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Examen de admisión en línea de la UNAM: hardware, el punto ciego


Un divisor físico puede sacar la evaluación del espacio vigilado y separar al aspirante visible de la persona que realmente controla las respuestas
Por Redacción | 31 Julio, 2026
Nacional

Exámenes en línea: la cámara no prueba quién responde

 

El aspirante aparece solo frente a la cámara. Mantiene el rostro visible, mira hacia la pantalla y permanece sentado durante la evaluación. El navegador seguro no registra programas de mensajería, conexiones remotas ni una segunda pantalla. Para el sistema, la aplicación transcurre con normalidad.

Sin embargo, ese escenario aparentemente controlado no demuestra necesariamente que la persona observada por la cámara sea quien produce las respuestas. Una vulnerabilidad física puede surgir cuando la señal de video se distribuye mediante hardware después de salir de la computadora y llega a otro espacio, donde una segunda persona observa la evaluación y controla los periféricos mientras el aspirante simula contestar.

La conducta constituiría un fraude y una violación grave de las reglas universitarias. La pregunta central es si los mecanismos utilizados por las instituciones pueden detectar esa separación entre presencia y autoría, y distinguir a quien realmente responde de quien solo permanece frente a la cámara.

La revisión cobró especial relevancia después de que el examen de admisión en línea de la UNAM quedó bajo cuestionamiento por posibles irregularidades, ayuda de terceros y resultados atípicos. La controversia llevó a revisar aplicaciones, suspender temporalmente algunos trámites y recurrir a evaluaciones presenciales de control para determinados aspirantes. Más allá de ese proceso particular, el caso abrió una pregunta que alcanza a todas las instituciones que trasladan sus evaluaciones a espacios privados: qué tan capaces son sus controles de demostrar que quien aparece frente a la cámara es también quien responde el examen.


Los controles vigilan la computadora y el entorno

Los exámenes de admisión desde casa no dependen de una sola barrera. Instituciones como la UNAM, el IPN y la UAM combinan identificación, navegadores restringidos, cámaras, micrófonos, pruebas técnicas y supervisión del espacio.

El instructivo oficial del examen UNAM-IPN establece el uso de una computadora con cámara y micrófono, conexión estable y LockDown Browser. El navegador impide conectarse a otra pantalla, ingresar a páginas web, utilizar programas adicionales o grabar video. El proceso también incluye una prueba práctica y un simulador antes de la aplicación real.

La UAM utiliza Safe Exam Browser en la computadora y una videoconferencia desde un teléfono. Antes de iniciar, el aspirante debe mostrar el espacio completo y lo que tiene sobre el escritorio. Después coloca la cámara a un costado para que la supervisión observe el rostro, las dos manos, el teclado y la pantalla. La institución también prohíbe programas de transmisión, sesiones remotas, administración a distancia y periféricos adicionales.

Ceneval también dispone de un navegador para su modalidad de examen desde casa, acompañado de verificaciones técnicas, autenticación y reglas sobre el equipo y el espacio de aplicación. Estos controles buscan cerrar el entorno digital, confirmar la identidad y advertir conductas incompatibles con una evaluación individual.

 

Medidas de seguridad comunes en los exámenes en línea

Antes de revisar la posible vulnerabilidad del divisor de video, debe reconocerse que las instituciones educativas han desarrollado controles sucesivos para proteger la identidad del aspirante, restringir la computadora y vigilar el espacio físico.

No todas aplican exactamente el mismo modelo. Algunas dependen principalmente del navegador y las alertas automatizadas; otras incorporan vigilancia humana mediante videoconferencia. En conjunto, las medidas más frecuentes son:

  1. Verificación de identidad mediante fotografía, folio e identificación oficial.
  2. Cámara y micrófono activos durante toda la evaluación.
  3. Grabación del aspirante, del audio y, en algunas plataformas, de la pantalla.
  4. Revisión previa del espacio donde se realizará el examen.
  5. Obligación de permanecer solo y no interactuar con terceras personas.
  6. Uso de una sola computadora y una sola pantalla.
  7. Instalación de un navegador seguro que restringe páginas y programas.
  8. Prohibición de celulares, audífonos, libros, apuntes y materiales no autorizados.
  9. Detección o bloqueo de programas de acceso remoto, captura, grabación o transmisión.
  10. Supervisión humana o automatizada mediante alertas por voces, movimientos, ausencias o cambios de ventana.
  11. Examen de práctica o simulador para comprobar equipo, cámara, micrófono y conexión.
  12. Variación del orden de preguntas o respuestas cuando la plataforma lo permite.
  13. Límite de tiempo y registro de pausas, cierres, reingresos o desconexiones.
  14. Revisión humana de incidencias y grabaciones antes de adoptar sanciones.
  15. Cancelación por suplantación de identidad, ayuda de terceros o difusión de reactivos.

