Cuando un automóvil permanece estacionado bajo el sol durante varias horas, la temperatura del habitáculo puede superar fácilmente los 50 °C, convirtiéndose en un riesgo para la salud y dañando los materiales del interior. Sin embargo, un estudio del club automovilístico alemán ADAC reveló cuál es el método más eficaz para mantener el vehículo más fresco durante una ola de calor.
La investigación comparó diferentes sistemas de protección solar en siete vehículos idénticos expuestos a las mismas condiciones climáticas, con el objetivo de identificar cuál reduce mejor la temperatura del interior del coche.
La media funda para el coche fue la opción más efectiva
El estudio concluyó que la solución más eficiente no es el tradicional parasol interior, sino una media funda o cubierta parcial que protege el techo y todas las superficies acristaladas del vehículo.
Gracias a este sistema, el automóvil alcanzó una temperatura interior de 43 °C, mientras que el coche sin protección llegó a 53 °C, lo que representa una diferencia de 10 grados centígrados. La clave está en impedir que la radiación solar incida directamente sobre los cristales y el techo.
El parasol exterior supera ampliamente al interior
La segunda mejor alternativa fue el parasol reflectante colocado en el exterior del parabrisas.
A diferencia de los modelos que se instalan dentro del vehículo, este accesorio refleja la radiación solar antes de que atraviese el cristal, reduciendo la temperatura del habitáculo hasta 45 °C, es decir, ocho grados menos respecto a un coche completamente expuesto al sol.
En cambio, los tradicionales parasoles interiores apenas consiguieron disminuir la temperatura hasta 49 °C, ya que su eficacia depende de que cubran perfectamente todo el parabrisas.

Otros métodos también ayudan, aunque con menor eficacia
El estudio evaluó otras alternativas para combatir el calor.
Colocar un paño blanco sobre el salpicadero redujo ligeramente la temperatura del habitáculo hasta 50 °C, aunque sí protegió esa superficie del sobrecalentamiento.
Asimismo, las lunas tintadas apenas modificaron la temperatura del aire interior, pero sí lograron que los asientos traseros permanecieran hasta 9 grados más fríos que en un vehículo sin cristales oscurecidos.
Un coche puede convertirse en un horno en menos de una hora
Los investigadores comprobaron que el calentamiento ocurre con gran rapidez.
Después de 30 minutos estacionado al sol, el interior ya puede superar los 50 °C. Tras aproximadamente una hora se alcanza prácticamente la temperatura máxima y, después de unos 90 minutos, el habitáculo puede acercarse a los 60 °C, incluso cuando la temperatura exterior no es extremadamente elevada.
Además, el volante y el salpicadero pueden superar los 70 °C, temperaturas suficientes para provocar quemaduras al contacto con la piel.
El color del coche también influye
La investigación también confirmó que el color de la carrocería tiene un impacto en el calentamiento del vehículo.
Los coches de color blanco o tonos claros absorben menos radiación solar que los oscuros. Durante las pruebas, un automóvil blanco registró una temperatura interior aproximadamente cinco grados menor que otro idéntico pintado de negro. Además, la superficie exterior del coche negro alcanzó hasta 65 °C, frente a los 44 °C del vehículo blanco.

Recomendaciones para reducir el calor en el automóvil
Con base en los resultados del estudio, los especialistas recomiendan:
- Utilizar una media funda que cubra techo y cristales cuando sea posible.
- Optar por parasoles exteriores en lugar de interiores.
- Cubrir el volante y el salpicadero para evitar temperaturas extremas.
- Estacionar bajo sombra siempre que exista esa posibilidad.
- Ventilar el vehículo antes de iniciar la marcha para expulsar el aire caliente acumulado
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