La Copa Mundial de Fútbol FIFA 2026 aún no empieza en términos deportivos, pero en el plano estratégico ya está en marcha.
No en las canchas, sino en los mercados, en la infraestructura logística y en los circuitos financieros que sostendrán el evento. El crimen organizado en México no está reaccionando: está anticipado. Los principales grupos del país, particularmente el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, han desplegado una estrategia silenciosa pero estructurada para posicionarse dentro de la economía que generará el Mundial.
Su objetivo no es la disrupción, sino la captura. “Este no es un análisis sobre violencia visible, sino sobre infiltración económica, presión narrativa y anticipación estratégica”, señalan los investigadores Fernando Pescador y Ricardo Campos.
La edición de 2026 será histórica: 48 selecciones, tres países sede -Canadá, Estados Unidos y México- y una exposición global sin precedentes.
México, como anfitrión de 13 partidos, incluyendo el juego inaugural, en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, se prepara para recibir a más de cinco millones de visitantes internacionales, con una derrama económica que superará decenas de miles de millones de pesos.
El gobierno mexicano ha articulado un esfuerzo integral para garantizar seguridad, movilidad, coordinación internacional y proyección de estabilidad. Paralelo a este despliegue institucional, se desarrolla otro proceso menos visible pero igual de relevante: la inserción anticipada del crimen organizado en la economía del evento.
Los cárteles ya no operan únicamente como organizaciones de trasiego, sino como actores económicos sofisticados capaces de anticipar eventos macro y posicionar capital en consecuencia. En lugar de esperar la llegada masiva de turistas, los cárteles han invertido desde meses e incluso años antes en sectores clave como bienes raíces, turismo, transporte, entretenimiento y servicios.
Un rasgo distintivo de esta estrategia es la fragmentación del capital.
En lugar de realizar grandes transacciones fácilmente detectables, los recursos se distribuyen en múltiples operaciones menores, como la compra de propiedades en rangos cercanos a cinco millones de pesos cada una.
En zonas del sur de la Ciudad de México, particularmente en corredores cercanos a vialidades clave y áreas de influencia del estadio Banorte, se han documentado adquisiciones en efectivo que posteriormente se integran al mercado turístico y de hospedaje.
A primera vista, estas operaciones pueden interpretarse como inversiones legítimas ante la expectativa del Mundial. Sin embargo, en el fondo reflejan la consolidación de un sistema financiero criminal paralelo que busca capitalizar el evento. El patrón operativo, pagos en efectivo, compradores intermediarios y remodelaciones rápidas, coincide con esquemas previamente asociados al CJNG en mercados urbanos.
La UIF inicia investigaciones sobre al menos 10 empresas de transporte vinculadas a distribución de productos alimenticios en el mercado de La Nueva Viga, en Ciudad de México. Estas empresas habrían sido utilizadas para controlar cadenas de suministro de productos del mar, un nodo logístico clave para restaurantes y centros de consumo masivo. El control de este tipo de infraestructura sugiere una estrategia de posicionamiento previo al incremento de demanda turística.
Se detecta la adquisición de flotillas de vehículos por empresas recientemente constituidas en Jalisco y Nuevo León, vinculadas a servicios de renta para turismo. Registros mercantiles muestran empresas con menos de 12 meses de operación adquiriendo activos por encima de su capacidad financiera aparente. El patrón coincide con esquemas de integración del CJNG en economías de servicio.
La UIF congela 17 cuentas bancarias vinculadas a redes financieras del cártel. Aunque el monto total no fue públicamente detallado, la acción confirma la existencia de estructuras financieras activas operando dentro del sistema formal.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación autoriza el bloqueo de cuentas sin orden judicial previa en casos de sospecha de lavado de dinero. Sin embargo, especialistas consideran que la medida llega en una fase tardía del proceso, cuando gran parte del capital ya ha sido insertado mediante operaciones en efectivo.
Aumento en la oferta de boletos en reventa no oficial en plataformas digitales y redes sociales, con casos documentados de duplicación de códigos QR y fraude en preventas. Este fenómeno ha sido observado en eventos previos en México, pero presenta una escala creciente anticipando el Mundial.
Incremento en reportes de extorsión a comercios en zonas de alta afluencia turística, particularmente en corredores gastronómicos y de entretenimiento. Este patrón coincide con la lógica de “derecho de piso” aplicado en eventos de alta concentración económica.
El análisis identifica tres escenarios según nivel de riesgo y tipo de amenaza.
La violencia de alto impacto en ciudades sede se mantiene baja, ya que CDS, CJNG y grupos afines tienen incentivos para evitar disrupciones que afecten la derrama económica. El crimen organizado opera con bajo perfil, priorizando la captura de ingresos en sectores como hospedaje, transporte, entretenimiento y mercados ilícitos como apuestas, boletaje, mercancía. Predomina una estabilidad aparente con fuerte penetración económica criminal.
El riesgo proviene de protestas sociales (transportistas, sector agrícola, colectivos) que podrían coincidir con el evento. Existe la posibilidad de intervención indirecta del crimen organizado para contener o influir estas movilizaciones y evitar afectaciones económicas.
El Mundial podría ser utilizado como plataforma para infiltración, operaciones logísticas o incidentes con repercusiones internacionales. Aunque improbable, tendría efectos significativos en la operación del evento y en la percepción global de seguridad en la región.
La respuesta del Estado mexicano debe articularse en tres niveles complementarios —Seguridad Pública, Seguridad Corporativa y Seguridad Nacional— bajo una lógica preventiva y financiera.
El objetivo es proteger la economía formal que sostendrá el evento. Esto implica reforzar la supervisión en sectores clave como hotelería, transporte y plataformas digitales, particularmente en rentas de corta estancia y servicios turísticos.
Se requiere integrar capacidades entre la UIF, autoridades fiscales, sistema financiero y agencias de inteligencia, apoyadas por análisis avanzado e inteligencia artificial para detectar redes y flujos ilícitos. Es clave fortalecer la cooperación con Estados Unidos y Canadá y desplegar una estrategia de comunicación que contrarreste la desinformación y proteja la reputación internacional del país.
Un hallazgo central es la existencia de una paradoja: si los principales cárteles obtienen beneficios económicos del Mundial, su incentivo es evitar la violencia visible, especialmente en zonas de alta exposición internacional. Esto puede traducirse en menos enfrentamientos y acuerdos tácitos de no conflicto.
La probabilidad de enfrentamientos abiertos es baja, pero no nula.
Así, la paradoja se mantiene —menos violencia para mayor control económico—, pero su estabilidad depende de la disciplina criminal. Cualquier ruptura, por mínima que sea, puede tener efectos desproporcionados en la percepción internacional del Mundial.
El crimen organizado mexicano está plenamente vinculado a la Copa FIFA 2026.
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*ARD









