El desahucio de María del Carmen Abascal, una mujer de 87 años que llevaba alrededor de siete décadas viviendo en la misma casa de Madrid, volvió a colocar la vivienda en el centro del debate en España. Su caso desembocó en protestas y una acampada en la Puerta del Sol, pero el malestar que salió a las calles tiene detrás un problema mucho más amplio.
Comprar una vivienda en España costaba en el segundo trimestre de 2026 un 12.2% más que un año antes, según el Índice de Precios de Vivienda del Instituto Nacional de Estadística (INE). Los alquileres anunciados tampoco han dejado de subir: en agosto alcanzaron una media de 15.1 euros por metro cuadrado, 5.8% más en comparación anual.
Detrás de estos aumentos confluyen varios factores. En las zonas con mayor demanda se crean más hogares de los que puede absorber la vivienda disponible, mientras España mantiene un parque reducido de alquiler social. A ello se suman fenómenos que tienen distinto peso según la ciudad, como los pisos turísticos y la compra de propiedades por extranjeros.
La consecuencia se observa tanto entre quienes ya pagan una renta elevada como entre quienes ni siquiera han podido salir de casa de sus padres.
Maricarmen, el desahucio que llevó las protestas a las calles
El caso de Maricarmen ocurrió en el distrito madrileño de Retiro. A sus 87 años, llevaba cerca de siete décadas en una vivienda por la que pagaba aproximadamente 500 euros mensuales.
Su situación tenía una particularidad: se trataba de un contrato antiguo que había pasado por una subrogación. Tras un cambio de propietario surgió el conflicto sobre la continuidad del alquiler.
La nueva propiedad planteó inicialmente una renta de 2,650 euros mensuales, que después se redujo a 1,650 euros. Las diferencias acabaron en un procedimiento judicial y varios intentos de desahucio.
El caso llegó también al Ministerio de Vivienda y al Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, que había pedido detener el procedimiento o garantizar una alternativa habitacional adecuada.
Finalmente se produjo el desalojo y las movilizaciones posteriores trasladaron el conflicto hasta la Puerta del Sol de Madrid, donde manifestantes instalaron una acampada.
El episodio se convirtió en un punto de encuentro para organizaciones que llevaban tiempo denunciando el incremento de las rentas y las dificultades para acceder a una vivienda.

Comprar vivienda en España se encareció 12.2%
Los datos nacionales ayudan a explicar por qué un caso particular consiguió conectar con un problema más amplio.
El precio de la vivienda aumentó 12.2% durante el segundo trimestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, de acuerdo con el INE.
No todos los segmentos se comportaron igual.
La vivienda usada aumentó 12.9%, mientras que la nueva registró un incremento anual de 7.4%.
Frente al trimestre anterior, los precios avanzaron 3.4%.
Las cifras muestran que la presión no está concentrada únicamente en propiedades nuevas o en determinados proyectos inmobiliarios. La vivienda de segunda mano, que representa una parte importante de las operaciones, registra incluso un crecimiento mayor.
Los alquileres también continúan al alza
Quienes no pueden o no quieren comprar tampoco quedan fuera del encarecimiento.
Durante agosto de 2026, el precio medio anunciado para alquilar una vivienda llegó a 15.1 euros por metro cuadrado, lo que representó un crecimiento interanual de 5.8%, según datos del mercado inmobiliario.
La cifra corresponde a los precios solicitados en los anuncios y no significa que todos los contratos vigentes hayan aumentado en esa proporción.
Otro indicador permite dimensionar el esfuerzo que ya realizan muchos hogares. En 2024, 28.1% de las personas que alquilaban a precio de mercado destinaban más del 40% de su renta disponible a los costes relacionados con la vivienda.
El promedio de la Unión Europea se situaba en 19.2%.
El problema, por tanto, no es únicamente encontrar un inmueble. Para una parte de los inquilinos, mantenerlo representa una proporción elevada de sus ingresos.
¿Por qué faltan viviendas si España tiene casas vacías?
La aparente contradicción entre la existencia de viviendas desocupadas y la falta de oferta se explica, en buena medida, por dónde están esas propiedades.
España cuenta con casas vacías en municipios y zonas donde la demanda es baja. Sin embargo, la presión inmobiliaria se concentra en lugares que reúnen empleo, universidades, servicios o actividad turística.
