La isla de Cuba enfrentará apagones que afectarán al 57 % del país este jueves 29 de enero, especialmente en el horario de mayor demanda energética durante la tarde y la noche, informó la compañía estatal Unión Eléctrica (UNE).
La crisis energética en la nación caribeña se ha intensificado desde el verano de 2024, con cortes de electricidad que en muchas zonas superan las 20 horas diarias, fenómeno que continúa impactando severamente a hogares y servicios básicos.
Déficit eléctrico: oferta muy inferior a la demanda
Según el reporte oficial, la UNE, perteneciente al Ministerio cubano de Energía y Minas, estima que la generación de energía no superará los 1 385 megavatios (MW) durante las horas pico de consumo, mientras que la demanda podría alcanzar 3 150 MW, lo que implica un déficit de 1 765 MW. Para evitar apagones desordenados, las autoridades programaron que la afectación real sea de 1 795 MW, desconectando de forma controlada amplias zonas del país.
Actualmente, nueve de las 16 unidades termoeléctricas operativas están fuera de servicio por averías o mantenimiento, reduciendo significativamente la capacidad de producción, cuando estas plantas representan cerca del 40 % del total de la matriz energética cubana.

Factores que agravan la crisis energética
La crisis eléctrica de Cuba no es un hecho aislado. Se produce en un contexto de crónica infrafinanciación del sector energético y dificultades estructurales en el sistema eléctrico nacional (SEN), que arrastra años de falta de inversión y deterioro de infraestructura. Expertos señalan que se necesitarían entre 8 y 10 mil millones de dólares para sanear el sistema.
A esta situación se suman las constantes averías en centrales térmicas y la escasez de divisas para comprar combustible. Además, la interrupción del suministro de crudo desde Venezuela, tras la caída de su presidente Nicolás Maduro, ha empeorado el panorama energético.
Impacto social y económico de los apagones
Los prolongados cortes de electricidad no sólo dejan a millones de cubanos sin luz, sino que también lastran la economía, que se ha contraído más del 15 % desde 2020, según cifras oficiales, y han sido uno de los detonantes de protestas en los últimos años.
Estos apagones afectan la vida diaria de la población, desde la refrigeración de alimentos, el funcionamiento de hospitales y servicios básicos, hasta la movilidad urbana y la conectividad. Sectores productivos y hogares enfrentan un desgaste creciente ante la falta de soluciones estructurales.

Escenario a mediano plazo sigue incierto
A pesar de los intentos por modernizar el sistema eléctrico, incluidos esfuerzos por incorporar fuentes renovables, la realidad es que las nuevas capacidades no compensan la magnitud del déficit energético. La infraestructura envejecida y la limitada disponibilidad de recursos internos continúan golpeando la estabilidad del servicio.
Hasta el momento, las autoridades no han anunciado un plan integral de emergencia que garantice la estabilidad del suministro ni la mitigación de los efectos sociales y económicos de la crisis eléctrica.
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