La Zona Arqueológica de Tula, en Hidalgo, es uno de los destinos más fascinantes para comprender el México prehispánico. Aquí el asombro surge al encontrarse frente a cuatro guerreros de piedra que dominan el horizonte y al recorrer los espacios donde una antigua capital organizó su poder, sus rituales y su vida cotidiana.
La antigua Tollan-Xicocotitlan permite viajar a una época decisiva entre Teotihuacan y los mexicas. Desde Puebla, es una escapada histórica ideal para un día completo.
El origen de Tula y el nacimiento de la capital tolteca
El nombre Tula proviene del náhuatl y significa “lugar de tules o juncos”. Tollan también adquirió el sentido de ciudad o metrópoli. Su historia comenzó mucho antes de que los célebres Atlantes ocuparan la cima del templo.
Las primeras ocupaciones de la región se relacionan con el declive de Teotihuacan. Hacia mediados del siglo VII se desarrolló Tula Chico, el primer núcleo urbano importante, donde aparecieron expresiones tempranas del culto a Quetzalcóatl y su relación con Venus. Durante el Posclásico Temprano, el centro del poder se trasladó a Tula Grande, que alcanzó su mayor esplendor aproximadamente entre los años 900 y 1150 d. C.
La ciudad reunió comunidades de distintos orígenes y articuló redes de intercambio de obsidiana, cerámica y bienes de prestigio como la turquesa.
En su apogeo alcanzó aproximadamente 16 a 18 kilómetros cuadrados. El recinto ceremonial era apenas el corazón de una ciudad con barrios, viviendas, talleres y áreas agrícolas.

¿Por qué es tan famosa la Zona Arqueológica de Tula?
Su poder político y cultural hizo que los mexicas la recordaran como símbolo de prestigio y legitimidad.
Los relatos sobre Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl mezclan historia y mito. La tradición habla de un gobernante-sacerdote y de su posterior partida, una narración que los especialistas distinguen de los hechos demostrables arqueológicamente.
Sus semejanzas con Chichén Itzá, en Yucatán, muestran conexiones culturales de gran alcance, aunque no prueban por sí solas una conquista tolteca de la ciudad maya.
Los Atlantes: cuatro guerreros que sostuvieron un templo
Los cuatro Atlantes de Tula se encuentran sobre la Pirámide B, asociada con Tlahuizcalpantecuhtli, manifestación de Quetzalcóatl vinculada con la estrella de la mañana. Cada escultura mide alrededor de 4.60 metros y pesa aproximadamente 8.5 toneladas. Fueron talladas en basalto y ensambladas mediante grandes secciones de piedra.
Su función no era únicamente ornamental: formaban parte de la arquitectura del templo y sostenían su techumbre. Representan guerreros con tocados, pectorales en forma de mariposa, lanzadardos o átlatl, flechas y cuchillos de obsidiana.
Desde la plaza, su presencia permite imaginar la escala del edificio ceremonial que alguna vez coronaron.

Qué descubrir durante el recorrido arqueológico
El Palacio Quemado, también llamado Palacio de las Columnas, conserva tres grandes salas, bases de columnas, patios y restos de banquetas decoradas. Las evidencias de incendio explican su nombre, aunque su función se relaciona más con actividades públicas, administrativas o ceremoniales que con una residencia ordinaria.
El Chac Mool, figura reclinada que sostiene un recipiente sobre el vientre, se relaciona con la presentación de ofrendas.
Otro punto indispensable es el Coatepantli o
, cuyos relieves muestran serpientes vinculadas con figuras humanas y motivos geométricos. Los restos de pigmento recuerdan que la arquitectura tolteca también incorporaba color.
La Plaza Central, el adoratorio, la Pirámide C, el Tzompantli y los juegos de pelota completan la experiencia. Tula cuenta con dos canchas ceremoniales; una de ellas figura entre las de mayores dimensiones de Mesoamérica. El juego tenía funciones rituales y políticas.
De los primeros exploradores a los hallazgos de 2026
Las grandes exploraciones sistemáticas comenzaron en 1940. El arqueólogo Jorge R. Acosta dirigió numerosas temporadas hasta 1960 y recuperó los Atlantes, el Palacio Quemado, esculturas, ofrendas y elementos arquitectónicos enterrados durante siglos.
Las investigaciones continúan. En 2023, un salvamento arqueológico en la colonia El Salitre localizó una unidad residencial tolteca fechada entre 900 y 1150 d. C., cercana a una antigua ciénega.
En marzo de 2026, las excavaciones relacionadas con el proyecto ferroviario México-Querétaro permitieron identificar un altar con ofrendas de la fase Tollan. En mayo, otro sector de Tula de Allende reveló enterramientos de época teotihuacana, fechados aproximadamente entre 225 y 550-600 d. C., que documentan la ocupación anterior al auge tolteca.
El 29 de junio de 2026 se anunció otro descubrimiento: una estructura de élite que habría ocupado 40 por 80 metros, junto con dos lápidas decoradas procedentes de la Pirámide B. Los relieves representan un felino y al dios Tlahuizcalpantecuhtli.

