Revisar el botiquín en casa puede revelar una realidad poco conocida: algunos medicamentos ayudan a proteger el cerebro, mientras otros podrían aumentar el riesgo de demencia. Fármacos como las estatinas o los tratamientos para la hipertensión han mostrado beneficios en la salud cerebral. Sin embargo, otros medicamentos, incluso de venta libre, podrían tener efectos negativos si se usan de forma prolongada.
Diversos estudios han explorado esta relación, aunque la mayoría son observacionales. Por lo tanto, los expertos advierten que no siempre se puede afirmar una causa directa. Aun así, existe evidencia suficiente para prestar atención a ciertos grupos de medicamentos.
Antihistamínicos y anticolinérgicos: los más estudiados
Los medicamentos anticolinérgicos son los que más preocupan a los especialistas. Estos actúan bloqueando la acetilcolina, un neurotransmisor esencial para la memoria y la atención.
Dentro de este grupo se encuentran los antihistamínicos, utilizados para tratar alergias o como somníferos. A corto plazo, pueden provocar somnolencia, confusión y fallas en la memoria. En consecuencia, su uso prolongado podría generar efectos acumulativos.
Algunos estudios sugieren que el consumo continuo de estos medicamentos durante años podría aumentar el riesgo de demencia hasta en un 50 por ciento. Este riesgo es mayor en adultos mayores.
Alternativas más seguras
Especialistas recomiendan optar por antihistamínicos de segunda generación, ya que no tienen actividad anticolinérgica. Además, en casos de insomnio, se sugiere considerar terapias no farmacológicas.
Por ello, consultar a un médico es fundamental antes de mantener un tratamiento prolongado.
Antipsicóticos: una relación compleja
Los medicamentos antipsicóticos también han sido relacionados con un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Sin embargo, existe un debate importante: no está claro si el riesgo proviene del fármaco o de la enfermedad que se trata.
Algunos estudios han encontrado que estos medicamentos pueden estar asociados con un aumento en casos de demencia, así como con mayor mortalidad en pacientes que ya la padecen.
A pesar de ello, los especialistas subrayan que estos fármacos son necesarios en enfermedades como la esquizofrenia. En consecuencia, su uso debe evaluarse cuidadosamente, equilibrando riesgos y beneficios.
Benzodiacepinas: entre la ansiedad y el riesgo cognitivo
Las benzodiacepinas, utilizadas para tratar ansiedad e insomnio, también han sido vinculadas con el deterioro cognitivo. Estas actúan reduciendo la actividad cerebral, lo que puede afectar la memoria.
La Sociedad Americana de Geriatría recomienda evitar su uso en adultos mayores. No obstante, algunos estudios recientes sugieren que el riesgo podría estar más relacionado con las condiciones subyacentes que con los medicamentos en sí.
Por lo tanto, los expertos coinciden en que se necesita más investigación para determinar su impacto real.
Inhibidores de la bomba de protones: evidencia contradictoria
Los medicamentos para el reflujo, conocidos como inhibidores de la bomba de protones, también han generado debate. Algunos estudios sugieren un posible aumento en el riesgo de demencia, mientras que otros no encuentran relación.
Una teoría señala que estos fármacos podrían causar deficiencia de vitamina B12, lo que afecta la función cognitiva. Sin embargo, la evidencia no es concluyente.
La importancia del uso responsable
El principal mensaje de los expertos es claro: no se deben suspender medicamentos sin supervisión médica. En cambio, es recomendable evaluar alternativas y reducir el uso innecesario.
Además, evitar la automedicación es clave para proteger la salud cerebral.
Conclusión: equilibrio y prevención
El uso de medicamentos debe equilibrarse con la protección de la función cognitiva. Finalmente, adoptar hábitos saludables como ejercicio, buena alimentación y estimulación mental puede reducir el riesgo de demencia.
Con información de nytimes
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