El lugar cuenta con estacionamiento y sanitarios, además de un Centro de Atención a Visitantes. Las autoridades prohíben ingresar alimentos, fumar dentro de la zona y entrar con mascotas.
Las plataformas oficiales actualmente muestran diferencias en las cuotas de recuperación, por lo que es conveniente confirmar el costo vigente antes de realizar el viaje.
Peralta ofrece algo distinto a las zonas arqueológicas más conocidas de México: caminar entre estructuras monumentales de una civilización cuyo nombre prácticamente desapareció de la historia. La Mesita, El Divisadero y los vestigios que todavía permanecen sin explorar mantienen abierta una de las grandes preguntas arqueológicas del Bajío: quiénes levantaron esta ciudad y qué ocurrió con ellos.
*ARD