Museo Jorge R. Acosta: las piezas que explican la ciudad
El Museo de Sitio Jorge R. Acosta es el complemento ideal del recorrido. Sus salas presentan el origen, desarrollo y decadencia de Tollan-Xicocotitlan mediante cerámica, esculturas, ofrendas y objetos que permiten acercarse a la vida cotidiana de sus habitantes.
El museo abrió con nuevas instalaciones en noviembre de 1982. En 2026 también ha presentado investigaciones sobre el juego de pelota y su significado ritual.



Horarios, precios y recomendaciones para visitar Tula
La ficha vigente del INAH señala que la zona arqueológica abre de lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:30 horas. La entrada cuesta 105 pesos para visitantes nacionales y extranjeros residentes en México, y 210 pesos para visitantes extranjeros. El museo de sitio está incluido en el boleto.
Los domingos la entrada es gratuita para mexicanos y extranjeros residentes que acrediten su condición. También hay exenciones para menores de 13 años, estudiantes, profesores y adultos mayores, con la documentación correspondiente.
Hay estacionamiento, sanitarios, módulo de información y visitas guiadas. Destina entre dos y tres horas al recorrido, más el tiempo para el museo. Lleva calzado cómodo, sombrero, protector solar y agua. Respeta los senderos, evita tocar relieves y no introduzcas alimentos ni mascotas.

Cómo llegar a Tula desde Puebla, Ciudad de México y Pachuca
Desde Puebla en automóvil: toma la autopista México-Puebla, incorpórate al Arco Norte y continúa hacia la salida que conecta con Tula de Allende. El trayecto ronda los 190 kilómetros y puede realizarse en aproximadamente dos horas y media, dependiendo del tránsito. Considera peajes y utiliza navegación actualizada.
Desde Puebla en autobús: una alternativa es viajar de la CAPU a la Terminal Central del Norte de la Ciudad de México y transbordar a un servicio con destino a Tula de Allende. El recorrido suele requerir cuatro a cinco horas, según las conexiones. Desde la terminal de Tula se puede tomar taxi o transporte local.
Desde Ciudad de México: en automóvil se toma la carretera federal 57 rumbo a Querétaro y, aproximadamente en el kilómetro 77, la desviación hacia Tula de Allende. También hay autobuses directos desde la Terminal Central del Norte, con recorridos cercanos a una hora y cuarenta minutos.
Desde Pachuca: utiliza la conexión hacia el Arco Norte en dirección a Querétaro y continúa por la salida de Tula. Desde el centro de Tula de Allende hay transporte colectivo hacia la zona arqueológica en las rutas que se dirigen a Actopan, Iturbe o Santa Ana, además de taxis.
Un día entre historia tolteca y sabores de Hidalgo
Para aprovechar el viaje, sal temprano y dedica la mañana a la zona arqueológica. Comienza por el museo para reconocer las piezas y los símbolos que después encontrarás en los edificios. Continúa hacia la Plaza Central, el Palacio Quemado, el Coatepantli y la Pirámide B, reservando tiempo para contemplar y fotografiar los Atlantes.
Después, visita la Catedral de San José, antiguo conjunto conventual del siglo XVI, y recorre las plazas y espacios de artesanías del centro de Tula de Allende.

Prueba la barbacoa de borrego cocida en horno de hoyo, acompañada de consomé, o las gorditas, escamoles y chinicuiles de temporada.

Los Atlantes atraen al visitante, pero las plazas, hallazgos y barrios antiguos revelan la dimensión de una capital cuyo legado todavía forma parte de la identidad de México.
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