Los instructivos consultados muestran que la vigilancia puede llegar a exigir que ambas manos permanezcan visibles, que la persona no cambie de lugar y que el supervisor solicite nuevas revisiones de la habitación durante la evaluación. También prevén la cancelación cuando el aspirante recibe ayuda externa o utiliza equipos no permitidos.

Estas medidas reducen múltiples formas de fraude digital. Sin embargo, la mayoría observa lo que ocurre dentro del sistema operativo o dentro del campo de las cámaras. Allí comienza la diferencia entre controlar una sesión digital y controlar físicamente todos los dispositivos que rodean a la computadora.

 

Una pantalla lógica no siempre equivale a una pantalla física

Para exponer y desarrollar este escenario se recurrió a dos especialistas en ingeniería en computación, con experiencia en hardware y desarrollo de software, consultados por esta casa editorial. Ambos ayudaron a revisar la diferencia entre las pantallas que reconoce el sistema operativo y la distribución física que puede realizarse después de la salida de video.

Una computadora registra rutas de visualización entre una fuente gráfica y los destinos reconocidos por el sistema. La documentación de Microsoft sobre QueryDisplayConfig explica que esta función recupera información sobre las rutas posibles o activas de los dispositivos de visualización en la configuración actual de Windows.

Esa consulta puede advertir un segundo monitor conectado directamente, un escritorio extendido o una configuración de duplicación reconocida por el sistema operativo. Sin embargo, describe la topología lógica conocida por la computadora, no necesariamente todo lo que sucede con la imagen después de que abandona físicamente el puerto de video.

Un divisor o amplificador de distribución HDMI recibe una señal de origen y la envía simultáneamente a dos o más salidas. La documentación técnica de amplificadores de distribución HDMI explica que estos dispositivos distribuyen una fuente hacia varias pantallas y pueden administrar la comunicación EDID entre los equipos conectados.

La comunicación EDID permite que la fuente conozca características como la resolución admitida por la pantalla. Algunos distribuidores gestionan esa información para mantener una señal estable mientras reproducen el mismo contenido en varios destinos. Por ello, desde el punto de vista de la computadora puede mantenerse una configuración aparentemente normal, aunque el video sea replicado físicamente después de abandonar el equipo.

De esa arquitectura se desprende una posibilidad técnica: una sola ruta lógica puede alimentar más de una pantalla física. El navegador seguro podría comprobar la configuración informada por Windows, mientras un dispositivo intermedio distribuye la imagen hacia la pantalla ubicada frente al aspirante y hacia otra situada fuera del espacio vigilado. Esta conclusión es una inferencia técnica basada en el funcionamiento documentado de las rutas de visualización y los distribuidores HDMI; no significa que todos los dispositivos reaccionen de la misma manera.

Algunos divisores pueden ocasionar cambios de resolución, interrupciones, renegociaciones de señal o eventos de conexión que permitan advertir una anomalía. Otros gestionan la comunicación entre la computadora y las pantallas para mantener una salida continua. Por eso, no es correcto afirmar que el mecanismo siempre pasará inadvertido ni que cualquier divisor permitirá vulnerar una plataforma.

La cuestión que deben probar las universidades es más precisa: si su navegador identifica solamente las pantallas reportadas por el sistema operativo o también puede advertir dispositivos físicos situados después de la salida de video.

 

Una persona frente a la cámara y otra frente al examen

La duplicación del video no representa por sí sola la vulnerabilidad más grave. El riesgo central aparece cuando la señal llega a otro espacio y una segunda persona también obtiene el control efectivo de las respuestas.

