Por encima de las playas, los hoteles y las avenidas de Acapulco existe un lugar donde la historia de este puerto comenzó a escribirse mucho antes de que se convirtiera en uno de los destinos turísticos más conocidos de México. Se trata de la Zona Arqueológica de Palma Sola, un antiguo centro ceremonial ubicado en las laderas del cerro El Veladero, desde donde se puede contemplar la bahía de Santa Lucía.
Aquí no hay grandes pirámides ni edificios monumentales. El principal atractivo son 18 rocas de granito cubiertas de petrograbados, con rostros humanos, espirales, figuras geométricas y símbolos que podrían representar ceremonias religiosas, relatos de creación y conocimientos relacionados con el agua y los ciclos de la naturaleza.
El sitio se encuentra en una zona elevada de Acapulco, Guerrero, y puede visitarse de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas, con entrada gratuita. Su importancia va más allá de la belleza del paisaje: los estudios arqueológicos indican que fue utilizado durante un amplio periodo de la época prehispánica, aunque todavía se desconoce quiénes realizaron sus grabados.
Palma Sola conserva 18 piedras que narran el pasado de Acapulco
La Zona Arqueológica de Palma Sola ocupa un área visitable aproximada de 3.8 hectáreas en la parte del cerro El Veladero conocida como El Anfiteatro, cerca de las colonias Independencia y Palma Sola.
Los antiguos habitantes aprovecharon grandes bloques de granito para plasmar imágenes mediante cincelado y abrasión, una técnica que permitía desgastar la superficie de las piedras hasta formar líneas, rostros y otras representaciones.
Entre los diseños se encuentran figuras humanas esquemáticas, algunas con los brazos levantados, rostros unidos por líneas, motivos geométricos y posibles registros relacionados con el calendario.
Para los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las imágenes reflejan aspectos de las creencias, las relaciones sociales y las actividades ceremoniales de las poblaciones que habitaron la región.
No todas las piedras contienen escenas fácilmente reconocibles. Algunas muestran únicamente líneas y formas geométricas cuya interpretación sigue abierta. Otras permiten distinguir personajes que posiblemente participan en celebraciones o rituales.
Precisamente esa diversidad convierte a Palma Sola en un sitio singular: sus principales vestigios no son construcciones, sino imágenes grabadas sobre las rocas de una montaña.
¿Cuántos años tienen los petrograbados de Palma Sola?
El INAH sitúa la ocupación del lugar aproximadamente entre 800 antes de Cristo y 750 después de Cristo, un periodo que abarca desde el Preclásico Medio hasta el Epiclásico.
Esta cronología se estableció mediante materiales arqueológicos asociados, particularmente fragmentos de cerámica encontrados en el entorno.
Sin embargo, existe una diferencia importante: la antigüedad estimada de la ocupación no equivale a la fecha exacta de cada petrograbado. Los investigadores no han podido determinar cuándo se realizó individualmente cada imagen.
Tampoco se conoce con certeza el nombre original del asentamiento ni el pueblo responsable de las representaciones.
El nombre actual, Palma Sola, procede del paraje donde se encuentra el sitio, no de una denominación prehispánica identificada.
Las investigaciones modernas han permitido catalogar las piedras y proponer explicaciones sobre su significado, pero todavía quedan preguntas abiertas sobre las personas que ascendían a esta montaña y las ceremonias que realizaban.
“La Mona”, la piedra que podría contar el origen de los antiguos habitantes
Entre los grabados destaca el Elemento 1, conocido como “La Mona”, considerado uno de los más importantes por su tamaño, complejidad y ubicación.
La roca se encuentra junto a un abrigo natural donde, durante la temporada de lluvias, puede escucharse una corriente de agua subterránea.
Esa combinación de piedra, cueva y agua resulta fundamental para comprender una de las interpretaciones arqueológicas del grabado.
De acuerdo con el INAH, la escena podría representar un mito de creación, en el que una divinidad vinculada con una cueva da origen a una primera pareja humana.
A partir de ella aparecen otros rostros unidos por líneas, que posiblemente simbolizan a los antepasados de diferentes grupos o segmentos de una misma sociedad.
No existe una traducción definitiva de estas imágenes. Su interpretación se basa en el análisis de los personajes, su disposición y las creencias sobre las cuevas y las montañas presentes en distintas culturas mesoamericanas.
Para los investigadores, la posición de “La Mona” refuerza la posibilidad de que el lugar estuviera relacionado con ceremonias dedicadas al origen de la vida y al agua.
Una roca de Palma Sola podría representar el universo
Otro de los petrograbados sobresalientes es el Elemento 10, que contiene un círculo con cuatro figuras semejantes a pirámides escalonadas.
Cada una presenta tres niveles y se conecta mediante líneas con un círculo central.
Una de las interpretaciones arqueológicas plantea que esta composición representa los cuatro rumbos del universo y la relación entre el mundo terrestre, el cielo y el inframundo.
También se ha considerado una posible vinculación con observaciones astronómicas, como la identificación de momentos importantes del ciclo solar.
Sin embargo, el INAH advierte que esta última hipótesis es difícil de comprobar porque la roca fue desplazada de su posición original a causa de una fractura.
