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¿Por qué tenemos miedo a envejecer? La ciencia explica el origen del edadismo


El culto a la juventud impulsa el edadismo y afecta la salud mental. Especialistas explican por qué envejecer no debe verse como una pérdida, sino como una etapa natural
Por Redacción | 14 Julio, 2026
Vida
¿Por qué tenemos miedo a envejecer? La ciencia explica el origen del edadismo

Durante años, escuchar frases como "te ves más joven de lo que eres" o "no aparentas tu edad" ha sido considerado un cumplido. Sin embargo, detrás de esas expresiones aparentemente inofensivas se esconde una realidad mucho más profunda: la creciente dificultad de la sociedad para aceptar el envejecimiento como una etapa natural de la vida.

Actualmente, especialistas en psicología, salud pública y gerontología advierten que el culto a la juventud ha generado nuevas formas de discriminación conocidas como edadismo, un fenómeno que no solo afecta a las personas mayores, sino también a generaciones cada vez más jóvenes que viven bajo la presión constante de conservar una apariencia juvenil.

La búsqueda de una piel sin arrugas, un rostro libre de líneas de expresión y un cuerpo que desafíe el paso del tiempo ha dejado de ser una elección personal para convertirse, en muchos casos, en una expectativa social impulsada por la publicidad, las redes sociales y una poderosa industria de la belleza.

¿Por qué parecer joven se considera un halago?

Durante décadas la sociedad ha asociado la juventud con conceptos como belleza, éxito, energía, productividad y salud. En consecuencia, envejecer suele interpretarse como la pérdida de esas cualidades, aunque la realidad sea mucho más compleja.

La psicóloga y escritora Anna Freixas, autora del libro Yo, vieja, sostiene que existe un problema cultural en la manera de entender las distintas etapas de la vida. Desde su perspectiva, la juventud se ha convertido en el ideal al que todos aspiran permanecer, cuando en realidad forma parte de un proceso natural que inevitablemente cambia con el tiempo.


envejecimiento


Freixas plantea una reflexión sencilla pero contundente: nadie consideraría un elogio decirle a una persona adulta que parece un bebé, porque cada etapa tiene su propio valor. Sin embargo, cuando se trata de la juventud, la sociedad continúa premiando cualquier señal que aparente retrasar el envejecimiento.

Este pensamiento refleja hasta qué punto el paso de los años ha sido convertido en un enemigo que debe ocultarse en lugar de asumirse como una experiencia inherente a la vida.

La belleza moderna tiene dos grandes mandatos

Las tendencias sociales han cambiado con el paso de las décadas. Si durante los años noventa predominó la obsesión por las dietas y la extrema delgadez, actualmente la atención se ha desplazado hacia el cuidado de la piel y la lucha contra cualquier signo visible del envejecimiento.

Hoy resulta prácticamente imposible navegar por redes sociales sin encontrar recomendaciones sobre rutinas de skincare, tratamientos con ácido hialurónico, bótox, colágeno, sérums o procedimientos destinados a eliminar arrugas y líneas de expresión.

La industria cosmética ha construido un discurso donde la piel joven representa éxito, bienestar y aceptación social. Bajo esa narrativa, cada nueva arruga parece convertirse en un problema que requiere una solución inmediata.

Especialistas consideran que este fenómeno responde tanto al desarrollo tecnológico de los tratamientos estéticos como a un mercado multimillonario que encuentra en el miedo a envejecer una oportunidad constante de crecimiento.

La presión estética comienza cada vez más temprano

Uno de los cambios más significativos de los últimos años es que la preocupación por aparentar juventud ya no aparece únicamente después de los 40 o 50 años.

Actualmente, adolescentes y adultos jóvenes incorporan rutinas preventivas contra el envejecimiento mucho antes de presentar los primeros signos naturales de la edad.

El uso de productos antiedad entre personas de veinte años, así como el incremento de procedimientos estéticos preventivos, refleja cómo el mensaje social ha cambiado: ya no basta con envejecer bien, ahora también se espera retrasar cualquier evidencia del paso del tiempo.