En la habitación supervisada permanece el aspirante cuya fotografía e identificación fueron validadas. La cámara registra su rostro, su permanencia frente al monitor y, dependiendo del ángulo, una parte de sus brazos o manos.

En otra habitación, fuera del encuadre, una segunda persona podría observar la misma evaluación. Si los periféricos de entrada también fueran accesibles desde ese espacio mediante extensiones o dispositivos físicos, esa persona podría manejar el cursor, seleccionar opciones y avanzar entre reactivos.

Mientras tanto, el aspirante visible podría mantener la mirada hacia el monitor, simular concentración y realizar movimientos ocasionales. Para la cámara seguiría existiendo una persona correctamente identificada frente al equipo.

Desde la perspectiva del navegador, la actividad también podría parecer ordinaria:

  • una sola sesión abierta;
  • una sola pantalla reconocida;
  • un teclado conectado;
  • un ratón conectado;
  • ningún programa de acceso remoto;
  • ninguna aplicación de mensajería;
  • el aspirante identificado frente a la webcam.

El sistema registraría pulsaciones, movimientos del cursor y cambios de respuesta. Pero esos eventos digitales indican qué periférico envió la instrucción, no la identidad física de quien presionó una tecla o movió el ratón.

La cámara enfrenta el mismo límite cuando el encuadre se concentra únicamente en el rostro. Puede acreditar que el aspirante permaneció presente, pero no necesariamente que sus manos produjeron toda la actividad registrada.

 

Una persona frente a la cámara y otra frente al examen con un divisor HDMI

 

La cadena de riesgo puede resumirse así:

duplicación física de la señal → examen visible fuera del espacio supervisado → control de los periféricos por una segunda persona → aspirante que simula responder ante la cámara.

El análisis no incluye modelos específicos, longitudes de cables, distribución detallada de conexiones ni instrucciones de montaje. Lo importante es identificar el límite técnico: la presencia ante una webcam no garantiza por sí sola la autoría de las respuestas.

 

Una segunda cámara puede reducir el punto ciego

Algunas plataformas ya incorporan un segundo ángulo de vigilancia para relacionar el rostro del aspirante con la actividad de sus manos y del equipo.

La guía oficial de segunda cámara de Respondus indica que el dispositivo adicional debe permanecer estable y tener una vista clara de la pantalla, el teclado, el ratón y el rostro. La plataforma permite revisar la cámara frontal, el segundo ángulo y la grabación de pantalla.

La UAM aplica un principio semejante mediante el teléfono colocado a un costado. Su instructivo solicita que la imagen muestre la pantalla de la computadora, el teclado, ambas manos y el rostro durante el examen.

Aun así, una segunda cámara solo resulta eficaz si el ángulo permanece estable y abarca los elementos necesarios. Una toma demasiado cerrada puede mostrar las manos y ocultar las conexiones. Una toma demasiado abierta puede impedir observar si los movimientos corresponden con la escritura o con el desplazamiento del cursor.

Las revisiones aleatorias del entorno también pueden ampliar el control. Un supervisor podría solicitar que el aspirante vuelva a mostrar el escritorio, la parte posterior del equipo o los periféricos conectados. Sin embargo, cualquier medida debe proteger la privacidad y contemplar ajustes para personas con discapacidad o que utilizan tecnologías de apoyo.

Ninguna mirada desviada, pausa prolongada o movimiento corporal aislado debería convertirse automáticamente en prueba de fraude. Las alertas necesitan revisión humana, contexto y un procedimiento de aclaración antes de cancelar un resultado.

 

Examen presencial: mayor control físico, pero más logística

En una aplicación presencial, la institución controla el salón, las mesas, los accesos, los equipos y la ubicación de las personas. El aplicador puede verificar la identidad y observar directamente quién manipula la hoja, el teclado o el ratón.

Ese entorno reduce la vulnerabilidad específica de enviar una señal hacia otra habitación, porque el equipo y el espacio permanecen bajo control institucional. También disminuye la dependencia de una conexión doméstica estable, de una computadora compatible y de una habitación aislada.

La desventaja es logística. La universidad necesita sedes, personal, distribución de grupos, horarios y capacidad suficiente para recibir a miles de aspirantes. Para quienes viven lejos, acudir a una sede puede implicar traslados, gastos, tiempo y ausencias laborales o familiares.

