La exploración espacial ha marcado un nuevo hito con la reciente difusión de una imagen del cometa interestelar 3I/ATLAS.
La fotografía no fue captada desde la Tierra, sino por la sonda Europa Clipper de la NASA, la cual, aunque fue lanzada en 2024 con el objetivo de estudiar la luna Europa en 2030, ya mantiene sus instrumentos activos en pleno trayecto hacia Júpiter.
Esta observación representa una oportunidad científica excepcional para estudiar a un visitante que no pertenece a nuestro sistema solar.
Descubierto en julio de 2025, el 3I/ATLAS se ha consolidado como uno de los hallazgos más fascinantes de la astronomía moderna.
Con una edad estimada de 7,000 millones de años, este cuerpo celeste es más antiguo que el propio Sol, habiendo vagado por el vacío cósmico durante eones antes de cruzar nuestro vecindario planetario.
La imagen captada por la NASA el pasado 6 de noviembre —cuando la nave se encontraba a 164 millones de kilómetros del objeto— fue posible gracias al espectrógrafo ultravioleta Europa-UVS.
Esta tecnología permitió analizar la "coma" o nube de gas del cometa, identificando elementos químicos invisibles para el ojo humano.
Tras su punto de mayor cercanía a la Tierra en diciembre pasado, el cometa se aleja ahora del calor solar, lo que provoca una disminución gradual de su brillo y actividad.
Sin embargo, su viaje aún reserva un capítulo crucial: en marzo de 2026, el 3I/ATLAS pasará a solo 31 millones de kilómetros de Júpiter.
Este encuentro es de vital importancia, ya que la inmensa gravedad del gigante gaseoso no solo alterará la trayectoria del cometa, sino que permitirá a misiones como JUICE y la propia Europa Clipper obtener datos de alta resolución sobre su composición y las interacciones energéticas en entornos de radiación extrema.
A partir de mayo de 2026, el cometa comenzará su despedida definitiva. Cruzará las órbitas de Saturno y Urano, convirtiéndose en un punto tenue que solo telescopios de la potencia del James Webb podrán rastrear.
Debido a su trayectoria hiperbólica y su gran velocidad, el 3I/ATLAS escapará de la gravedad solar para transformarse en un viajero eterno del espacio profundo, dejando atrás una base de datos que los científicos analizarán durante décadas para comprender los secretos de la formación de otros sistemas planetarios.