Este fenómeno ha sido amplificado por los filtros digitales, la edición de fotografías y la exposición constante a imágenes idealizadas que presentan rostros prácticamente libres de imperfecciones.

Como consecuencia, muchas personas comparan su apariencia con estándares imposibles de alcanzar, lo que puede afectar su autoestima y su percepción sobre el propio cuerpo.

El edadismo también afecta la salud mental

Diversos especialistas advierten que el rechazo al envejecimiento no solo genera exclusión hacia las personas mayores, sino que también provoca efectos psicológicos en personas de todas las edades.

La Fundación Grandes Amigos, dedicada a combatir la soledad de las personas mayores, ha impulsado campañas para cuestionar el lenguaje utilizado por la industria cosmética, especialmente términos como "antiedad".


envejecimiento


Desde esta perspectiva, hablar de productos "anti edad" implica presentar el envejecimiento como un enemigo que debe combatirse, cuando en realidad representa una consecuencia natural de vivir.

Si existe edad, existe vida. Negar el envejecimiento significa, simbólicamente, rechazar una parte inevitable de la existencia humana.

Además, la presión por conservar una apariencia juvenil puede generar ansiedad, frustración e insatisfacción permanente, especialmente cuando las expectativas estéticas resultan inalcanzables.

El problema va mucho más allá de las arrugas

El rechazo hacia la vejez no se limita únicamente al aspecto físico. También influye en la manera en que la sociedad trata a las personas mayores.

Frecuentemente se les infantiliza, se minimizan sus opiniones o se asume que ya no pueden tomar decisiones importantes por sí mismas.

Estas conductas forman parte del edadismo, una forma de discriminación basada exclusivamente en la edad que, según especialistas, permanece mucho menos visibilizada que otras formas de exclusión social.

Más allá de la apariencia, el verdadero desafío consiste en cambiar la manera en que la sociedad entiende el envejecimiento y reconocer que cada etapa de la vida posee un valor propio, sin necesidad de compararla constantemente con la juventud.

Las "gafas grises": aprender a reconocer el edadismo

Así como en los últimos años la sociedad ha desarrollado una mayor sensibilidad para identificar el machismo, el racismo o la discriminación por orientación sexual, especialistas consideran que aún falta visibilizar otro problema igual de cotidiano: el edadismo.

La psicóloga y escritora Anna Freixas propone ponerse unas "gafas grises", una metáfora que invita a reconocer aquellas conductas que desvalorizan a las personas únicamente por su edad. Este tipo de discriminación suele pasar desapercibido porque muchas de sus expresiones están normalizadas y se presentan incluso como muestras de afecto o protección.

Sin embargo, el edadismo puede manifestarse de formas muy diversas: hablar a las personas mayores como si fueran niños, asumir que no comprenden la tecnología, excluirlas de decisiones familiares, ignorar su privacidad o pensar que ya no pueden aportar a la sociedad. Estas actitudes, aunque parezcan pequeñas, afectan la autoestima y refuerzan estereotipos negativos sobre la vejez.

La industria de la belleza alimenta el miedo a envejecer

El crecimiento del mercado de la cosmética y de los procedimientos estéticos ha contribuido a consolidar la idea de que el envejecimiento es un problema que debe corregirse. Cada año aparecen nuevos tratamientos, cremas, inyecciones y tecnologías que prometen borrar las huellas del tiempo.

En consecuencia, procedimientos como el bótox, el ácido hialurónico, los bioestimuladores de colágeno o las cirugías estéticas se han vuelto cada vez más comunes entre personas de edades más tempranas.

No se trata de cuestionar las decisiones individuales de quienes recurren a estos tratamientos. El debate, explican especialistas, gira en torno a la presión social que lleva a muchas personas a sentir que deben modificar su apariencia para seguir siendo aceptadas o consideradas atractivas.

