Reducir de manera considerable el consumo de alimentos ultraprocesados podría estar relacionado con una disminución de los síntomas de depresión y ansiedad, de acuerdo con un pequeño ensayo realizado con personas diagnosticadas con depresión.
La investigación incluyó a 20 adultos y comparó lo que ocurría cuando mantenían su alimentación habitual frente a un periodo en el que disminuyeron drásticamente los ultraprocesados. Diecinueve participantes completaron el estudio.
Los resultados son alentadores, aunque los propios investigadores advierten que se trata de un ensayo piloto y que todavía no permite concluir que cambiar la dieta, por sí solo, sea un tratamiento contra la depresión.
¿Qué ocurrió al reducir los alimentos ultraprocesados?
Los participantes tenían entre 18 y 80 años, contaban con un diagnóstico principal de depresión y presentaban un consumo elevado de ultraprocesados. Además, todos tenían exceso de peso y al menos una alteración metabólica, como hipertensión, diabetes, problemas relacionados con los lípidos o resistencia a la insulina.
Durante el periodo de intervención, el indicador utilizado para medir su consumo de alimentos altamente procesados pasó de un promedio de 10.10 puntos a 1.42.
Esto representó una reducción superior al 85% respecto al nivel inicial.
Al comparar los periodos de alimentación, los investigadores encontraron puntuaciones más bajas de depresión cuando los participantes seguían la dieta con pocos ultraprocesados.
En la escala PHQ-9, utilizada para evaluar síntomas depresivos, la puntuación promedio fue de 5.53 durante la etapa de bajo consumo de ultraprocesados, frente a 8.68 durante la dieta habitual.
Otra escala clínica, MADRS, mostró una diferencia aún mayor: el promedio fue de 8.05 durante la intervención y de 18.9 con la alimentación habitual.
También observaron cambios en la ansiedad
El comportamiento fue similar al evaluar la ansiedad.
En la escala GAD-7, los participantes registraron un promedio de 4.63 puntos durante el periodo con pocos ultraprocesados, mientras que durante su dieta habitual la puntuación fue de 7.37.
El estudio también utilizó otra herramienta para medir depresión, conocida como QIDS. En ella, los resultados fueron de 5.21 puntos con la dieta baja en ultraprocesados frente a 8.89 con la alimentación regular.
Los investigadores consideran que estas diferencias justifican estudiar con mayor profundidad si modificar la alimentación puede convertirse en una herramienta complementaria para personas con depresión.

¿Qué alimentos se consideran ultraprocesados?
Dentro de esta categoría suelen encontrarse productos elaborados principalmente con ingredientes refinados, azúcares añadidos, grasas, almidones y diversos aditivos utilizados para mejorar sabor, textura, apariencia o duración.
Entre los ejemplos habituales están:
- Productos de panadería empaquetados
- Cereales azucarados
- Comidas listas para consumir o calentar
- Carnes y embutidos altamente procesados
- Productos con numerosos colorantes, saborizantes, emulsionantes o estabilizantes
Su facilidad de consumo, precio y sabor también pueden hacer especialmente complicado disminuirlos de forma drástica en la alimentación cotidiana.

El estudio no demuestra que la dieta cure la depresión
Este punto es clave. La investigación fue diseñada principalmente para saber si una intervención de este tipo era viable y aceptable, no para demostrar definitivamente que retirar ultraprocesados trate la depresión.
Además, participaron solamente 20 personas y el ensayo no fue ciego, es decir, los participantes sabían qué tipo de alimentación estaban siguiendo.
Los científicos tampoco utilizaron una medida objetiva independiente para comprobar el consumo de ultraprocesados, sino información proporcionada por los propios participantes.
Por ello, las mejoras observadas son consideradas resultados preliminares que deberán comprobarse en estudios más amplios.
Todavía no se sabe qué componente podría explicar el efecto
Una de las preguntas abiertas es por qué una dieta con menos ultraprocesados podría relacionarse con un mejor estado de ánimo.
Los investigadores plantean varias posibilidades para estudiar: cambios en la cantidad de azúcar o grasas ingeridas, diferencias en el consumo total de calorías o la exposición a aditivos y sustancias generadas durante el procesamiento.
También se ha estudiado la posible relación entre la alimentación, la inflamación y el llamado eje intestino-cerebro.
Sin embargo, el trabajo publicado no establece un mecanismo directo que explique que los ultraprocesados provoquen depresión.
Cambiar la alimentación no sustituye la atención médica
Durante el ensayo, a los participantes se les pidió no modificar sus medicamentos, terapia, ejercicio ni horas de sueño, precisamente para reducir otros cambios que pudieran alterar los resultados.
Por esa razón, los hallazgos no respaldan abandonar tratamientos médicos o psicológicos para sustituirlos únicamente por modificaciones en la dieta.
La investigación abre, más bien, la posibilidad de estudiar la alimentación como una herramienta adicional dentro del manejo integral de la salud mental.
El siguiente paso será realizar ensayos con más participantes, procedimientos ciegos y mejores métodos para medir de forma objetiva el consumo de ultraprocesados.
*BC