Estudios sobre evaluaciones supervisadas en línea han identificado como ventajas de la modalidad remota la reducción de viajes y costos, la comodidad y el menor tiempo fuera del trabajo. También registran preocupaciones por la conexión, los problemas técnicos y las condiciones del espacio doméstico.

La presencialidad tampoco elimina todas las posibilidades de engaño, pero permite relacionar de manera más directa identidad, presencia y ejecución física del examen.

 

Examen en línea: mayor alcance a cambio de nuevos riesgos

La modalidad remota puede atender a aspirantes dispersos geográficamente, reducir traslados y facilitar pruebas técnicas antes del examen. También evita concentraciones masivas en una sola sede y permite utilizar infraestructura digital para distribuir y calificar evaluaciones.

Sin embargo, la universidad deja de controlar directamente la habitación, la red, los cables y los dispositivos que rodean a la computadora. El aspirante necesita un equipo compatible, cámara, micrófono, internet estable y condiciones domésticas apropiadas durante varias horas.

Los instructivos oficiales recomiendan espacios con buena iluminación, poco ruido, ausencia de otras personas, conexión estable y disponibilidad exclusiva del equipo. Esto puede convertirse en una desventaja para quienes comparten habitación, computadora o servicio de internet.

La diferencia puede resumirse así: el examen presencial ofrece mayor control físico, pero exige más recursos y traslados; el examen en línea amplía el alcance, pero debe demostrar que la vigilancia digital también acredita quién produjo las respuestas.

 

Lo que las universidades deben garantizar para mantener el examen en línea

Las instituciones explican cómo bloquean programas, verifican identidades y mantienen activa la cámara. Sin embargo, para cerrar la brecha física necesitan demostrar que sus plataformas no solo vigilan lo que ocurre dentro del sistema operativo, sino que también cuentan con mecanismos capaces de relacionar la identidad del aspirante, sus movimientos y la actividad registrada por el equipo.

Para ello, deben someter sus procesos a pruebas técnicas que permitan determinar:

  • si revisan únicamente las pantallas reportadas por el sistema operativo;
  • si pueden advertir distribuidores físicos de señal;
  • cómo relacionan la actividad del teclado y el ratón con las manos del aspirante;
  • si mantienen un segundo ángulo de cámara durante toda la sesión;
  • si realizan inspecciones aleatorias de conexiones y periféricos;
  • qué persona revisa las alertas generadas por el sistema;
  • qué evidencia consideran suficiente antes de cancelar un examen;
  • qué mecanismo de aclaración o apelación ofrecen;
  • cuándo ordenan una comprobación presencial.

Vigilar una computadora no equivale a controlar todo el entorno físico que la rodea. Confirmar quién permanece frente a la cámara tampoco demuestra automáticamente que esa persona fue quien eligió cada respuesta. Por ello, las universidades deben informar con claridad qué pueden detectar realmente sus plataformas, cuáles son sus límites y qué controles compensatorios utilizan cuando la tecnología no permite acreditar plenamente la autoría.

Si después de afinar los candados, realizar auditorías independientes y probar sus sistemas frente a vulnerabilidades de hardware las instituciones reconocen honestamente que no pueden garantizar con un nivel suficiente de certeza quién respondió el examen, la decisión responsable sería regresar a las evaluaciones presenciales. La comodidad y el alcance de la modalidad remota no pueden imponerse sobre la certeza de un proceso que define el ingreso de miles de aspirantes y que debe ofrecer condiciones iguales, resultados confiables y una competencia auténtica.

 

Este análisis no es una explicación para cometer fraudes

La descripción de esta vulnerabilidad tiene como finalidad que las universidades la sometan a pruebas técnicas, corrijan sus puntos ciegos y extremen precauciones antes de utilizar una evaluación remota para decidir el ingreso de miles de aspirantes.

No se proporcionan instrucciones de montaje, configuraciones reproducibles ni recomendaciones para evadir los controles. El propósito es proteger a quienes cumplen las reglas, fortalecer la integridad de los procesos de admisión y evitar que una apariencia de vigilancia se confunda con una garantía real de autoría.

 

 

*IC

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