En pleno corazón de León, Guanajuato, una construcción de altas torres, arcos puntiagudos y cantera tallada rompe con el paisaje urbano. Es el Templo Expiatorio Diocesano del Sagrado Corazón de Jesús, uno de los principales exponentes de la arquitectura neogótica en México y una obra que necesitó casi nueve décadas para llegar a su forma actual.
Su historia comenzó en 1921, impulsada por el sacerdote Bernardo Chávez Palacios. Desde entonces, generaciones de habitantes participaron con dinero, materiales y trabajo para levantar un edificio que terminaría convertido en uno de los símbolos más reconocibles de León.
De un proyecto románico a una iglesia neogótica
El primer proyecto fue encargado al arquitecto Luis G. Olvera y tenía inspiración románica. Sin embargo, Bernardo Chávez pidió modificarlo para adoptar un estilo gótico.
El resultado dio paso a la imagen monumental que distingue actualmente al templo: torres verticales, arcos ojivales, tracerías, ornamentación en cantera y grandes espacios interiores, características relacionadas con el gótico europeo reinterpretado por la arquitectura mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX.
La construcción fue, además, una obra comunitaria. Los habitantes de León participaron en la excavación de los cimientos y realizaron aportaciones particulares. Algunas personas incluso donaron piedras identificadas con sus nombres, destinadas a diferentes partes del edificio.
¿Por qué tardó casi 90 años en construirse?
El tamaño del proyecto no fue el único motivo de su prolongada construcción.
Los trabajos atravesaron diferentes etapas y sufrieron interrupciones. Entre ellas estuvo la inundación de León de 1926 y posteriormente el conflicto político-religioso relacionado con la Guerra Cristera, que tuvo una presencia particularmente intensa en el Bajío.
Las labores continuaron durante buena parte del siglo XX y se extendieron hasta el XXI. Tanto investigaciones arquitectónicas como el propio INAH sitúan la conclusión de su gran proceso constructivo en 2009, aproximadamente 88 años después de su inicio.
Bajo el Expiatorio hay 1,919 nichos
Uno de los elementos menos visibles se encuentra debajo del templo.
El terreno era arenoso, por lo que los constructores tuvieron que excavar profundamente hasta alcanzar una superficie suficientemente estable para sostener el inmueble. El espacio generado por esa cimentación fue aprovechado para construir un conjunto de criptas.
En ellas existen 1,919 nichos destinados al depósito de restos y cenizas. Su construcción comenzó durante las primeras etapas de la obra y esos espacios funerarios también tuvieron una función económica: los recursos obtenidos por su utilización ayudaron a financiar durante años la construcción del Expiatorio.
El conjunto subterráneo incluye espacios distribuidos en distintos niveles y capillas con diversas advocaciones religiosas, lo que convirtió a las criptas en una de las características particulares del edificio.
El Expiatorio sigue siendo un símbolo turístico de León
Más de un siglo después del inicio de las obras, el templo conserva su función religiosa, pero también ocupa un lugar central en la identidad y oferta turística de León.
En junio de 2026, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) volvió a destacarlo como uno de los principales exponentes del neogótico mexicano, particularmente por la verticalidad de sus torres y la riqueza de su ornamentación.
Su explanada también forma parte de la actividad turística y cultural de la ciudad. En mayo de 2026, el municipio inauguró ahí un Módulo de Información Turística para orientar a visitantes nacionales y extranjeros, además de integrarlo a una de las paradas del autobús turístico.
Así, el Templo Expiatorio no destaca únicamente por su apariencia monumental. Su historia reúne arquitectura, participación ciudadana, conflictos históricos, criptas subterráneas y casi nueve décadas de construcción, elementos que explican por qué terminó convertido en uno de los grandes referentes urbanos de León.
*ARD









