La madrugada de este jueves, un nuevo ataque ruso con drones y misiles hipersónicos sacudió a Kiev, dejando 18 muertos, entre ellos cuatro niños, y alrededor de 50 heridos. Entre los objetivos alcanzados se encuentran la sede de la Unión Europea (UE) y el edificio del British Council, lo que convierte a esta ofensiva en una de las más violentas contra la capital ucraniana desde el inicio de la guerra.
Escalada tras gestos de diálogo
El ataque ocurre pocas semanas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebrara la visita de un alto mando ruso acusado de crímenes de guerra y le entregara una carta personal de su esposa, Melania Trump, donde pedía clemencia hacia los niños ucranianos.
Para la embajadora de Ucrania ante la UE, Katarina Mathernova, la ofensiva representa “la verdadera respuesta de Moscú a los esfuerzos de paz”.

Autoridades británicas y ucranianas reaccionan
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, confirmó que las instalaciones del British Council resultaron severamente afectadas. A su vez, el alcalde de Kiev, Vitali Klitschkó, informó que 40 de los heridos han sido hospitalizados y que 10 personas permanecen desaparecidas.
Los ataques alcanzaron zonas residenciales, un centro comercial, una guardería y oficinas del diario Ukrainska Pravda, lo que aumentó la percepción de que Rusia dirige sus ataques contra infraestructura civil.
Bruselas condena la ofensiva
La alta representante de la UE para Política Exterior, Kaja Kallas, lamentó que “mientras el mundo busca un camino hacia la paz, Rusia responde con misiles”. Además, advirtió que este ataque refleja una decisión deliberada de Moscú de intensificar la tensión en Europa.
“Misión cumplida”, responde el Kremlin
En contraste, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, negó los señalamientos y reiteró que las Fuerzas Armadas rusas “no atacan infraestructura civil”. Pese a la evidencia, sostuvo que la ofensiva fue “exitosa” y que la “operación militar especial” continuará hasta alcanzar sus objetivos, aunque insistió en que Moscú mantiene disposición para el diálogo político-diplomático.
Al mismo tiempo, Peskov acusó a Ucrania de atacar “infraestructura pacífica rusa”, en referencia a los bombardeos contra refinerías de combustible en territorio ruso.
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