‘Maldita sea, otro apagón’ es la queja de muchos cubanos este martes 10 de febrero de 2026, cuando Cuba tendrá prolongados apagones que podrían dejar simultáneamente sin electricidad a más del 64 % del país durante el horario de mayor demanda energética, una cifra récord en la crisis eléctrica que atraviesa la isla.
La crisis energética se ha agravado desde mediados de 2024, pero las recientes medidas y sanciones internacionales han llevado los apagones a niveles sin precedentes, afectando a millones de habitantes y a sectores clave de la economía nacional.
Agresivo déficit entre oferta y demanda energética
La Unión Eléctrica (UNE), empresa estatal adscrita al Ministerio de Energía y Minas, prevé que para las horas de mayor consumo la isla solo será capaz de generar 1 134 megavatios (MW), mientras que la demanda alcanzará los 3 100 MW, lo que genera un déficit energético cercano a 1 966 MW.
Ese desequilibrio obligará a desconectar alrededor de 1 996 MW para evitar apagones desordenados en todo el sistema eléctrico. El anterior máximo de desconexión simultánea había sido del 63 % el 31 de enero de 2026, según declaraciones oficiales.
Averías y falta de combustible profundizan la crisis
Al menos seis de las 16 unidades termoeléctricas operativas están fuera de servicio por averías o mantenimiento, incluidas dos de las tres plantas más grandes, lo que reduce considerablemente la capacidad de generación del país. Esta fuente de energía representa cerca del 40 % del mix energético cubano.
Otra parte importante del sistema, la denominada generación distribuida mediante motores, responsable de otro 40 %, lleva semanas completamente paralizada debido a la escasez de combustible derivada de las presiones y sanciones internacionales.
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció que este segmento clave ha estado inactivo por más de un mes debido al impacto del bloqueo petrolero estadounidense.

Medidas de emergencia y ajustes sociales
Ante la incapacidad de cubrir la demanda energética, las autoridades han implementado un paquete de medidas de emergencia para intentar sobrellevar la escasez de combustibles importados:
Suspensión de la venta minorista de diésel.
Racionamiento severo de gasolina.
Falta de queroseno para aviones en aeropuertos.
Reajustes de horarios laborales oficiales.
Priorización del teletrabajo.
Reducción de servicios públicos a solo lo esencial.
Estas medidas evidencian la magnitud del problema para garantizar el funcionamiento básico del país sin el apoyo de materia prima energética proveniente del exterior.

Causas estructurales y sanciones internacionales
Expertos independientes señalan que la crisis energética en Cuba es estructural y responde a una infrafinanciación crónica del sector eléctrico, que lleva décadas en manos del Estado y con escasa inversión tecnológica. Se estima que se necesitarían entre 8 000 y 10 000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico nacional.
Por su parte, el Gobierno cubano responsabiliza a las sanciones estadounidenses y a las presiones internacionales, incluida una orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero de 2026 que busca impedir que terceros países suministren petróleo a Cuba, de la “asfixia energética” que vive la isla.
Impacto socioeconómico y protestas
Los prolongados cortes de energía eléctrica han tenido un impacto severo en la economía cubana, que se ha contraído más del 15 % desde 2020, según cifras oficiales, y han sido uno de los detonantes de las principales protestas sociales de los últimos años.
Sectores como la telecomunicación y servicios digitales han tenido que adaptar sus operaciones debido a los apagones, obligando a empresas como la estatal ETECSA a recortar o ajustar funciones para priorizar servicios esenciales durante las caídas de energía.
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