Por ello, aunque el grabado ofrece pistas sobre la manera en que sus autores pudieron concebir el universo, no se ha demostrado que funcionara como un calendario astronómico.
El agua y las lluvias pudieron ser el centro de las ceremonias
Una de las principales interpretaciones del conjunto arqueológico relaciona a Palma Sola con el culto al agua.
El Elemento 15, considerado el más grande del sitio, presenta tres largas líneas verticales que dividen la superficie de la roca.
Por sus dimensiones y profundidad, los arqueólogos consideran posible que estas marcas permitieran conducir agua durante la temporada de lluvias.
El panel también incluye figuras humanas, espirales y otros símbolos que podrían estar relacionados con ceremonias para solicitar precipitaciones.
La ubicación del centro ceremonial ayuda a entender esa interpretación. En el área nacen dos arroyos y existe un abrigo rocoso, elementos naturales que pudieron influir en la elección del lugar.
En una sociedad donde la disponibilidad de agua condicionaba las actividades agrícolas, las lluvias y los periodos de sequía tenían una importancia fundamental.
Los estudios del INAH también señalan que en Palma Sola pudieron realizarse observaciones astronómicas para identificar las épocas de siembra y los cambios estacionales.
Las representaciones no permiten reconstruir con exactitud todas las ceremonias, pero muestran una relación constante entre las personas, el paisaje y los fenómenos naturales.
Palma Sola ofrece una vista panorámica de la bahía de Acapulco
Además de sus petrograbados, Palma Sola tiene un atractivo que sorprende por su ubicación: la vista de la bahía de Santa Lucía desde las elevaciones del cerro El Veladero.
El sitio se encuentra aproximadamente entre 350 y 400 metros sobre el nivel del mar, por lo que permite observar buena parte de la zona de Acapulco.
Desde esta posición, el paisaje urbano y costero contrasta con el ambiente montañoso que rodea a los vestigios arqueológicos.
La panorámica tiene también un significado histórico. Según el INAH, la ubicación ofrecía un amplio dominio visual de las partes bajas del cerro y de la bahía, una característica que posiblemente contribuyó a su elección como centro ceremonial.
Los habitantes de distintos asentamientos de la región habrían ascendido hasta este punto para participar en actividades religiosas.
Así, lo que hoy puede apreciarse como un mirador natural también fue parte del escenario donde las comunidades prehispánicas desarrollaron sus ceremonias.
¿Cómo llegar a la Zona Arqueológica de Palma Sola?
La zona se encuentra en calle de La Mona número 17, colonia Independencia, Acapulco de Juárez, Guerrero, código postal 39510.
Para llegar desde la ciudad de Acapulco, el INAH recomienda tomar la Costera Miguel Alemán hasta el entronque con avenida Escudero y continuar por Aquiles Serdán y Constituyentes, en dirección a avenida Palma Sola.
El último tramo del recorrido debe realizarse a pie.
La visita incluye un sendero de aproximadamente un kilómetro, con ascenso por una zona montañosa y escalinatas que permiten acercarse a los petrograbados.
Por las características del trayecto, es recomendable utilizar ropa ligera, calzado con buena suela y protección contra el sol.
También conviene considerar el esfuerzo físico que implica la subida, especialmente durante las horas de mayor temperatura.
La experiencia combina una caminata por el cerro, la observación de las piedras grabadas y los puntos desde los cuales puede apreciarse la bahía.
¿Cuánto cuesta entrar a Palma Sola y cuáles son sus horarios?
De acuerdo con la información del INAH, la entrada a Palma Sola es gratuita tanto para visitantes nacionales como extranjeros.
El horario publicado es de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas, con último acceso a las 16:00 horas.
La zona dispone de estacionamiento, módulo de información, sanitarios y tienda. También cuenta con una sala introductoria que ayuda a comprender el contexto arqueológico de los petrograbados.
Entre las restricciones se encuentran la prohibición de fumar, ingresar alimentos o llevar mascotas al sitio.
Aunque la información oficial señala que la zona está abierta al público, es conveniente confirmar las condiciones de visita antes de acudir, especialmente cuando se planea el recorrido durante días festivos.
La caminata y la exposición al sol hacen recomendable programar la visita durante las primeras horas de apertura.
Una forma de conocer el Acapulco que existía antes del turismo
Palma Sola permite descubrir una parte de Guerrero que suele quedar fuera de los recorridos tradicionales del puerto.
Mientras las playas muestran el Acapulco contemporáneo, las piedras del cerro El Veladero conservan imágenes realizadas por comunidades que habitaron la región hace siglos y que encontraron en la montaña un espacio para expresar sus creencias.
Los grabados de “La Mona”, las posibles representaciones del universo y las escenas relacionadas con la lluvia muestran cómo sus antiguos habitantes pudieron interpretar la naturaleza que los rodeaba.
Quedan preguntas sin resolver sobre sus autores y el significado completo de las figuras, pero los vestigios conservados permiten conocer una dimensión poco difundida de la historia regional.
La visita termina con dos paisajes que pertenecen al mismo lugar: las rocas marcadas por sus antiguos pobladores y la bahía de Acapulco extendiéndose al pie de la montaña.
*ARD
