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No son manchas: los fósiles de 66 millones de años escondidos en el Metro


Conchas, caracoles y otros fósiles marinos están incrustados en los pisos de varias estaciones.
Por Redacción | 1 Septiembre, 2026
Tecnología
No son manchas: los fósiles de 66 millones de años escondidos en el Metro

 

Millones de pasajeros caminan diariamente por los pasillos del Metro de la Ciudad de México sin reparar en un detalle que lleva millones de años esperando bajo sus pies: algunas de las figuras visibles en las losetas son fósiles auténticos de antiguos organismos marinos.

No son dibujos ni manchas creadas por el desgaste. En distintas estaciones pueden encontrarse restos de gasterópodos, bivalvos, rudistas y amonoideos conservados dentro de la piedra utilizada para revestir pisos, escaleras y pasillos.

Parte de estos fósiles corresponde al periodo Cretácico, que comenzó hace aproximadamente 145 millones de años y terminó hace 66 millones, cuando los dinosaurios todavía habitaban el planeta. La presencia de estos organismos marinos en el Metro fue difundida por especialistas de la UNAM y posteriormente despertó el interés de usuarios que comenzaron a documentarlos estación por estación.

El fenómeno convierte algunos recorridos cotidianos en una peculiar ruta paleontológica: basta bajar la mirada y saber qué buscar.

 

 

¿Por qué hay fósiles en el piso del Metro?

Los animales cuyos restos aparecen en las estaciones no vivieron en el lugar donde hoy se encuentra el Metro ni fueron encontrados durante las excavaciones de sus túneles.

Su historia comenzó millones de años antes.

Organismos marinos murieron y quedaron sepultados entre sedimentos que con el tiempo se compactaron y formaron rocas calizas. Sus conchas y estructuras quedaron preservadas dentro de esa piedra.

Muchísimo tiempo después, la roca fue extraída de canteras, cortada en losas y utilizada como material arquitectónico. Así terminaron los fósiles formando parte de pisos y revestimientos de edificios y estaciones.

Una guía geológica publicada en 2026 describe, por ejemplo, losas del Metro con numerosos ostreídos, bivalvos semejantes a los ostiones actuales, incrustados en roca caliza formada por carbonatos en antiguos ambientes marinos.

Por eso puede hablarse de fósiles urbanos: organismos prehistóricos que llegaron a las ciudades incorporados dentro de las piedras utilizadas para construirlas.

 

 

¿En qué estaciones del Metro CDMX puedes encontrar fósiles?

Un registro dedicado a documentar estos restos ha localizado ejemplares en estaciones como Indios Verdes, Ermita, Pantitlán, Coyoacán, Cuatro Caminos, Zapata, Flores Magón, Universidad, El Rosario y Pino Suárez, además de otros puntos de la red.

No todos se observan igual. Algunos aparecen como pequeñas espirales oscuras; otros parecen conchas partidas por la mitad y existen ejemplares cuyo tamaño permite distinguirlos fácilmente dentro de las losas.

Estas son algunas estaciones especialmente interesantes para comenzar a buscarlos.

 

 

Zapata: amonoideos y antiguos bivalvos

La estación Zapata es una de las paradas más atractivas para quienes quieren observar distintos tipos de fósiles.

En el transbordo hacia la Línea 12 y en los andenes con dirección a Mixcoac se han documentado amonoideos y agrupaciones de bivalvos preservados dentro de las piedras. También se han registrado ejemplares atribuidos a Toucasia, un género de antiguos moluscos bivalvos.

Los amonoideos resultan particularmente llamativos debido a su característica estructura enrollada.

Estos organismos marinos pertenecieron al mismo gran grupo de moluscos cefalópodos que los actuales pulpos y calamares, aunque numerosas formas desaparecieron durante la extinción masiva ocurrida al final del Cretácico.

 

 

Coyoacán: busca pequeños caracoles en las losetas

En Coyoacán, sobre la Línea 3, se han localizado fósiles de gasterópodos de aproximadamente 3 a 6 centímetros.

El registro los ubica en la zona utilizada para cambiar de dirección entre los sentidos Universidad e Indios Verdes. Algunos han sido identificados como ejemplares de Turritella, caracterizados por una concha alargada y en espiral.

La calcita que rellenó parte de sus estructuras puede hacer que algunas figuras destaquen en tonos claros frente a la roca que las contiene.

 

 

Universidad: fósiles en el andén

Otra opción se encuentra en la terminal Universidad.

En el andén con dirección a Indios Verdes se han documentado pequeños gasterópodos de aproximadamente uno a cinco centímetros, también asociados con Turritella.

A simple vista pueden parecer vetas o dibujos caprichosos de la piedra, pero al observarlos detenidamente aparece la silueta de la antigua concha.

 

 

Pino Suárez tiene fósiles mucho más grandes

Para quienes buscan ejemplares fáciles de distinguir, Pino Suárez guarda uno de los casos más llamativos del registro.

En la salida hacia la explanada del mercado se han reportado gasterópodos de alrededor de 20 centímetros, considerablemente mayores que muchos de los ejemplares localizados en otras estaciones.

