Antes de la pubertad, la migraña afecta de manera relativamente similar a niños y niñas. Después algo cambia: durante la adolescencia aumenta entre las mujeres y, en la edad adulta, puede llegar a ser hasta tres veces más frecuente que entre los hombres.
La diferencia ofrece una pista importante. La migraña no es simplemente un dolor de cabeza ni una consecuencia inevitable de “tener hormonas femeninas”. Es un trastorno neurológico en el que intervienen diversos mecanismos, pero las fluctuaciones de las hormonas sexuales —en particular del estrógeno— pueden modificar la susceptibilidad a los ataques.
Eso ayuda a entender por qué el comportamiento de la enfermedad puede cambiar con la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo, la perimenopausia y la menopausia.
La pista aparece después de la pubertad
Si la diferencia entre hombres y mujeres estuviera presente desde la infancia, la explicación sería distinta. Sin embargo, la evidencia revisada en 2026 por la European Headache Federation señala que antes de la pubertad la prevalencia es semejante entre niños y niñas. Durante la adolescencia comienza a aumentar entre ellas. 
La brecha continúa durante los años reproductivos. Además de presentar migraña con mayor frecuencia, las mujeres pueden experimentar ataques más prolongados, intensos y discapacitantes que los hombres.
La Organización Mundial de la Salud también identifica las influencias hormonales como una probable explicación de la mayor frecuencia de migraña entre mujeres.
No es cuánto estrógeno hay, sino cómo cambia
Decir que “el estrógeno provoca migraña” sería demasiado simple.
Una de las claves parece estar en las oscilaciones hormonales. En algunas personas susceptibles, el descenso del estrógeno se relaciona con una mayor probabilidad de sufrir ataques, particularmente de migraña sin aura. La relación no implica que cada caída hormonal produzca necesariamente una crisis ni que explique todos los casos.
Las hormonas pueden influir en el sistema trigeminovascular, una de las vías neurológicas centrales en la migraña. Las investigaciones también estudian su interacción con el CGRP, una molécula que participa en la transmisión del dolor y que se ha convertido en blanco de tratamientos específicos contra esta enfermedad.
En otras palabras, las hormonas no convierten por sí mismas un día normal en uno de migraña. Pueden modificar la sensibilidad de mecanismos cerebrales que ya intervienen en el trastorno.
La menstruación hace visible la relación
El ciclo menstrual permite observar esa conexión con especial claridad.
Los ataques que aparecen alrededor de la menstruación pueden ser más prolongados, discapacitantes y difíciles de controlar que los que ocurren en otros momentos. La caída del estrógeno previa a la menstruación figura entre los mecanismos relacionados con esta mayor susceptibilidad.
Esto tampoco significa que toda mujer con migraña presente ataques durante su periodo. Existen pacientes con migraña menstrual y otras cuyos episodios no mantienen una relación evidente con el ciclo.
La diferencia importa porque ayuda a explicar por qué dos personas con el mismo diagnóstico pueden experimentar la enfermedad de maneras muy distintas.
Embarazo y menopausia ofrecen otras pistas
El comportamiento de la migraña a lo largo de la vida refuerza la relación hormonal.
Durante la perimenopausia, etapa caracterizada por cambios importantes en las concentraciones hormonales, algunas mujeres experimentan ataques más frecuentes, intensos o impredecibles. Una revisión publicada en 2026 identifica precisamente los cambios del estrógeno como un factor relevante en el empeoramiento de la migraña durante esa transición.
Después de la menopausia, cuando esas oscilaciones disminuyen y el estrógeno permanece en niveles bajos más estables, muchas mujeres experimentan mejoría, aunque la migraña puede continuar y el comportamiento no es igual en todas las pacientes.
El embarazo constituye otra etapa hormonal particular y también puede modificar el patrón de los ataques. Por eso, la migraña de una misma mujer no necesariamente se comporta igual a los 18, 30, 45 o 55 años.
La respuesta no está únicamente en las hormonas
A pesar de la fuerza de esta relación, la ciencia todavía no puede atribuir la diferencia entre mujeres y hombres a un solo mecanismo.
La revisión y consenso de la European Headache Federation publicada en abril de 2026 señala que el sexo influye en la evolución clínica de la migraña, probablemente mediado en buena medida por las hormonas sexuales, pero también reconoce limitaciones en la evidencia disponible. Factores genéticos, neurológicos, ambientales y psicosociales pueden intervenir en la expresión de la enfermedad.
Incluso queda mucho por conocer sobre las diferencias entre hombres y mujeres en la respuesta a los tratamientos. Una revisión de 2026 señala que el efecto del estado hormonal sobre la eficacia terapéutica continúa insuficientemente estudiado. 
La explicación más sólida, por tanto, no es que las mujeres sufran más migraña simplemente porque tienen más estrógeno. Es que sus cambios hormonales a lo largo de la vida pueden modular sistemas neurológicos relacionados con los ataques.
Ese patrón comienza a hacerse evidente con la pubertad, aparece de nuevo alrededor de la menstruación y puede modificarse durante el embarazo, la perimenopausia y la menopausia. La diferencia entre mujeres y hombres termina dibujándose, así, a lo largo de décadas.
*ARD









