En 2019, Luisa enfrentó un tumor de rápido crecimiento. Según el testimonio recabado por especialistas, una pareja estadounidense le aseguró que la única forma de frenar el avance del padecimiento era procrear. Bajo esa premisa, se firmó un contrato de maternidad subrogada en Tabasco, mientras que la gestación se realizó en el Estado de México, una entidad donde los vientres de alquiler no están expresamente permitidos ni prohibidos.
Durante el proceso, la gestante dejó de recibir pagos, su salud se deterioró por tratamientos hormonales y, pese a ello, fue presionada para continuar “cumpliendo” el contrato. El caso refleja un fenómeno difícil de cuantificar por la ausencia de regulación y de datos oficiales.
Un fenómeno existente, pero invisible
Sin profundizar en datos personales, Valeria González Ruiz, coordinadora de Asuntos Públicos en Early Institute, señaló que este tipo de prácticas sí existen en México, aunque no se conozca su frecuencia real.
Además, advirtió la presencia de clínicas intermediarias, abogados especializados y solicitantes extranjeros que buscan gestantes en situación vulnerable, lo que agrava los riesgos para mujeres y para niñas y niños.

Edomex intenta legislar
La diputada mexiquense Johana Alejandra Felipe Torres, del Partido Acción Nacional y presidenta de la Comisión Legislativa de Familia y Desarrollo Humano, anunció que presentará en marzo una iniciativa de ley para regular el tema en el Estado de México.
Como paso previo, organizó el foro Vientres de alquiler: ¿negocio, explotación o derecho? en el Congreso del Estado de México, con el objetivo de escuchar posturas diversas y construir una propuesta integral. La legisladora afirmó que el foco estará en proteger a las mujeres más vulnerables y garantizar el derecho a la identidad de niñas y niños.
Vientres de alquiler: explotación reproductiva
Valeria González sostuvo que la práctica configura explotación reproductiva por comercialización. Aunque reconoció que el deseo de formar una familia es legítimo, alertó que algunos procesos mercantilizan a los menores, imponiendo condiciones como sexo, color de piel, ausencia de discapacidad o fechas de nacimiento.
También cuestionó la voluntariedad real de las gestantes cuando median la pobreza y los riesgos a la salud derivados de tratamientos hormonales prolongados.

México y el turismo reproductivo
Durante varios años, México se consolidó como destino de turismo reproductivo, especialmente en Tabasco. Los solicitantes extranjeros buscaban costos menores y regulaciones endebles, apoyados por una red de intermediarios que incluso ofrecía “paquetes” con hospedaje.
Para la especialista, el Estado debe proteger a las mujeres y, al mismo tiempo, ofrecer alternativas éticas a quienes desean ser padres, sin que ello implique una obligación estatal de garantizar una familia.
¿Dónde queda la bioética?
El maestro en Bioética Marco Antonio Gracia Triñaque planteó que el debate debe partir de cómo se concibe el cuerpo humano. Subrayó que el consentimiento no legitima prácticas que degradan la dignidad y que la maternidad subrogada suele dejar a la gestante con múltiples obligaciones y escasa protección.
Además, alertó sobre casos en los que los solicitantes rechazan a uno de los mellizos o abandonan el proceso ante enfermedades, cambios de deseo o embarazos múltiples. Un hijo, afirmó, no es un producto con especificaciones, sino una persona con identidad propia.
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