México es uno de los países de la OCDE donde más horas se trabajan al año, pero también figura entre los menos productivos. Los extensos tiempos muertos dentro de las jornadas laborales explican buena parte de esta contradicción. La nueva reforma laboral busca corregir ese problema con un cambio clave: redefinir qué se considera jornada de trabajo.
La iniciativa plantea que solo el tiempo efectivo de trabajo sea reconocido y remunerado, dejando atrás el criterio actual que considera jornada cualquier lapso en el que el trabajador esté a disposición del empleador.
Qué cambia con la nueva definición de jornada laboral
La abogada laboralista Estefanía Rueda explicó que la propuesta rompe con uno de los pilares tradicionales de la legislación laboral mexicana.
Actualmente, la ley establece que la jornada incluye todo el tiempo en el que el trabajador está disponible, incluso si solo espera instrucciones. Con la reforma, ese criterio se modifica de fondo.
La jornada se limitaría al trabajo efectivamente realizado.
El tiempo de espera podría dejar de ser remunerado.
El pago por hora dependería de la actividad comprobable.
Para Rueda, este cambio es claro en su intención, pero complejo en su aplicación práctica.

Incertidumbre para trabajadores y empleadores
La especialista advirtió que la nueva definición puede abrir disputas laborales y generar incertidumbre en sectores específicos, como los call centers o los trabajos de guardia.
Según explicó, un empleador podría argumentar que, si un trabajador no presta el servicio de manera activa —por ejemplo, si no atiende llamadas—, ese tiempo no constituye trabajo efectivo y, por tanto, no debe pagarse.
Este escenario genera preocupación en ambos lados de la relación laboral, aunque la abogada subraya que la redacción es directa: si no se presta el servicio, no hay trabajo.
Jornadas más largas, aunque “efectivas”
La reforma también choca con el límite legal de la jornada laboral, que no puede exceder las ocho horas diarias. Sin embargo, al considerar únicamente el tiempo efectivo, las jornadas podrían extenderse en la práctica.
Esto significa que un trabajador podría permanecer más tiempo en su centro laboral para cumplir con las horas efectivas requeridas, aun cuando el tiempo total de permanencia sea mayor.
Vacíos legales en tiempos de descanso y comida
Uno de los puntos más sensibles de la reforma es la falta de claridad sobre los tiempos de descanso, en especial el periodo destinado a alimentos.
Actualmente, si el descanso para comer es menor a 60 minutos, la ley lo considera parte de la jornada laboral. La nueva definición no aclara si este criterio se mantendrá o será modificado.
Rueda señaló que será necesario ajustar otros artículos de la ley para que exista coherencia legislativa y evitar contradicciones entre la definición de jornada y los derechos de descanso diario.
Debate legislativo aún abierto
La especialista considera que el tema deberá discutirse a fondo en el Congreso, ya que la reforma, aunque busca elevar la productividad, también puede afectar derechos adquiridos si no se armoniza correctamente.
El proceso legislativo será clave para definir si el concepto de tiempo efectivo de trabajo se aplica sin ambigüedades y con reglas claras para todos los sectores.
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