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¿Hacer ejercicio con dolor crónico ayuda o empeora? Qué dice la ciencia


Conoce cuándo conviene mantenerse activo, por qué el reposo no siempre ayuda y qué síntomas son una alerta
Por Angélica Romero | 16 Octubre, 2026 | 21:00 h
Vida
¿Hacer ejercicio con dolor crónico ayuda o empeora? Qué dice la ciencia

Vivir con dolor crónico puede hacer que actividades tan sencillas como caminar, subir escaleras o levantarse de una silla resulten difíciles. Ante las molestias, muchas personas prefieren descansar para evitar que el dolor aumente, pero permanecer inactivo durante periodos prolongados no siempre es la mejor opción.

La actividad física adaptada puede ayudar a reducir el dolor y mejorar la movilidad, especialmente en personas con determinadas afecciones musculoesqueléticas. Sin embargo, los beneficios dependen del diagnóstico, la intensidad del ejercicio y las condiciones de cada paciente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye los programas de ejercicio entre las intervenciones recomendadas para adultos con dolor lumbar crónico primario, mientras que el Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención del Reino Unido (NICE) recomienda programas supervisados para personas con dolor crónico primario.

Esto no significa que cualquier ejercicio sea conveniente ni que deba continuarse cuando provoca un empeoramiento importante de los síntomas.

¿Por qué hacer ejercicio puede ayudar con el dolor crónico?

Se considera dolor crónico aquel que persiste o reaparece durante más de tres meses. Puede presentarse en distintas condiciones, como artritis, fibromialgia o algunos problemas de espalda, aunque cada una requiere una valoración específica.


Caminar ayuda a aliviar el dolor crónico


El ejercicio adecuado puede contribuir a mantener la fuerza muscular, mejorar la capacidad para realizar actividades cotidianas y reducir las limitaciones asociadas al dolor.

Las recomendaciones de NICE se apoyan en estudios que encontraron mejoras en el dolor y la calidad de vida de personas con dolor crónico primario que participaron en programas de ejercicio.

Por su parte, la OMS recomienda incorporar el movimiento dentro de un tratamiento integral del dolor lumbar crónico primario, junto con otras intervenciones seleccionadas de acuerdo con las necesidades del paciente.

La actividad física no elimina necesariamente la causa del dolor, pero puede ayudar a que algunas personas recuperen funcionalidad y realicen sus actividades con mayor comodidad.

¿Es mejor guardar reposo o mantenerse en movimiento?

Cuando aparece dolor, descansar puede ofrecer alivio temporal. El problema surge cuando la inactividad se prolonga y se convierte en la única forma de afrontar las molestias.

En determinadas condiciones, como el dolor lumbar persistente, mantenerse activo dentro de los límites tolerables suele ser preferible al reposo prolongado en cama.


Ejercicios para aliviar la lumbar


Esto no significa ignorar el dolor ni obligarse a realizar esfuerzos intensos.

La diferencia está en encontrar actividades compatibles con la capacidad física de cada persona. Caminar distancias cortas, realizar movimientos suaves o participar en un programa de fisioterapia pueden ser opciones útiles según el diagnóstico.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan que las personas con artritis comiencen con poca actividad y aumenten gradualmente la duración y la intensidad.

Incluso sesiones breves de movimiento pueden formar parte de una rutina cuando se adaptan a las posibilidades individuales.

¿Cuándo debes detenerte al hacer ejercicio con dolor?

Una de las dudas más frecuentes es cómo distinguir entre las molestias que pueden aparecer al comenzar una actividad y aquellas que indican que conviene interrumpirla.

Algunas personas con artritis experimentan cierta rigidez o molestias cuando comienzan una rutina nueva. Sin embargo, el dolor intenso, punzante o que empeora de manera importante no debe interpretarse como una señal de que el ejercicio está funcionando.

Los CDC recomiendan modificar la actividad y consultar con un profesional sanitario ante síntomas como:

  • Dolor agudo o punzante, especialmente si es constante.
  • Molestias que provocan cojera o dificultan caminar con normalidad.
  • Dolor que aumenta durante la noche o persiste después de terminar el ejercicio.
  • Inflamación importante, enrojecimiento o sensación de calor en una articulación.

Estas señales deben valorarse en su contexto, particularmente cuando la persona tiene una enfermedad articular diagnosticada.


El dolor podría aumentar durante la noche


En quienes presentan dolor de espalda, la aparición de pérdida de control de la vejiga o los intestinos, pérdida de sensibilidad en la zona genital o debilidad importante en ambas piernas requiere atención médica inmediata.

No son molestias que deban tratarse intentando modificar una rutina de ejercicio.

Cómo mantenerse activo sin aumentar las molestias

Para una persona con dolor persistente, comenzar con una rutina exigente puede ser menos útil que incorporar movimientos suaves y constantes.

El primer paso es elegir una actividad adecuada para su condición de salud. Caminar, utilizar bicicleta estática o realizar ejercicios acuáticos son opciones de bajo impacto que pueden resultar apropiadas para algunas personas.

También conviene comenzar con sesiones cortas, observar la respuesta del cuerpo y aumentar el esfuerzo de forma gradual.

Si una actividad provoca molestias importantes, puede ser necesario reducir su duración, disminuir la intensidad o sustituirla por otra.

La supervisión de un médico o fisioterapeuta ayuda a seleccionar ejercicios compatibles con la enfermedad y las limitaciones de cada paciente.

El ejercicio puede ayudar, pero no sustituye al tratamiento

Las recomendaciones médicas actuales reconocen que mantenerse activo puede formar parte del manejo del dolor crónico, especialmente cuando el movimiento se adapta a la condición de cada persona.

No obstante, el ejercicio no representa una cura universal ni sustituye los tratamientos que requiera una enfermedad específica.


Mantenerse activo forma parte del manejo del dolor crónico


Para algunas personas, recuperar la capacidad de caminar unos minutos, realizar tareas domésticas o moverse con menos dificultad puede ser un avance significativo.

La clave está en encontrar un equilibrio entre actividad y descanso, sin abandonar por completo el movimiento ni forzar al cuerpo cuando aparecen señales de alerta.


 

*ARD

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