Veinticinco años después de que Al Qaeda convirtió cuatro aviones comerciales en armas y mató a 2,977 personas, el 11 de septiembre de 2001 continúa produciendo hallazgos. La historia esencial del atentado está ampliamente reconstruida, pero en 2026 nuevas piezas han vuelto a abrir capítulos sobre el aire tóxico de Nueva York, las enfermedades de los rescatistas, la identificación de víctimas y las consecuencias para quienes eran niños cuando ocurrió el ataque.
La novedad más grande llegó apenas esta semana. Nueva York hizo públicas más de 170 mil páginas de documentos municipales sobre la respuesta posterior al derrumbe del World Trade Center, la calidad del aire y los riesgos sanitarios. Los archivos incluyen el llamado Harding Memo, documentación sobre el edificio WTC 7 y las denominadas “68 cajas”, expedientes que no habían sido localizados hasta 2025 pese a solicitudes previas de información.
El día que cambió a Estados Unidos en menos de dos horas
La mañana del 11 de septiembre de 2001, 19 integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. A las 8:46 horas, el vuelo 11 de American Airlines impactó la Torre Norte del World Trade Center. A las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines golpeó la Torre Sur. Después, el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono.
El cuarto avión, el vuelo 93 de United Airlines, no alcanzó Washington. Pasajeros y tripulantes reaccionaron después de conocer por llamadas telefónicas lo que había ocurrido en Nueva York y enfrentaron a los secuestradores. La aeronave terminó estrellándose en un campo de Pensilvania.

Las Torres Gemelas terminaron derrumbándose tras los impactos y los incendios. En total murieron 2,753 personas en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 pasajeros y tripulantes del vuelo 93, sin contar a los 19 atacantes. Las víctimas procedían de más de 90 países.

El FBI respondió con PENTTBOM, la investigación más grande en la historia de la agencia. Más de la mitad de sus agentes llegó a participar en el caso durante su punto máximo; se siguieron más de 500 mil pistas, se realizaron más de 167 mil entrevistas y se procesaron alrededor de 150 mil piezas de evidencia. El expediente continúa técnicamente abierto.
Estados Unidos tenía advertencias, pero no logró conectar las señales
Uno de los hallazgos más duros de la Comisión del 11-S fue que las agencias estadounidenses recibieron múltiples advertencias durante los meses previos. El entonces director de la CIA, George Tenet, describió el verano de 2001 con una frase que terminó dando nombre a uno de los capítulos de la investigación: “The system was blinking red”, el sistema estaba parpadeando en rojo.

El 6 de agosto de 2001, el presidente George W. Bush recibió un informe titulado Bin Ladin Determined to Strike in US, que advertía del interés de Osama bin Laden por atacar territorio estadounidense. Sin embargo, la Comisión concluyó que las agencias no disponían de la fecha, los cuatro vuelos y los objetivos concretos que permitirían detener directamente la operación. El problema fue una combinación de información fragmentada, mala coordinación y una respuesta interna insuficiente frente a una amenaza que ya era considerada seria.

170 mil documentos reabren la historia del aire tóxico
La publicación de los archivos municipales en septiembre de 2026 desplaza parte de la atención desde el ataque hacia lo que ocurrió después del derrumbe. Durante años, sobrevivientes, rescatistas y organizaciones reclamaron documentos relacionados con contaminantes y decisiones oficiales sobre la calidad del aire en el Bajo Manhattan.
Los expedientes ahora disponibles buscan permitir reconstruir con mayor precisión qué información manejaban las autoridades sobre los riesgos ambientales y cómo respondieron. La ciudad también prevé utilizar ese archivo para ayudar a personas expuestas a demostrar su presencia en la zona y solicitar programas federales de salud y compensación.