Pino Suárez reúne además distintos momentos de la historia en un mismo espacio. La estación también conserva el conocido adoratorio dedicado a Ehécatl, descubierto durante las obras del Metro.

Así, en una misma estación conviven rastros geológicos de millones de años y vestigios arqueológicos del pasado prehispánico.

 

 

Jamaica también guarda restos de antiguos mares

La estación Jamaica ofrece otro ejemplo particularmente útil para entender de dónde proceden estos fósiles.

Una guía de geología urbana elaborada para Geolodía 2026 en Ciudad de México señala que en los pisos de diversas estaciones existen losas con numerosos restos de ostreídos.

La roca que los contiene es caliza formada en un ambiente marino, y las antiguas conchas pueden distinguirse por su tonalidad oscura frente a los colores más claros de la piedra.

Lo que hoy forma parte de una estación de transporte fue, en términos geológicos, material generado en ambientes completamente distintos millones de años antes de que existiera la Ciudad de México.

 

 

 

Indios Verdes, Pantitlán y El Rosario también tienen fósiles

La ruta paleontológica puede extenderse hacia diferentes puntos de la red.

En Indios Verdes se han registrado gasterópodos pequeños cerca de una salida hacia la zona de autobuses; en Pantitlán, ejemplares de aproximadamente siete centímetros cerca de una de las escaleras de salida de la Línea A; y en El Rosario, otro gasterópodo visible cerca de los torniquetes de una de las salidas.

También existen registros en Ermita, Cuatro Caminos y Flores Magón.

Esta última destaca por la presencia de rudistas, un grupo extinto de moluscos bivalvos que prosperó en antiguos mares durante el Cretácico.

 

¿Qué edad tienen los fósiles del Metro?

No existe una sola edad aplicable a cada piedra utilizada en toda la red, pero algunos de los fósiles marinos divulgados en las estaciones corresponden al Cretácico, periodo situado aproximadamente entre 145 y 66 millones de años atrás.

Eso significa que algunos de estos organismos estaban vivos cuando todavía existían dinosaurios sobre la Tierra.

Es precisamente esa diferencia temporal la que vuelve tan particular el fenómeno: una piedra extraída de una cantera en tiempos modernos puede contener estructuras biológicas decenas de millones de años más antiguas.

 

El mamut de Talismán es otra historia

Entre los fósiles del Metro hay un caso famoso que no llegó dentro de una loseta.

En 1978, mientras se construía la Línea 4 en el cruce de avenida Talismán y Congreso de la Unión, los trabajadores encontraron restos de un mamut adulto.

El equipo de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia realizó el rescate y estableció que el animal, de alrededor de cuatro metros de altura, murió hace aproximadamente 10 mil a 12 mil años.

La Cuenca de México era entonces muy diferente: lagos y zonas pantanosas formaban parte del paisaje y convivían alrededor de ellos especies actualmente extintas.

Los restos permanecen exhibidos bajo un domo en la entrada oriente de la estación Talismán desde la inauguración de la Línea 4, el 29 de agosto de 1981.

 

 

No confundas el mamut con los fósiles de las losetas

La diferencia cronológica es enorme.

Los fósiles marinos de algunas de las piedras del Metro pueden remontarse al Cretácico, decenas de millones de años atrás.

El mamut de Talismán, en cambio, pertenece al Pleistoceno y vivió hace alrededor de 10 mil a 12 mil años.

También llegaron al Metro de formas distintas.

Los fósiles marinos ya estaban dentro de las piedras utilizadas para construir las estaciones. El mamut estaba sepultado en el terreno y fue descubierto al excavar.

 

 

Las obras del Metro también descubrieron otros fósiles

Talismán no es la única evidencia de que las excavaciones para construir el transporte capitalino atravesaron zonas con restos del pasado.

El repositorio del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) conserva una fotografía de septiembre de 1969 titulada Restos fósiles en las excavaciones de la línea 2.

La imagen documenta restos encontrados durante los trabajos del Metro en la Ciudad de México.

Esto permite hablar de dos historias paleontológicas distintas dentro del mismo sistema de transporte: los fósiles encontrados al excavar el subsuelo y aquellos incorporados accidentalmente mediante materiales de construcción.

 

Un museo prehistórico que millones recorren sin darse cuenta

No hace falta entrar a una exposición para encontrarse con rastros de antiguos mares.

En el Metro, un pasajero puede caminar junto a estructuras que permanecieron encerradas en piedra durante millones de años, subir unas escaleras y continuar su trayecto sin advertirlas.

Una comunidad de aficionados ha convertido esa curiosidad en un registro colaborativo, documentando fotografías y ubicaciones de nuevos ejemplares. El resultado se parece cada vez más a una guía informal de paleontología urbana.

Quien quiera comprobarlo puede comenzar por Zapata, Coyoacán, Universidad, Pino Suárez o Jamaica.

La próxima vez que recorras alguna de estas estaciones, vale la pena bajar la mirada: entre los pasos apresurados puede aparecer la silueta de un animal que habitó el planeta millones de años antes de que existiera el Metro, la Ciudad de México o incluso nuestra especie.

 

 

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