Tras semanas de incertidumbre y el fallecimiento de tres personas en alta mar, el crucero MV Hondius ha fondeado finalmente en aguas de Tenerife, en las Islas Canarias. La embarcación, que se convirtió en un foco infeccioso de una rara cepa andina de hantavirus, permanece bajo un estricto perímetro de seguridad de una milla náutica frente al puerto de Granadilla. Las autoridades españolas, en coordinación con 23 países y la Organización Mundial de la Salud (OMS), han iniciado una operación logística descrita por la ministra de Sanidad, Mónica García, como un esfuerzo "sin precedentes" para garantizar la repatriación segura de más de 100 pasajeros.
El operativo ha sido diseñado con una precisión quirúrgica para evitar cualquier riesgo de contagio a la población local. Equipos sanitarios de élite ya han subido a bordo para evaluar a los pasajeros asintomáticos, quienes serán trasladados a la costa en pequeñas embarcaciones divididas por nacionalidad. Desde allí, autobuses escoltados los llevarán directamente a la pista del aeropuerto local, donde aviones fletados por gobiernos de Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea los esperan para llevarlos de regreso a sus países. Los ciudadanos españoles, por su parte, serán trasladados a Madrid para cumplir una cuarentena obligatoria en el hospital militar Gómez Ulla.
A pesar de que el hantavirus —vinculado originalmente a un vertedero en el sur de Argentina— suele transmitirse por roedores y rara vez entre humanos, la letalidad de esta cepa ha puesto en alerta máxima al sistema sanitario. El hospital de Candelaria en Tenerife ha dispuesto unidades de cuidados intensivos y equipos de aislamiento de última generación para atender cualquier emergencia durante el traslado. El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se trasladó personalmente a la isla para supervisar las maniobras y elogió la robustez de la respuesta española, pidiendo calma ante el "trauma latente" que la pandemia de COVID-19 dejó en la memoria colectiva.
Entre la vigilancia médica y la inquietud social
La llegada del "buque del miedo" no ha estado exenta de tensiones políticas y sociales. Aunque las autoridades insisten en que el riesgo para la población general es bajo, el presidente del gobierno canario y diversos sectores de trabajadores portuarios han expresado su malestar por la elección de Tenerife como punto de desembarco. Protestas ruidosas frente al parlamento local reflejaron el temor de que las medidas de seguridad pudieran flaquear, evocando comparaciones con crisis sanitarias del pasado. Sin embargo, el despliegue de la policía militar y la instalación de carpas de recepción blindadas han devuelto una relativa calma a la capital, Santa Cruz.
Para los pasajeros, la llegada a Canarias representa el fin de un confinamiento agónico en el mar, pero también el inicio de un largo proceso de vigilancia médica. Dado que el virus tiene un periodo de incubación de hasta nueve semanas, el seguimiento de los repatriados será exhaustivo. Mientras tanto, una tripulación mínima de 30 personas permanecerá en el Hondius para navegar el barco de regreso a los Países Bajos una vez concluidas las labores de evacuación en tierra española.
La operación, que se prevé concluya este lunes por la tarde, marca un hito en la gestión de crisis sanitarias internacionales en la era post-pandémica. España se ha convertido en el centro de las miradas del mundo al gestionar un brote de un virus exótico con una mezcla de rigor técnico y transparencia informativa. Mientras los aviones despegan con rumbo a diversos rincones del globo, Tenerife comienza a respirar con alivio, confiando en que los muros invisibles levantados por la ciencia y la seguridad hayan sido suficientes para contener la amenaza.









