El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ofreció un discurso contundente en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, donde cuestionó el poder de las grandes potencias como Estados Unidos, China y Rusia, a las que acusó de “depredar” a los países más pequeños. En un contexto global marcado por conflictos y tensiones geopolíticas, el mandatario canadiense afirmó que el orden internacional basado en normas está roto y urgió a las potencias medias a unirse para no quedar subordinadas.
Carney alerta sobre el avance sin freno de las grandes potencias
Desde Davos, Mark Carney sostuvo que el mundo atraviesa “la ruptura del orden mundial” y que las grandes potencias actúan sin límites para beneficiar sus propios intereses. Según explicó, una sucesión de crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas erosionó el sistema institucional que promovía la cooperación internacional.
“Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, advirtió el primer ministro canadiense, al describir cómo las potencias dominantes imponen condiciones a los países más débiles.
Canadá toma distancia de la hegemonía estadounidense
Aunque reconoció que Canadá se benefició históricamente de la hegemonía estadounidense, Carney afirmó que esa relación ya no ofrece garantías automáticas de prosperidad y seguridad. Aseguró que el mundo “ha dado un giro” y llamó a las potencias medias a defender un nuevo orden internacional sustentado en normas, derechos humanos y soberanía.
Para Carney, el antiguo sistema se sostenía parcialmente sobre una “ficción útil”, en la que las reglas se aplicaban de forma desigual y favorecían a los más poderosos.
El “poder de los sin poder” y el fin de la ficción
En uno de los pasajes centrales de su discurso, Mark Carney retomó el ensayo El poder de los sin poder, del disidente checo Václav Havel, para explicar cómo los sistemas injustos se mantienen porque muchos actores aceptan participar en rituales que saben falsos.
El mandatario canadiense comparó esa idea con el orden internacional actual, en el que muchos países continúan “viviendo dentro de la mentira” del beneficio mutuo, pese a que la integración económica se usa cada vez más como herramienta de coerción mediante:
Aranceles como presión política.
Uso del sistema financiero como instrumento de castigo.
Explotación de cadenas de suministro vulnerables.
Autonomía estratégica sin caer en un mundo de fortalezas
Carney reconoció que numerosos países buscan hoy mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos y defensa. Sin embargo, advirtió que un mundo de fortalezas nacionales sería más pobre, frágil y menos sostenible.
Frente a ese riesgo, propuso compartir los costos de la soberanía mediante inversiones colectivas, estándares comunes y alianzas entre potencias medias, en lugar de un repliegue aislacionista.
El nuevo enfoque de Canadá: realismo basado en valores
El primer ministro explicó que Canadá adoptó lo que definió como un “realismo basado en valores”, una estrategia que combina principios con pragmatismo. En ese marco, reafirmó el compromiso canadiense con:
La soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El respeto a los derechos humanos.
La prohibición del uso de la fuerza fuera del marco de la ONU.
Al mismo tiempo, reconoció que no todos los socios comparten esos valores y que el progreso internacional suele ser gradual.
Inversión interna y diversificación global
Carney detalló que su gobierno impulsa una profunda transformación interna para fortalecer la posición de Canadá en el mundo. Entre las principales medidas destacó:
Reducción de impuestos a ingresos y ganancias de capital.
Eliminación de barreras al comercio interprovincial.
Aceleración de un billón de dólares en inversiones en energía, inteligencia artificial y minerales críticos.
Duplicación del gasto en defensa hacia 2030.
En el plano internacional, Canadá firmó acuerdos comerciales y de seguridad en varios continentes y consolidó alianzas estratégicas con la Unión Europea, China, Catar y países de Asia y América Latina.
OTAN, Ucrania y soberanía ártica
El primer ministro reafirmó el compromiso “inquebrantable” de Canadá con el Artículo 5 de la OTAN y con la seguridad colectiva. Subrayó el apoyo canadiense a Ucrania y defendió la soberanía de Groenlandia, respaldando el derecho de sus habitantes y de Dinamarca a decidir su futuro.
En el Ártico, aseguró que Canadá fortalecerá su presencia junto a sus aliados para proteger los flancos norte y oeste de la Alianza Atlántica.
Un llamado a las potencias medias
En la parte final de su discurso, Mark Carney sostuvo que las potencias medias enfrentan una decisión clave: competir entre sí por el favor de los hegemones o unirse para construir un tercer camino basado en cooperación genuina.
“El viejo orden no va a volver. La nostalgia no es una estrategia”, afirmó, al insistir en que Canadá está dispuesto a liderar un esfuerzo conjunto para construir un sistema más justo, fuerte y honesto.
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