El presidente Donald Trump volvió a encender la polémica en Estados Unidos tras ordenar el despido inmediato de los 22 integrantes del Consejo Nacional de Ciencia, el organismo independiente encargado de supervisar a la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), una de las agencias más poderosas en financiamiento científico del país. La decisión fue ejecutada sin previo aviso y mediante un correo oficial enviado a todos sus miembros, según confirmaron medios estadounidenses y exintegrantes del panel.
El movimiento ha sido interpretado por universidades, investigadores y exfuncionarios como un nuevo golpe directo al sistema científico federal, justo cuando la Casa Blanca impulsa recortes históricos al presupuesto de investigación.
El organismo despedido en bloque era el National Science Board, una junta creada por el Congreso en 1950 para mantener autonomía técnica sobre la política científica estadounidense.
Su función no era menor:
- asesorar a la Casa Blanca y al Congreso en ciencia e ingeniería,
- aprobar grandes programas de financiamiento,
- revisar la estrategia nacional de innovación,
- y supervisar el rumbo de la National Science Foundation.
La NSF administra alrededor de 9 mil millones de dólares anuales destinados a universidades, laboratorios y centros de desarrollo tecnológico en todo el país.
Todos los consejeros recibieron el mismo mensaje: su nombramiento quedaba “terminado con efecto inmediato”, sin una justificación detallada.
La comunidad científica denuncia un ataque sin precedentes
La abrupta destitución generó alarma porque los miembros del Consejo suelen ocupar mandatos escalonados de seis años precisamente para blindar la investigación científica de los cambios políticos.
Es decir, el diseño legal buscaba impedir que un presidente pudiera tomar control absoluto del aparato científico federal de una sola vez.
Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió.
Diversos científicos consultados por medios especializados calificaron la maniobra como “un desmantelamiento institucional” y “una captura política de la gobernanza científica”.
Además, exmiembros del panel revelaron que la Casa Blanca los dejó fuera del proceso de discusión presupuestaria rumbo a 2027, lo que encendió aún más sospechas sobre una reestructuración profunda.
La NSF, el corazón de la innovación estadounidense, queda bajo presión
La gravedad del caso aumenta por el peso que tiene la National Science Foundation dentro del ecosistema científico mundial.
Desde su creación después de la Segunda Guerra Mundial, esta agencia ha financiado investigaciones que derivaron en avances como:
- internet,
- teléfonos móviles,
- resonancias magnéticas,
- cirugía LASIK,
- inteligencia artificial,
- y edición genética.
Además, más de 270 científicos galardonados con el Premio Nobel recibieron en algún momento apoyo económico de esta institución.
Por ello, el temor central entre académicos es que el debilitamiento de su órgano supervisor abra la puerta a una asignación política o ideológica de fondos.
Trump insiste en recortar más del 50% del presupuesto científico
La purga del Consejo no ocurre de manera aislada.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha impulsado una reducción agresiva de estructuras técnicas y comités asesores.
La propia NSF ya perdió cerca del 30% de su plantilla y enfrenta por segundo año consecutivo una propuesta de recorte superior al 50% en recursos federales, un nivel no visto desde la posguerra.
Antes ya habían sido desmantelados:
- el comité asesor de inmunización,
- paneles de salud pública,
- grupos técnicos sobre covid persistente,
- y otros 14 comités científicos vinculados a la NSF.
El argumento oficial de la Casa Blanca es reducir gasto y “alinear funciones con prioridades constitucionales”, aunque la explicación no ha convencido a juristas ni a investigadores.
El fantasma de China acelera la preocupación en Washington
Uno de los elementos más delicados es que el Consejo despedido trabajaba en un informe estratégico sobre la pérdida de liderazgo científico de Estados Unidos frente a China.
Ese documento advertía que Beijing avanza con mayor velocidad en inversión pública en inteligencia artificial, computación cuántica y manufactura avanzada, mientras Washington reduce músculo institucional.
Por eso, dentro del propio sector tecnológico hay desconcierto: mientras el discurso político insiste en derrotar a China en la carrera de innovación, simultáneamente se debilitan los mecanismos que financian ciencia básica.
Jim O’Neill aparece como pieza clave en la nueva toma de control
El despido masivo coincide con la posible llegada de Jim O’Neill como nuevo director de la NSF.
Su perfil ha generado reservas porque proviene principalmente del mundo financiero y de inversión tecnológica, sin una trayectoria científica consolidada.
Además, ha mantenido cercanía con Peter Thiel, inversionista de alto perfil y uno de los hombres más influyentes dentro del ecosistema conservador tecnológico estadounidense.
La sospecha entre académicos es que la Casa Blanca busca sustituir órganos independientes por perfiles alineados con su agenda industrial, militar y geopolítica.
Reddit y la comunidad científica hablan de “demolición de 76 años de autonomía”
En foros académicos y científicos de Reddit, la reacción fue inmediata.
Investigadores, estudiantes de doctorado y empleados vinculados a la NSF describieron la decisión como una “demolición de 76 años de independencia científica”, advirtiendo que el problema no es solo quién sale, sino que desaparece el contrapeso institucional que evitaba decisiones presidenciales unilaterales sobre miles de proyectos de investigación.
El consenso entre especialistas es que esta medida podría redefinir por completo el modelo de ciencia pública de Estados Unidos.
Con un solo correo electrónico, Donald Trump removió a los 22 científicos e industriales encargados de vigilar una de las estructuras que sostienen el liderazgo tecnológico de Estados Unidos.
La decisión no solo implica despidos administrativos.
También representa una señal de que la investigación, la innovación y la asignación de miles de millones de dólares podrían quedar bajo una influencia política mucho más directa en los próximos meses.
La gran pregunta ahora es si el Congreso permitirá este rediseño o si Estados Unidos está entrando en la mayor crisis de autonomía científica de su historia reciente
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