La Cofepris sostuvo que no existe evidencia analítica concluyente para atribuir a productos mexicanos dos brotes registrados en Estados Unidos: uno de Salmonella Javiana y otro de Cyclospora cayetanensis.
La postura mexicana no significa que las autoridades estadounidenses hayan descartado una posible relación con alimentos procedentes de México. En el caso de la salmonela, la FDA y los CDC sí encontraron elementos epidemiológicos y de trazabilidad que apuntaron a chiles jalapeños originarios de Sinaloa, aunque las pruebas realizadas durante la investigación no detectaron la bacteria y tampoco permitieron establecer cómo ocurrió la contaminación.
La diferencia está en el tipo de evidencia disponible: mientras Estados Unidos mantiene una asociación epidemiológica con determinados productos y cadenas de suministro, México sostiene que hace falta una prueba analítica directa que confirme esa relación.
Brote de salmonela dejó 488 enfermos en Estados Unidos
La investigación estadounidense sobre Salmonella Javiana fue cerrada el 2 de octubre de 2026 con un balance de 488 personas enfermas en 34 estados.
De ese total, 65 pacientes fueron hospitalizados y no se reportaron fallecimientos.
Los casos comenzaron a registrarse desde junio y se extendieron hasta finales de agosto.
Entre las personas entrevistadas durante la investigación, una proporción elevada informó haber comido previamente en restaurantes de estilo mexicano, incluidos establecimientos donde se utilizaron ingredientes similares.
A partir de esos patrones, las autoridades sanitarias estadounidenses comenzaron a rastrear productos comunes entre los pacientes.
Jalapeños de Sinaloa quedaron bajo investigación
El rastreo de la cadena de suministro llevó a autoridades estadounidenses hacia chiles jalapeños procedentes de Sinaloa.
La investigación también identificó a un distribuidor y a un productor común dentro de la cadena revisada.
Ese hallazgo permitió considerar a los jalapeños como una posible fuente del brote, pero la investigación no logró cerrar por completo la ruta de contaminación.
Ese matiz es central.
La evidencia epidemiológica puede establecer que varias personas enfermas tuvieron contacto con un mismo alimento o proveedor, pero no necesariamente demuestra por sí sola que el microorganismo estaba presente en el producto analizado.
Cofepris revisó una empacadora en Nuevo León
La investigación también llegó a México.
Desde agosto, la Cofepris y el Senasica recibieron información de las autoridades estadounidenses sobre la posible relación entre el brote y productos procedentes del país.
La trazabilidad condujo a una empacadora ubicada en Nuevo León y a productores de Sinaloa.
Las autoridades mexicanas realizaron inspecciones sanitarias, revisaron documentación y tomaron muestras de materia prima y producto terminado.
En total fueron analizadas 10 muestras.
Los resultados fueron negativos para Salmonella spp., por lo que Cofepris informó que no encontró Salmonella Javiana en los productos revisados.

FDA tampoco encontró salmonela en muestras ambientales
Las inspecciones efectuadas por autoridades estadounidenses tampoco produjeron una prueba directa de contaminación.
La FDA revisó registros y operaciones vinculadas con uno de los distribuidores identificados mediante el rastreo.
Durante esa inspección no había jalapeños disponibles para tomar muestras del producto.
Las muestras ambientales recolectadas fueron negativas para Salmonella.
Al concluir la investigación, la propia agencia estadounidense reconoció que no pudo determinar de manera específica cómo o dónde ocurrió la contaminación.
Esto no eliminó la asociación epidemiológica establecida durante el brote, pero sí dejó abierta la discusión sobre el origen exacto.
Cofepris pide evidencia científica concluyente
Frente a esos resultados, Cofepris ha insistido en que no debe atribuirse el origen de los brotes a productos mexicanos sin una evidencia analítica sólida.
La autoridad sanitaria mexicana sostiene que las conclusiones deben sustentarse en pruebas que permitan demostrar directamente la presencia del microorganismo en el producto involucrado.
En el caso investigado, las muestras tomadas en México fueron negativas y las pruebas ambientales realizadas durante las inspecciones estadounidenses tampoco confirmaron la presencia de Salmonella.
Por ello, la posición mexicana se centra en distinguir entre una relación epidemiológica probable y una confirmación de laboratorio.
Cyclospora abre un segundo frente sanitario
El otro caso mencionado por Cofepris involucra a Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico capaz de provocar una infección intestinal conocida como ciclosporiasis.
Entre sus principales síntomas se encuentran diarrea acuosa prolongada, dolor abdominal, pérdida del apetito, náuseas y cansancio.
Algunas coberturas han empleado la expresión “diarrea explosiva” para describir los cuadros asociados, aunque no se trata de un término médico utilizado para denominar la enfermedad.
La discusión con las autoridades estadounidenses también se ha concentrado en determinar si alimentos mexicanos estuvieron relacionados con los contagios.
Lechugas mexicanas también fueron investigadas
Desde julio, México había cuestionado una posible atribución de casos de Cyclospora a lechugas de origen mexicano.
Cofepris informó entonces que análisis realizados por autoridades de ambos países no habían detectado el parásito en las muestras de lechuga examinadas.
La posible relación con el brote se sustentaba principalmente en entrevistas a pacientes, patrones de consumo y análisis epidemiológicos.
México respondió con una investigación conjunta en la que participaron Cofepris, autoridades epidemiológicas y Senasica.
Los trabajos incluyeron revisión de trazabilidad, inspecciones sanitarias y análisis de cadenas de suministro.
Epidemiología y laboratorio no responden la misma pregunta
La diferencia entre ambos tipos de investigación ayuda a entender la controversia.
La evidencia epidemiológica permite detectar coincidencias entre pacientes, alimentos consumidos, restaurantes, distribuidores y proveedores.
Una prueba analítica, en cambio, busca encontrar directamente al microorganismo en un alimento, superficie o muestra ambiental.
En un brote alimentario, ambas herramientas pueden aportar información distinta.
En el caso de Salmonella, la investigación estadounidense encontró coincidencias suficientes para mantener a los jalapeños dentro de la hipótesis principal, pero las pruebas posteriores no detectaron la bacteria y tampoco establecieron la ruta exacta de contaminación.
En el caso de Cyclospora, México también sostiene que las asociaciones epidemiológicas no han estado acompañadas por una prueba positiva en los productos analizados.
La investigación deja una conclusión abierta
Los datos disponibles no permiten afirmar que Estados Unidos haya descartado por completo una relación con productos mexicanos.
Tampoco permiten sostener que exista una prueba de laboratorio definitiva que responsabilice a esos productos.
La investigación sobre Salmonella terminó con 488 casos, una cadena de suministro identificada y una asociación epidemiológica con jalapeños procedentes de Sinaloa, pero sin una muestra positiva que permitiera establecer cómo ocurrió la contaminación.
En ese punto se concentra la postura de Cofepris: exigir que cualquier señalamiento sobre el origen de los brotes se apoye en evidencia científica verificable y no únicamente en relaciones estadísticas o de trazabilidad.
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