A raíz del reciente movimiento telúrico registrado en territorio colombiano, diversas publicaciones e interpretaciones en redes sociales atribuidas a análisis geofísicos extranjeros han comenzado a difundir advertencias sobre un supuesto sismo de gran magnitud inminente para la Ciudad de México.
El fenómeno mediático ha generado alarma entre la población del valle de México, abriendo nuevamente el debate sobre la posibilidad de predecir movimientos telúricos y la relación entre eventos sísmicos distantes a lo largo del continente.
Sin embargo, organismos científicos de prestigio internacional como el Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la UNAM y el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) han insistido de manera reiterada en que ninguna tecnología ni metodología científica actual permite predecir la fecha, hora, lugar o magnitud de un terremoto.
Las alertas que circulan en plataformas digitales carecen de sustento técnico y responden habitualmente a correlaciones infundadas entre placas tectónicas independientes.
Tectónica de placas y el mito de la predicción sísmica
Aunque tanto Sudamérica como la costa del Pacífico mexicano forman parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, las estructuras geológicas responsables de los sismos en Colombia y en el centro de México corresponden a subsistemas tectónicos distintos.
Mientras que en Sudamérica interactúan la placa de Nazca y la placa Sudamericana, los sismos que afectan a la Ciudad de México se originan principalmente por la subducción de las placas de Cocos y de Rivera bajo la placa Norteamericana.
Los sismólogos enfatizan que un terremoto en un extremo del continente no desencadena reacciones en cadena en fallas alejadas por miles de kilómetros.
La mejor herramienta contra el riesgo sísmico sigue siendo la prevención activa, la revisión estructural de inmuebles y el seguimiento estricto de las alertas emitidas por el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX).
Las autoridades de Protección Civil exhortaron a la ciudadanía a evitar la difusión de rumores o "alertas tempranas" no oficiales que carezcan de respaldo por parte de instituciones académicas y gubernamentales del país.