Cuando el mensaje constante es que verse mayor representa un fracaso, el envejecimiento deja de percibirse como un proceso natural y comienza a vivirse con ansiedad.


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Envejecer no significa perder

Uno de los principales estereotipos asociados con la edad es la idea de que cumplir años implica perder belleza, capacidades, independencia o felicidad. Sin embargo, expertos en envejecimiento sostienen que esa visión ignora la enorme diversidad de experiencias que existen durante esta etapa.

Anna Freixas insiste en que envejecer no es sinónimo de perder, sino de experimentar cambios, como ocurre en cualquier otra fase de la vida. La infancia, la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez poseen características distintas, pero ninguna debería considerarse superior a las demás.

Asociar automáticamente la vejez con enfermedad, fragilidad o dependencia invisibiliza a millones de personas mayores que mantienen una vida activa, participan en actividades culturales, trabajan, hacen ejercicio, viajan o continúan desarrollando proyectos personales.

Cada vez es más frecuente encontrar adultos mayores que estudian una carrera universitaria, emprenden negocios o participan en actividades deportivas. Estas historias demuestran que la edad cronológica no define necesariamente las capacidades individuales.

Imaginar una vejez positiva también mejora la salud

La médica Vânia de la Fuente, quien colaboró durante varios años en la campaña mundial contra el edadismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que uno de los grandes retos consiste en aprender a imaginar la vejez desde una perspectiva positiva.

Según explica, muchas personas nunca piensan cómo desean vivir esa etapa y terminan aceptando los estereotipos que la sociedad les impone. En lugar de planificar proyectos, relaciones, actividades o metas para los años posteriores a la jubilación, simplemente asumen que la vejez será una etapa de limitaciones.

Esta percepción puede influir directamente en la salud. Diversas investigaciones internacionales han encontrado que quienes mantienen una visión más optimista sobre el envejecimiento suelen adoptar hábitos más saludables y presentan mejores indicadores de bienestar físico y emocional.

Un estudio realizado en Estados Unidos incluso concluyó que las personas con una percepción positiva acerca del envejecimiento viven, en promedio, 7.5 años más que aquellas que mantienen una visión negativa.

Las creencias también modifican nuestros hábitos

Las expectativas influyen en la manera en que actuamos. Si una persona está convencida de que al cumplir determinada edad perderá energía, probablemente reducirá su actividad física mucho antes de que exista una limitación real.


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Lo mismo ocurre cuando se piensa que la vejez equivale inevitablemente a enfermedad, dependencia o aislamiento. Estas creencias pueden favorecer conductas sedentarias, disminuir la participación social e incluso afectar la salud mental.

Por el contrario, quienes consideran el envejecimiento como una etapa de crecimiento suelen mantenerse activos durante más tiempo, conservan vínculos sociales y continúan desarrollando nuevos intereses.

Especialistas coinciden en que modificar la manera en que hablamos sobre la edad puede contribuir a construir una sociedad más saludable y menos discriminatoria.

El edadismo también afecta a las personas jóvenes

Aunque suele asociarse con la discriminación hacia los adultos mayores, el edadismo también impacta a la población joven. La médica Vânia de la Fuente, especialista en envejecimiento saludable y exresponsable de la campaña contra el edadismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), explica que la juventud es idealizada, pero eso no significa que quienes la viven reciban un mejor trato.

Muchos jóvenes enfrentan dificultades para acceder a empleos bien remunerados, adquirir una vivienda o participar en espacios de toma de decisiones debido a la percepción de que carecen de experiencia. Es decir, mientras la imagen de la juventud se utiliza como símbolo de belleza y éxito, quienes pertenecen a ese grupo de edad también pueden sufrir formas de discriminación.

De esta manera, el problema no radica únicamente en la edad, sino en los estereotipos que la sociedad asigna a cada etapa de la vida.

