Los libros de texto gratuitos (LTG) volvieron al centro de la controversia. Oficios firmados por la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, revelan que los cambios solicitados a Marx Arriaga Navarro, entonces titular de la Dirección General de Materiales Educativos (DGME), fueron más amplios que la sola incorporación de mujeres en los contenidos de historia, como afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su conferencia del 16 de febrero.
Los documentos, obtenidos por Proceso, exhiben un conflicto que inició desde octubre y que derivó en la destitución de Arriaga, además de evidenciar diferencias sobre el rumbo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el futuro de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), modelo impulsado durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Eliminaciones en preescolar: más de una tercera parte de contenidos
En los oficios SEB/UR300/0334/2025, SEB/UR300/0335/2025 y SEB/UR300/0342/2025, la subsecretaría ordenó modificar contenidos de LTG de preescolar y primaria, así como compactar el texto Un libro sin recetas para la maestra y el maestro para el ciclo 2026-2027.
En el paquete Fase 2 Preescolar:
Se calificaron como “No pertinentes” 47 de 126 contenidos de primer grado.
En segundo grado, se descalificaron 41 de 119 materiales por considerarlos “no claros”, “confusos” o “no didácticos”.
En tercer grado, se pidió eliminar o modificar 37 de 114 contenidos.
Además, en los libros dirigidos a docentes —como Modalidades de trabajo para la acción transformadora y el codiseño Fase 2 y Cantos y juegos infantiles tradicionales de México— se propuso eliminar 67 contenidos.
La subsecretaría también planteó unificar Un libro sin recetas para la maestra y el maestro en un solo volumen más compacto, bajo criterios de austeridad republicana y eficiencia presupuestal.

Primaria: contenidos “ausentes” y actualización obligatoria
En otro oficio fechado el 28 de octubre, Juárez Pérez informó que detectó contenidos no incluidos en los LTG de primaria y ordenó iniciar formalmente su actualización.
Entre los temas señalados como ausentes destacan:
Escritura de nombres en lengua materna.
Lectura compartida en voz alta.
Narración de actividades familiares y comunitarias.
Escritura colectiva por dictado.
Descripción de objetos, lugares y seres vivos.
Derecho a la igualdad de género y vida sin violencia.
Manifestaciones culturales de pueblos indígenas, afrodescendientes y migrantes.
La instrucción incluyó incorporar estos elementos con la participación de “docentes innovadores”.
La negativa de Marx Arriaga
Arriaga respondió mediante los oficios DGME 768-2025, 810-2025 y 855-2025. En ellos sostuvo que varias observaciones no correspondían con la lógica pedagógica integral de los LTG ni con la Nueva Escuela Mexicana.
También advirtió que los materiales ya estaban en proceso de liberación para el ciclo 2026-2027 y que modificar partes sustanciales implicaría:
Reelaboración técnica especializada.
Revisión conforme al Manual de Procedimientos de la DGME.
Diagnósticos con el magisterio nacional.
Riesgo de no cumplir con el calendario escolar.
El exfuncionario subrayó que, por primera vez, existen 107 materiales educativos, desde preescolar hasta telesecundaria, elaborados sin delegar la responsabilidad a editoriales privadas.
Además, acusó que la subsecretaría emitió un “ordenamiento” sin coordinación formal, lo que —según su interpretación— vulnera atribuciones establecidas en el Reglamento Interior de la SEP.

Debate de fondo: el futuro de la NEM
Arriaga rechazó la eliminación de capítulos de Un libro sin recetas para la maestra y el maestro porque, afirmó, eso implicaría suprimir el soporte teórico de la NEM. Según explicó, el modelo busca dotar a los docentes de herramientas conceptuales y prácticas, no de prescripciones rígidas.
Incluso recordó que los LTG ya superaron cientos de amparos y controversias constitucionales, incluida una promovida por la Universidad de Guadalajara, que resolvieron a favor de los contenidos.
Mientras tanto, maestros que respaldaron a Arriaga denunciaron que la intención sería regresar la edición de materiales a editoriales privadas, lo que consideran “volver al pasado”.
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