Las fuerzas de Estados Unidos se preparan para completar su retirada de Irak este 30 de septiembre de 2026, en cumplimiento del calendario acordado entre Washington y Bagdad. El movimiento cierra una etapa de más de dos décadas marcada por la invasión de 2003, la salida de las tropas estadounidenses en 2011 y su posterior regreso para combatir al Estado Islámico (ISIS).
El proceso actual no comenzó de manera repentina. Estados Unidos e Irak acordaron en septiembre de 2024 una transición en dos fases para modificar la presencia de la coalición internacional encabezada por Washington. La segunda contemplaba mantener hasta septiembre de 2026 operaciones contra ISIS en Siria apoyadas desde territorio iraquí.
De la invasión de 2003 al retiro de 2026
La presencia militar estadounidense en Irak cambió sustancialmente durante los últimos 23 años. En marzo de 2003, Estados Unidos encabezó la invasión que terminó con el gobierno de Saddam Hussein.
Las tropas estadounidenses permanecieron en territorio iraquí hasta 2011, cuando concluyó aquella fase de su despliegue militar. Sin embargo, la expansión del Estado Islámico provocó un nuevo giro.
En 2014, ante el avance de ISIS por extensas zonas de Irak y Siria, se conformó una coalición internacional y Estados Unidos volvió a desplegar fuerzas para respaldar a las autoridades iraquíes.
La campaña permitió recuperar los territorios que el grupo había controlado en Irak. Washington y sus aliados mantuvieron posteriormente labores de asesoramiento, capacitación, inteligencia y apoyo a las fuerzas iraquíes y a los Peshmerga kurdos.
Por ello, hablar de una presencia estadounidense ininterrumpida desde 2003 simplificaría una historia que tuvo diferentes etapas, objetivos y niveles de despliegue.
¿Qué significa la retirada de Estados Unidos?
El acuerdo anunciado en 2024 estableció que la misión militar de la coalición en Irak terminaría progresivamente y que la cooperación evolucionaría hacia una relación bilateral de seguridad entre Washington y Bagdad.
La primera fase contemplaba concluir la misión de la coalición en el Irak federal hacia septiembre de 2025. Una segunda etapa mantuvo hasta septiembre de 2026 el apoyo a operaciones contra ISIS en el noreste de Siria desde instalaciones ubicadas en Irak.
Esto significa que la salida de las fuerzas estadounidenses no necesariamente supone el final de toda cooperación militar entre ambos países.
Desde antes del repliegue, Washington y Bagdad habían planteado mantener mecanismos bilaterales que abarcan entrenamiento, asesoría, asistencia y programas tradicionales de cooperación en materia de seguridad.
ISIS permanece entre los desafíos de Irak
Uno de los principales interrogantes después del retiro es la capacidad de Irak para contener las células del Estado Islámico y mantener las operaciones antiterroristas con una participación estadounidense distinta.
El grupo perdió el control territorial que llegó a ejercer sobre amplias zonas de Irak y Siria, pero autoridades estadounidenses han advertido durante los últimos años que ISIS continúa representando una amenaza y mantiene la intención de reorganizarse.
La evolución de esa amenaza fue precisamente uno de los factores considerados para diseñar la transición. Los otros fueron las condiciones operativas dentro de Irak y las capacidades alcanzadas por sus fuerzas de seguridad.
El escenario posterior al retiro, por tanto, dependerá también de la capacidad de las instituciones iraquíes para realizar tareas que durante años contaron con respaldo internacional.
Irán y Kurdistán, otras piezas del nuevo escenario
La salida estadounidense también tiene implicaciones dentro del complejo equilibrio regional.
Grupos iraquíes respaldados por Irán han presentado el repliegue como un triunfo, mientras funcionarios y especialistas consultados por Reuters han expresado preocupación por una posible expansión de la influencia iraní sobre las estructuras políticas y de seguridad de Irak. Esa posibilidad constituye un escenario bajo análisis y no una consecuencia automática de la retirada.
El Kurdistán iraquí representa otro punto de atención. Durante la campaña contra ISIS, Estados Unidos mantuvo cooperación con las fuerzas Peshmerga, que participaron en operaciones contra el grupo extremista.
La relación de seguridad posterior al repliegue tendrá que desarrollarse en un escenario en el que Bagdad busca asumir mayores responsabilidades sobre la defensa del territorio.
Ese proceso coincide además con movimientos de otras fuerzas extranjeras. El 23 de septiembre, Irak y Turquía anunciaron un acuerdo para transferir gradualmente al gobierno iraquí el campamento militar turco de Bashiqa-Zelikan, cerca de Mosul.
Una nueva etapa entre Washington y Bagdad
La retirada prevista para este 30 de septiembre representa el cierre de la fase establecida en el acuerdo de transición alcanzado en 2024, pero no necesariamente el final de la relación de seguridad entre Estados Unidos e Irak.
Desde que comenzaron las negociaciones, ambos gobiernos plantearon sustituir progresivamente la estructura de la coalición por mecanismos bilaterales de cooperación. Entre las áreas discutidas se encuentran capacitación, asistencia, fortalecimiento de capacidades y coordinación contra amenazas terroristas.
Así, el 30 de septiembre de 2026 marca otro punto de inflexión en una relación militar que comenzó con una guerra, atravesó una retirada, un regreso para combatir a ISIS y finalmente una transición hacia un esquema distinto de cooperación.
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