El lenguaje también alimenta los prejuicios

Las palabras tienen un enorme poder para construir la realidad. Frases como "te ves muy bien para tu edad", "no aparentas los años que tienes" o "qué joven te conservas" suelen decirse con la intención de halagar. Sin embargo, especialistas advierten que estos comentarios refuerzan la idea de que envejecer es algo negativo.

En lugar de valorar el bienestar de una persona, esos elogios colocan el foco en su capacidad para parecer más joven. De forma indirecta, transmiten el mensaje de que verse mayor sería menos deseable.

Por ello, expertos proponen sustituir esas expresiones por otras que destaquen el estado general de la persona, como "te ves muy bien", "qué gusto verte" o "te noto con mucha energía". De esta manera, el reconocimiento deja de depender de la edad y se centra en aspectos más amplios del bienestar.

Romper las barreras entre generaciones

Otra estrategia para combatir el edadismo consiste en fortalecer la convivencia entre personas de distintas edades. Mantener amistades o vínculos cercanos con personas mucho mayores o mucho más jóvenes permite comprender mejor las distintas etapas de la vida y romper prejuicios.

La escritora Anna Freixas señala que muchas ideas negativas sobre la vejez desaparecen cuando existe un contacto frecuente con adultos mayores activos, independientes y participativos. Del mismo modo, las personas mayores también pueden descubrir nuevas perspectivas al convivir con generaciones más jóvenes.

Este intercambio favorece el aprendizaje mutuo, fortalece la empatía y ayuda a eliminar estereotipos que durante décadas han separado a distintos grupos de edad.

El miedo a envejecer también refleja el miedo a la muerte

Diversas investigaciones relacionan el rechazo al envejecimiento con el temor a la muerte. Esta explicación, conocida como la teoría del manejo del terror, plantea que las personas intentan alejar cualquier símbolo que les recuerde la fragilidad de la vida.

Las arrugas, las canas o los cambios físicos propios del paso del tiempo pueden convertirse, para algunas personas, en recordatorios inevitables de que la vida avanza. En respuesta, muchas buscan mantener una apariencia juvenil como una forma simbólica de alejar esa preocupación.

Sin embargo, especialistas recuerdan que la enfermedad y la muerte no son exclusivas de la vejez. Pueden presentarse en cualquier momento de la vida, por lo que reducir el envejecimiento a una amenaza resulta una visión limitada de la experiencia humana.

¿La arruga sigue siendo bella?

Más de cuatro décadas después de que el diseñador español Adolfo Domínguez popularizara el lema "La arruga es bella", la frase continúa siendo un referente cuando se habla de aceptación del paso del tiempo.

Aunque originalmente el eslogan hacía referencia a la belleza natural de los tejidos de lino, con el paso de los años adquirió un significado mucho más amplio y terminó convirtiéndose en un símbolo de la aceptación de las imperfecciones y del envejecimiento.

Sin embargo, especialistas consideran que el hecho de que esta frase siga siendo necesaria demuestra que la sociedad aún mantiene una relación complicada con la edad. La escritora Leticia Sala, en su ensayo Dame veneno que quiero vivir, retoma las reflexiones de pensadoras como Susan Sontag y Simone de Beauvoir para analizar cómo muchas mujeres sienten presión por ocultar su edad ante el temor de perder visibilidad social.

Hacia una cultura que celebre todas las etapas de la vida

Aceptar el envejecimiento no significa renunciar al cuidado personal ni dejar de buscar bienestar físico. Significa comprender que el valor de una persona no depende de la ausencia de arrugas ni de aparentar menos años de los que tiene.

Especialistas coinciden en que el verdadero desafío consiste en transformar la forma en que la sociedad habla sobre la edad, abandonar los estereotipos y reconocer que cada etapa aporta experiencias, aprendizajes y oportunidades diferentes.

Envejecer no representa una derrota frente al tiempo, sino el privilegio de seguir viviendo. Por ello, quizá el mejor halago ya no sea decir "pareces más joven", sino simplemente expresar: "Qué bien te ves", sin que la edad sea el centro de la conversación.

Con información de El País

*ARD

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