hagamos un trato: deja de decir mentiras sobre mí
y yo dejaré de decir verdades sobre ti... Gordon Gekko
Película Wall Street 2: El dinero nunca duerme (2010 ) Oliver Stone
Gordon Gekko, personaje interpretado por Michael Douglas
Para nadie es sorpresa que nuestro gobierno federal dicta la línea desde el centro político de nuestro país, es decir, desde la Presidencia de la República. Y de ahí, se replican los mismos programas, proyectos, propuestas, torpezas y ocurrencias de manera general; es más, hasta los mismos discursos, frases, lemas, justificaciones y hasta el “tonito” y “modito” de decir las cosas. Los mexicanos vivimos de forma legal y constitucional, un federalismo que no existe, lo que sí existe es un centralismo real en lo político y económico.
Desde las épocas en que el PRI (con mayúsculas) gobernaba sobre “caballo de hacienda”, los dictados y el modo personal de gobernar (diría Cosío Villegas) se repetía y veneraba por estados, municipios y pueblos de nuestro país. Y nuestra frágil democracia ha sido incapaz de darnos otro tipo de gobierno.
Se critica tanto el neoliberalismo de los gobiernos anteriores de este país y se gobierna bajo ese mismo manto. Así, el llamado federalismo no es más que una burda tomada de pelo. Ni hay estados libres ni soberanos. Y uno de tantos males que conlleva ese centralismo político es el llamado presidencialismo, es decir, las facultades constituciones (artículo 89 constitucional) que limitan (¿?) al Poder Ejecutivo, y las facultades metaconstitucionales que de manera subjetiva el Ejecutivo posee y ejerce dada la creencia de las personas que habitan este Estado (sean ciudadanos o no) y que creen que el Presidente lo puede todo… TODO!!!
Lo que tenemos es un poder ejecutivo que gobierna cuál si fuera un poder absoluto, sin contrapesos. Así, nos encontramos con estados pobres y gobierno federal rico.
Un gobierno federal que ejerce recursos públicos a su capricho, miles y miles de millones de pesos, sin observación alguna de los contrapesos políticos (Poder Legislativo y Poder Judicial) con auditorías a modo y sin rendir cuentas. Un gobierno federal que asigna presupuesto a los estados siguiendo las reglas de lealtad de quienes son de su partido, y quienes no, y de quién está dispuesto a seguir a la Presidenta (en este caso) en darle continuidad a los caprichos y ocurrencias del anterior presidente.
Un gobierno federal que de manera ilegítima, pero legal y avalado por un Tribunal Electoral a modo y servicial, le otorgó una sobre representación y mayoría para hacer de la Constitución lo que se le da la gana, y de ahí para abajo, lo que se les ponga enfrente; así aprobar cambios a leyes (Ley de Amparo) o bien aprobar nuevas leyes que les sirvan para continuar en el poder.
Es decir, vivimos un presidencialismo sin precedentes, y vaya que hemos tenido épocas de poder unipersonal desde el México Independiente. La acumulación de más y más poder, en donde las llamadas facultades metaconstitucionales ya son de carácter ordinario, hacen pedazos nuestra débil democracia. Así, entre muchas cosas más, el reciente cambio de fiscal general, nos habla de varias cosas qué parecen sacadas del viejo manual del pri (así, con minúsculas). …Te quito, y pongo a alguien de mi confianza, y para que no hagas berrinches ni hables de lo que no me conviene, te premio con un lugar en la administración pública (pudiendo ser una embajada, por ejemplo), es decir, sigues dentro, pero estas afuera y, a eso le llamaban “puente de plata”; un “premio” por su silencio y buen comportamiento.
Y todo eso es parte de las facultades metaconstitucionales del Poder Ejecutivo.
¿Y por qué llamarlo así? Por una simpleza. Me explico: dado que, el ciudadano Alejandro Gertz Manero, fue Fiscal General de la República por las de cinco años, y antes de ocupar ese cargo, fue Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal (con Cuauhtémoc Cárdenas), y Secretario de Seguridad Pública Federal (con Vicente Fox), y a cuenta de ello, numerosas publicaciones (El País, El Financiero, Portal de internet Terra entre otros), nos hablan de la enorme “presunta” fortuna que posee. Son datos públicos (y duros) nunca desmentidos y mucho menos aclarados por el futuro embajador en Alemania (en espera del consabido placet del país anfitrión). A decir de dichas publicaciones (solamente las replico, para no incurrir en algún delito), Gertz posee autos de lujo (en su mayoría de la marca alemana Mercedes Benz), mismos que según datos de la Unidad de Investigación Fiscal (UIF) alcanzan un monto de hasta ciento nueve millones de pesos. También se habla (de acuerdo a lo publicado por el periódico español El País) de casas y departamentos de lujo en México y en España.
¿Acaso dichas posesiones no deben ser investigadas y saber si Alejandro Gertz posee bienes por encima de sus actividades profesionales públicas y privadas como servidor público, abogado litigante y profesor universitario?
Como Fiscal General, Gertz tuvo como tarea principal, dado el estado de cosas en nuestro (es un decir) país, investigar al crimen organizado (ahora ya lo hace la abogada Ernestina Godoy Ramos, de todas las confianzas de la Presidenta) dejando pendientes al menos cincuenta mil Carpetas de Investigación (si, 50,000) . Es decir, Gertz ganaba más de dos millones de pesos al año (ciento noventa mil pesos al mes) y deja pendiente e inconclusa, una cantidad brutal de trabajo. Su tarea principal fue judicializar las carpetas de investigación que sea necesario, o archivar lo que no deba judicializarse. Se trata de delitos federales y es la base para combatir la inseguridad producida por el crimen organizado (y el desorganizado también); por lo tanto, hablamos de un cargo de enorme responsabilidad y de la seguridad de todos nosotros.
Lo anterior viene a cuento dada la situación de inseguridad que vivimos y que cada día crece más, tanto, que se ha apoderado de nuestra vida cotidiana, hecho que parece poco importar al gobierno presidencialista y centralista de Claudia Sheinbaum.
Por eso es importante que usted, apreciada persona lectora, y cualquiera despertemos y nos deshagamos de esa modorra que nos detiene para no hacer nada, que no sea quejarse y esperar a que otros hagan algo. Desde el primer año de gobierno de López Obrador, una constante fue defender a los suyos (morenistas o aliados) sin importar que estuvieran involucrados en algún presunto delito o estuvieran bajo alguna investigación (SEGALMEX, por ejemplo). Y le bastaba salir a decir que se trataba de personas honestas para borrar toda investigación sobre ellos.
La complicidad es un delito y el encubrimiento también lo es.
Y desde el poder se han dispensado favores y se han cancelado investigaciones en contra de delincuentes cuyos hechos son del conocimiento público. Pero se han absuelto con la simple palabra presidencial.
Ah, y para cerrar, no puedo dejar de destacar dos cosas: La enorme sonrisa de “quinceañera enamorada” (sus ojos no mienten) de la Presidenta con a en la mañanera del pasado lunes, con motivo de la reaparición de López Obrador en redes sociales anunciando; y esta es la segunda cosa a resaltar, qué bien podría dejar a un lado su autoimpuesto exilio, y regresar a las plazas públicas a defender su obra, su proyecto y su presidencialismo que parece Maximato (saludos mi Fer, gracias por recordármelo).
La realidad es que nos está avisando que cuando se acerquen las intermedias (2027) saldrá a apoyar a su Dulce Poli.
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