El impacto sanitario ya puede medirse con cifras contundentes. Un informe del FDNY presentado este septiembre señala que 10,562 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York tienen certificada al menos una enfermedad física relacionada con el 11-S, mientras 4,496 cuentan con alguna condición de salud mental certificada. Además, 4,257 miembros tienen certificación por cáncer dentro del programa de salud del World Trade Center.
Este 2 de septiembre, el FDNY añadió 36 nombres más a su Memorial Wall. No murieron durante el ataque de 2001, sino posteriormente por enfermedades relacionadas con su participación en las tareas de rescate y recuperación. El homenaje muestra que el saldo humano del 11-S continúa extendiéndose un cuarto de siglo después.
El ADN sigue devolviendo nombres 25 años después
La ciencia forense también produjo en agosto de 2026 uno de los avances más importantes de los últimos años. La Oficina del Médico Forense de Nueva York identificó a una víctima que permanecía sin nombre utilizando por primera vez en el caso del World Trade Center la genealogía genética forense investigativa, conocida como FIGG.
La técnica combina perfiles genéticos con investigación genealógica para encontrar relaciones familiares cuando las comparaciones tradicionales de ADN no ofrecen resultados suficientes. Su incorporación abre nuevas posibilidades para los restos que todavía no han podido vincularse con una víctima específica.
El avance tiene una dimensión especialmente humana: 25 años después todavía existen familias esperando una identificación definitiva, y cada mejora tecnológica permite volver a examinar evidencia recuperada en Ground Zero.
Los niños del 11-S ya son adultos y ahora serán estudiados
Otro frente apenas comienza. El CDC anunció en agosto la creación de un nuevo centro de investigación para estudiar los efectos a largo plazo entre personas que tenían 21 años o menos cuando estuvieron expuestas al desastre, así como quienes estaban en gestación en aquel momento.
Más de 1,500 publicaciones científicas han estudiado hasta ahora los efectos sanitarios relacionados con la exposición al World Trade Center, pero sólo una pequeña fracción se ha concentrado en quienes eran niños, adolescentes o jóvenes. El nuevo programa analizará áreas como desarrollo pulmonar, salud reproductiva, salud mental, metabolismo, enfermedades cardiovasculares y cáncer, sin asumir de antemano que cada padecimiento haya sido causado por el 11-S.

¿El acero debía derretirse para que cayeran las Torres Gemelas?
Uno de los mitos más persistentes afirma que, como el combustible de avión no alcanza la temperatura necesaria para fundir acero, los edificios no pudieron derrumbarse como resultado de los impactos y los incendios.
La investigación del National Institute of Standards and Technology (NIST) nunca sostuvo que el acero se derritiera. Su conclusión es que los impactos dañaron columnas, desprendieron protección contra incendios y permitieron que fuegos intensos calentaran los elementos estructurales. El acero puede perder gran parte de su resistencia mucho antes de alcanzar su punto de fusión.
¿El WTC 7 fue una demolición controlada?
El World Trade Center 7 alimentó numerosas teorías porque ningún avión lo impactó y, aun así, se derrumbó la tarde del 11 de septiembre.
NIST concluyó que el edificio sufrió incendios sin control durante casi siete horas después de que escombros de la Torre Norte iniciaran fuegos en distintos pisos. El calor provocó expansión térmica de vigas y elementos estructurales hasta desencadenar la falla de una columna crítica y un colapso progresivo. La investigación evaluó hipótesis alternativas y no encontró evidencia que sustentara una demolición mediante explosivos.
¿El gobierno sabía exactamente qué ocurriría?
Las advertencias previas son reales y están documentadas, pero afirmar que Washington conocía de antemano todo el plan y decidió permitirlo va más allá de lo que establecieron las investigaciones oficiales.
La Comisión del 11-S encontró fallas graves de inteligencia y coordinación y dejó claro que la amenaza de Al Qaeda había sido subestimada dentro de Estados Unidos. Sin embargo, diferenció esas fallas de poseer información operativa completa sobre los vuelos, la fecha y los blancos del atentado.
A 25 años, el 11-S ya no es sólo una historia sobre las imágenes de aviones entrando en las Torres Gemelas. Los nuevos archivos, la genética forense y las investigaciones médicas muestran que todavía existen capítulos capaces de cambiar lo que sabemos sobre sus consecuencias.
La autoría y la mecánica central de los atentados están ampliamente documentadas. Lo que continúa evolucionando es otra historia: cuánto daño dejó el polvo, qué decisiones se tomaron después del ataque, cuántas enfermedades seguirán apareciendo y hasta dónde podrá llegar la ciencia para devolver un nombre a cada víctima.
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