La mexicana Katia Itzel García escribió su nombre en la historia del futbol al convertirse en la primera árbitra central mexicana y latinoamericana en dirigir un partido de la Copa Mundial FIFA 2026. El encuentro, disputado en el Estadio Kansas City, terminó con victoria de Países Bajos 3-1 sobre Túnez, correspondiente al Grupo F.
Con este logro, García se unió a las únicas mujeres que han dirigido partidos en un Mundial varonil: Stéphanie Frappart y Tori Penso.
Autoridad y determinación en la cancha
La capitalina, estudiante de la Facultad de Derecho y egresada de Ciencia Política y Administración Pública de la UNAM, saltó al terreno de juego con rayas tricolores en su uniforme. Cada decisión que tomó reflejó autoridad, disciplina y determinación, fruto de años de preparación y empeño por hacer cumplir el reglamento. “Hay momentos de solemnidad, disfrute y goce aunque la figura del árbitro siempre tiene que guardar esta compostura al ser el juez dentro de la cancha, pero claro que disfrutamos también”, expresó García tras el partido.

Un partido sin complicaciones
El duelo se desarrolló con dominio neerlandés, lo que permitió a García mantener el control sin mayores inconvenientes.
- El único tanto de Túnez llegó al minuto 54 con un cabezazo dentro del área.
- Hubo una revisión silenciosa del VAR por una posible mano, pero la decisión inicial se mantuvo.
Trayectoria y retos personales
Katia Itzel ya había hecho historia al ser la primera mujer en dirigir un partido de liguilla en la Liga MX. Su carrera ha estado marcada por la superación de estigmas de género y por enfrentar situaciones adversas, como el ciberacoso que denunció meses atrás, con insultos hacia su desempeño en las canchas.
A pesar de ello, García se ha consolidado como referente del arbitraje mexicano y latinoamericano.

Reflexión sobre el arbitraje
La silbante destacó que, aunque la figura del árbitro debe mantener compostura, existen momentos de satisfacción que forman parte de la experiencia: “En el ámbito del arbitraje existen muchos momentos de agrado, que tal vez el silbante tiene que guardar sólo para sí mismo.”














