La fiebre mundialista está por alcanzar su punto máximo, pero su llegada en junio de 2026 plantea un dilema logístico para millones de estudiantes y padres de familia en México. Dado que la Copa del Mundo se celebrará en casa, varios de los encuentros más esperados coinciden directamente con el horario escolar matutino y vespertino. Esta situación ha encendido las alarmas sobre el ausentismo y ha forzado a la Secretaría de Educación Pública (SEP) a evaluar ajustes, ya que el calendario escolar marca semanas críticas de evaluaciones finales justo cuando el balón comenzará a rodar en el Estadio Azteca y otros recintos.
Los partidos que generan mayor conflicto son aquellos programados en días hábiles entre las 10:00 y las 14:00 horas. Especialmente preocupantes son los juegos de la Selección Mexicana en la fase de grupos, que suelen paralizar la actividad nacional. Debido a la diferencia horaria y la organización del torneo en Norteamérica, se prevé que al menos tres jornadas de la primera fase interfieran con las clases presenciales, lo que históricamente deriva en una caída drástica de la asistencia o en la suspensión informal de labores para ver los encuentros en las escuelas.
Ante este escenario, autoridades educativas y padres de familia han comenzado a discutir alternativas para que el evento deportivo no afecte el rendimiento académico. Mientras algunos estados sugieren recorrimientos de horario o la instalación de pantallas en las escuelas como "recurso pedagógico" para evitar que los alumnos falten, otros sectores insisten en que se debe respetar el cumplimiento de los planes de estudio, especialmente en un año donde la CNDH ha pedido priorizar el interés superior de la niñez por encima de los eventos públicos masivos.
El impacto en el cierre del ciclo escolar
El mayor reto radica en que la Copa del Mundo 2026 se empalma con el cierre administrativo del ciclo escolar. Junio es tradicionalmente el mes de exámenes finales, entrega de promedios y ceremonias de fin de curso. La interferencia de los partidos no solo afecta a los alumnos, sino también al personal docente y administrativo, quienes podrían verse rebasados por la euforia colectiva. La SEP ha recordado que, hasta el momento, no existe una suspensión oficial de clases por el Mundial, aunque la presión social suele dictar una realidad distinta en las aulas de todo el país.
Además de los juegos del "Tri", otros encuentros de alto perfil entre potencias internacionales también se cruzan con el calendario lectivo. Esto complica la situación para las familias que deben decidir entre enviar a sus hijos a la escuela o permitirles ser parte de un evento histórico que no ocurría en suelo mexicano desde 1986. Las cámaras de comercio locales también han señalado que la productividad educativa y laboral tiende a bajar hasta un 30% durante los días de partido, lo que añade una capa de complejidad económica a la discusión.
En las próximas semanas, se espera que cada entidad federativa emita lineamientos específicos sobre cómo manejarán los días de mayor actividad futbolística. La recomendación general de los expertos en educación es buscar un equilibrio: aprovechar el Mundial como una oportunidad para enseñar geografía, historia y cultura física, sin que esto signifique perder días de clase efectivos. El balón está ahora en la cancha de las autoridades, quienes deberán decidir si el Mundial será un aliado o un obstáculo para la educación en México este 2026.














