Vivimos en una época que confunde el ruido con la vida. Las notificaciones nos exigen respuesta inmediata, la conversación pública se incendia en slogans y la calma parece un lujo inalcanzable. Sin embargo, existe una idea antigua, serena, que hoy vale la pena recuperar: la ataraxia.
Los filósofos epicúreos la entendían como la ausencia de turbación, no como indiferencia, sino como el equilibrio del ánimo frente a la incertidumbre. Imaginar un país construido bajo ese principio no es hablar de pasividad, sino de una sociedad que elige la serenidad como valor público: instituciones que actúan sin estridencia, ciudadanos que deliberan sin denostar, comunidades que privilegian la templanza sobre el estallido.
El país de la Ataraxia no sería un lugar sin conflicto, sino un lugar donde el conflicto se tramita con razón y respeto. Sería un país que protege el tiempo para pensar, que valora el silencio fértil donde nacen las mejores decisiones.
Donde la libertad no se mide por el volumen con que se grita, sino por la capacidad de detenerse, escuchar y comprender antes de actuar.
Alcanzarlo exige virtud cívica cotidiana: la moderación en el discurso, la paciencia en la justicia, la idea de que el progreso verdadero también es interior. Tal vez, si aspiramos a ello, encontremos que la política más revolucionaria es aprender a vivir sin temor, sin ira, y con ánimo sereno.
Ante la frustrante realidad que vivimos, ante tanta mala noticia, me gustaría vivir en un lugar donde sus habitantes padeciéramos o disfrutáramos de la ataraxia.
Un lugar donde la normalización de todo lo malo no exista.
Donde tampoco exista la desvergüenza, el cinismo y la mentira cotidiana.
Un país donde los habitantes no padezcan ansiedad, miedo, ira y rencor.
Un lugar donde todos hagamos lo que tenemos que hacer y nadie abuse de los demás.
2026 será el año que pase a la historia, en que los estudiantes franceses exigieron más y mejores maestros, y las familias europeas pobres salieron a demandar vivienda digna.
En México es el año en que los trabajadores del IMSS salieron a las calles a pedir aumento, insumos, más contrataciones y mejores condiciones.
El año en que el INE atraviesa gravísima crisis de credibilidad y corrupción.
El año en que gobiernos estatales y municipales están bajo sospecha de colusión con el crimen organizado.
El año en que padecimos las mayores amenazas y arrebatos de Donald Trump.
Schopenhauer veía la ataraxia como remedio a medias. La psicología moderna la ve como base del mindfulness: no es no sentir, es no dejar que lo que sientes te arrastre.
*BC