Madrid, Barcelona, Baleares y diversas zonas del litoral mediterráneo se encuentran entre los mercados donde esa tensión es más visible.
Una casa disponible en un municipio que pierde población no resuelve la necesidad de una familia que trabaja en Madrid o de un joven que busca independizarse en Barcelona.
A ello se suma la diferencia entre el ritmo al que se forman nuevos hogares y el número de viviendas que llegan al mercado en los lugares con mayor demanda.
Tras el desplome de la construcción posterior a la crisis inmobiliaria de 2008, la producción residencial se recuperó, pero la oferta continúa sin responder con suficiente rapidez en varias de las zonas más tensionadas.
El alquiler social es otra pieza del problema
España también tiene un parque de vivienda social en alquiler reducido en comparación con otros países europeos.
Las estimaciones sitúan este tipo de vivienda por debajo del 2% del parque residencial, mientras que el promedio de la Unión Europea ronda el 8%.
La diferencia cobra importancia cuando aumentan los precios del mercado privado.
Si existen pocas alternativas públicas, los hogares con menores ingresos dependen en mayor medida de las viviendas disponibles a precio de mercado.
Construir nuevas unidades tampoco ofrece una solución inmediata. Desde la planificación y disponibilidad del suelo hasta la autorización y terminación de un edificio pueden transcurrir años.
¿Qué papel tienen los extranjeros y los pisos turísticos?
El debate español también ha puesto el foco en la compra de vivienda por extranjeros.
Durante el segundo trimestre de 2026, estos compradores participaron en 15.98% de las compraventas registradas en España.
El porcentaje, sin embargo, cambia considerablemente dependiendo de la región. En Baleares llegó a 32.27% y en la Comunidad Valenciana a 31.03%.
Por esa razón, su impacto puede ser importante en determinados mercados, pero los datos no permiten atribuir únicamente a los compradores extranjeros el encarecimiento nacional.
Algo similar ocurre con los alquileres turísticos.
En barrios con una elevada presencia de visitantes, una vivienda destinada a estancias temporales deja de estar disponible para alquiler residencial. Esa competencia puede reducir la oferta local, pero su influencia tampoco es igual en todo el territorio español.
Casi la mitad de los jóvenes de 26 a 34 años vive con sus padres
Una de las consecuencias más visibles aparece entre los adultos jóvenes.
En 2025, 44.3% de los españoles de entre 26 y 34 años continuaba viviendo con sus padres.
Entre ellos, 47.3% señaló que no podía permitirse comprar o alquilar una vivienda como principal razón para permanecer en el hogar familiar.
El dato muestra una dimensión diferente de la crisis. No todos los afectados aparecen en las estadísticas de alquiler o hipotecas porque una parte de ellos todavía no ha conseguido incorporarse a un hogar independiente.
El retraso de la emancipación tiene además efectos sobre otras decisiones personales y económicas, desde la formación de nuevos hogares hasta el lugar donde una persona puede aceptar un empleo.
La vivienda vuelve al centro del debate en España
Las protestas surgidas después del desahucio de Maricarmen coincidieron con negociaciones para adoptar nuevas medidas sobre vivienda.
Entre las propuestas discutidas estaban cambios relacionados con la prórroga de contratos de alquiler, protección ante determinados desahucios y regulación de viviendas turísticas.
Las organizaciones de inquilinos han reclamado mayores protecciones, mientras administraciones, partidos políticos, propietarios y representantes del sector inmobiliario mantienen posiciones diferentes sobre qué medidas permitirían reducir los precios y aumentar la oferta.
Al cierre de los reportes consultados, esas nuevas medidas seguían en negociación, por lo que no podían considerarse definitivamente aprobadas.
La crisis tampoco responde a una sola explicación. El aumento de precios coincide con una oferta insuficiente en las zonas de mayor demanda, crecimiento de hogares, un parque social limitado y presiones específicas derivadas del turismo o la inversión inmobiliaria en determinados mercados.
El caso de Maricarmen puso un rostro concreto al conflicto. Los datos muestran que detrás de aquella puerta en Madrid existe un problema de mayor escala: cada vez resulta más costoso comprar o alquilar una vivienda allí donde buena parte de los españoles necesita vivir.
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