Más del 10% de los nacimientos en España son fruto de tratamientos de reproducción asistida. Para muchas mujeres, la principal causa de infertilidad es la ausencia de óvulos funcionales, especialmente a partir de los 35 años, cuando su calidad disminuye drásticamente.
Si las técnicas para estimular la producción de óvulos propios fallan, la única alternativa es recurrir a óvulos donados, renunciando a tener descendencia con su propio ADN.
Hoy, un estudio liderado por el laboratorio de Shoukhrat Mitalipov, de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU), abre la puerta a superar esta limitación e incluso permitir que parejas homosexuales tengan descendencia con la genética de ambos.
Transformación de células adultas en gametos
Desde hace años, la ciencia explora alternativas radicales a la reproducción convencional. Una de ellas consiste en transformar células de la piel o la sangre en óvulos o espermatozoides. En ratones, estos óvulos y espermatozoides son fecundables y dan lugar a crías, pero en humanos lograrlo resulta más complejo.
Uno de los equipos pioneros, liderado por el japonés Mitinori Saitou, busca producir células reproductivas siguiendo un camino natural. Primero, reprograman células adultas con cuatro genes que las convierten en células madre pluripotentes, capaces de transformarse en cualquier tipo celular.
Luego, estas células se diferencian en células germinales primordiales y finalmente en óvulos o espermatozoides. Este resultado se ha logrado en ratones, pero aún no en humanos.

La técnica de Mitalipov y Amato
El equipo de Mitalipov y Paula Amato, en un estudio publicado en Nature Communications, propone un enfoque alternativo. En lugar de crear un óvulo desde cero, reprograman una célula de piel adulta para simular la meiosis, el proceso natural que reduce los cromosomas a la mitad, generando óvulos con 23 cromosomas. Esto asegura que, al fecundarse, el embrión tenga la combinación genética correcta.
Los investigadores aplicaron la Transferencia Nuclear de Células Somáticas (SCNT), la técnica utilizada en la clonación de la oveja Dolly en 1996. Tomaron el núcleo de una célula de piel y lo introdujeron en un óvulo donante previamente desnucleado. Para generar óvulos funcionales, indujeron un proceso llamado mitomeiosis, que permite la división celular sin duplicar previamente el ADN, descartando un par de cromosomas y haciendo viable el óvulo.
Resultados del estudio
Con este procedimiento, los científicos obtuvieron 82 ovocitos funcionales, que fueron fertilizados en laboratorio. Solo el 9% llegó a los seis días de desarrollo, la etapa en que un embrión se transferiría al útero, y luego se descartaron.
Aunque es solo una prueba de concepto, muestra que es posible crear óvulos humanos funcionales a partir de células de piel. Entre los desafíos restantes están los embriones con alteraciones cromosómicas o mosaicos, donde algunas células son normales y otras presentan trisomías.

Perspectivas y retos
Nuria Martí, primera autora del estudio, destacó que este enfoque es prometedor, pero aún queda trabajo. Se necesita entender cómo emparejar los cromosomas homólogos, forzar la recombinación y garantizar el imprinting correcto. Según Martí, podrían pasar al menos diez años antes de aplicar la técnica en estudios clínicos.
Ying Cheong, experto en medicina reproductiva, afirmó que esta investigación podría transformar la infertilidad y permitir que personas sin óvulos o esperma puedan tener hijos con su propio ADN, incluyendo parejas del mismo sexo.
Antecedentes de Mitalipov
En 2013, Mitalipov obtuvo células madre embrionarias humanas mediante SCNT, convirtiéndose en un referente mundial. Entonces reprogramó células de piel insertándolas en un óvulo desnucleado, logrando blastocistos y células madre. Su objetivo siempre fue combatir enfermedades, no clonar humanos, aclaró el científico.
Este nuevo estudio confirma el dominio de Mitalipov sobre la SCNT y abre la posibilidad de un futuro donde la reproducción asistida sea más inclusiva y personalizada, acercando la ciencia a soluciones para la infertilidad y la descendencia genética compartida en parejas diversas.

Con información de El País
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