El Bayern Múnich eliminó al Real Madrid este miércoles en los cuartos de final de la Champions League tras imponerse 4-3 en la vuelta y 6-4 en el global en el Allianz Arena. El cierre fue brutal: el conjunto alemán golpeó en los últimos minutos y firmó su pase a semifinales, donde se medirá con el PSG.
La noche arrancó con un guion que parecía escrito para otra de esas resurrecciones blancas. Arda Güler marcó a los 35 segundos tras un error grave de Manuel Neuer y empató la eliminatoria. Pero el Bayern respondió enseguida con Aleksandar Pavlovic al minuto 6. Güler volvió a adelantar al Madrid con un tiro libre al 29, Harry Kane empató al 38 y Kylian Mbappé puso el 2-3 antes del descanso para dejar el global 4-4. Fue un primer tiempo frenético, desordenado y lleno de señales de que el partido no se iba a decidir por control, sino por resistencia.
En la segunda mitad, el Bayern insistió hasta encontrar la grieta. El quiebre llegó al final: Eduardo Camavinga vio la roja y, casi de inmediato, Luis Díaz castigó el espacio para el 3-3 al 89. Ya en el añadido, Michael Olise firmó el 4-3 al 90+4 con un zurdazo que terminó de romper al Madrid. Después del silbatazo, incluso Arda Güler fue expulsado desde la banca por protestar, una postal perfecta del cierre nervioso y descompuesto del equipo español.
El resultado también se entiende por el contexto. El Bayern llegó a la vuelta con la ventaja del 2-1 logrado en la ida en el Bernabéu, con una plantilla casi completa y con la confianza inflada tras romper el récord histórico de goles en una temporada de Bundesliga, además de seguir vivo en la Copa de Alemania y pelear por el triplete. El Madrid, en cambio, aterrizó en Múnich después de un 1-1 con Girona que lo dejó más tocado en LaLiga y prolongó una racha sin victorias que ya alimentaba dudas alrededor del equipo.
Por eso esta eliminación pesa más que un simple tropiezo europeo. El club más ganador en la historia de la Copa de Europa/Champions, con 15 títulos, no cayó por falta de talento para competir un rato; cayó porque no sostuvo el partido cuando más exigía cabeza, oficio y control emocional. En Múnich, el Madrid pegó primero, volvió a ponerse arriba y aun así terminó devorado por el ritmo, por la urgencia y por sus propios errores.
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