El adiós de Romo y su limitado poder

El adiós de Romo y su limitado poder


Por Juan Bustillos el 2020-12-05

Aunque no se aleja de la 4T, la renuncia al cargo (y eliminación del mismo) como Jefe de la Oficina de la Presidencia del empresario regiomontano, marca, si no el rompimiento, sí el distanciamiento definitivo de la iniciativa privada con López Obrador

Alfonso Romo ha sido uno de los más irrelevantes jefes de la Oficina de la Presidencia. Ante la cerrazón para acuerdos de su Jefe el Presidente, en su cargo solo vio fracasos.

> El impacto mediático y político de la despedida de Alfonso Romo de su aventura burocrática intentó ser amortiguada con el dicho de que sólo estaría dos años en el gobierno, pero de existir tal acuerdo constituye el secreto mejor guardado de la “Cuarta Transformación”

Pese a haber apostado por la amistad, la lealtad y el proyecto de Andrés Manuel López Obrador desde 2010, Alfonso Romo no fue tan poderoso como José Córdoba Montoya, Ramón Muñoz Gutiérrez y Juan Camilo Mouriño, sus antecesores en la jefatura de la Oficina de la Presidencia.

No correspondieron a su lealtad y compromiso, pero no se puede llamar a engaño, pues a tiempo llegó a conocer a profundidad la personalidad de Andrés Manuel López Obrador y de quienes lo cooptaron a lo largo de su lucha por conquistar el poder absoluto. Sabía de antemano que fracasaría ante la tozudez de un hombre convencido de gobernar sin escuchar consejos, pero también incapaz de ir en contra de los radicales de izquierda. Se arriesgó, pero no pudo cambiar la realidad.

Su equivocación fue tal que su salida fue aprovechada por su amigo el Presidente para desaparecer su oficina en nombre de la austeridad, pero sobre todo de la irrelevancia. Conclusión: es descarnado, pero lo tuvo dos años no por amigo sino para pagar que su presencia sirviera de distractor momentáneo a la clase empresarial que se fue con la finta de que el futuro no sería el presagiado por los augures.

Fue jefe de la Oficina de la Presidencia porque lo necesitaran para otras cosas o sirviera de algo, al contrario de sus antecesores en la misma oficina.

Pepe Córdoba fue, él sí, una especie de vicepresidente de Carlos Salinas, factor fundamental en casi todo, hasta en seguridad nacional; encabezó el bloqueo a la candidatura presidencial de Manuel Camacho y, al ser ejecutado Luis Donaldo Colosio, logró influir para postular a su candidato, Ernesto Zedillo. Luego tuvo la sabiduría de alejarse para no constituir obstáculo.

Ramón Muñoz hizo alianza con Marta Sahagún para compartir el poder con Vicente Fox y dar cierta coherencia al primer sexenio de la alternancia. Soporta la leyenda negra de que, por su condición de psicólogo industrial, fue quien aconsejó al entonces Presidente el uso de medicamentos, como el Prozac, para ausentarse de la realidad.

Juan Camilo Muriño fue el poder tras Felipe Calderón, pero tanto ambicionaba sucederlo que apresuró su paso a Gobernación. Fue así como viajó a San Luis Potosí a un evento del secretario de Seguridad, Genaro García Luna, mientras éste permanecía en la Ciudad de México honrando policías federales caídos en cumplimento de su deber. A su regreso su avión se desplomó en las Lomas de Chapultepec.

Juan Camilo Mouriño fue el poder tras Felipe Calderón, pero tanto ambicionaba sucederlo que apresuró su paso a Gobernación.

En contraste, en los dos años pactados de común acuerdo de permanecer en el gobierno de la Cuarta Transformación, el bisnieto de Francisco I. Madero, uno de los antecesores de López Obrador en intentar transformaciones, ha sido uno de los más irrelevantes jefes de la Oficina de la Presidencia. Ni siquiera tuvo la influencia de Paty Flores con Felipe Calderón que al menos cuando transita por la avenida Reforma puede admirar su legado, la “Estela de Luz”.

 

DE FRACASO EN FRACASO

Romo llegó a la jefatura de la Presidencia sin aspirar al puesto, sin aspiraciones futuras y, si hemos de creerle, sólo para ayudar a su amigo a que su clase, la empresarial, fuese aliada de la Cuarta Transformación. Fracasó desde el primer día ante la decisión de López Obrador de encabezar el gobierno de solo un hombre que no escucha, pero es influido por los radicales de la 4T.

La cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, mediante la más burda de las consultas populares, hizo añicos su promesa a los empresarios de que no ocurriría y constituyó el primero y el más sonoro de sus fracasos.

Las crónicas sobre su paso por una de las oficinas más cercanas al Presidente dirán que ni siquiera pudo evitar la cancelación de la planta de la cervecera Constellation Brands, salvar el outsourcing, ni evitar que los organismos reguladores energéticos fuesen desmantelados

Como flamante coordinador del Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, caminó de fracaso en fracaso.

La lista de sus derrotas es larga y resulta ocioso enumerarla, pero no está por demás recordar algunas, por lo menos los más recientes.

Ante la fuerza de Rocío Nahle, nada pudo hacer en la elaboración del último plan de obras de infraestructura y sus pares, los empresarios; quedaron fuera de los proyectos petroleros y energías renovables.

No pudo siquiera con el secretario de Comunicaciones y Transportes, Jorge Arganis, que canceló el Paquete Sureste, en el que intervendría Banobras.

Su derrota fue cantada con la despedida de Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda. Lo identificó como imposición de López Obrador de uno de los “funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”, pero además insinuó lo que ahora, ya sin poder, se dice abiertamente. Habría incurrido en “conflicto de intereses”, es decir, aprovecharía su posición y cercanía al Presidente para beneficiar a sus empresas.

A los señalamientos del ex secretario de Hacienda de haber impuesto en el SAT a Margarita Ríos Fajart (ahora en la Suprema Corte de Justicia de la Nación), y a Eugenio Nájera en Nafin, se sumó la grabación del audio filtrada por Víctor Manuel Toledo para justificar su propia salida de la Secretaría de Medio Ambiente: Romo “ha adquirido una enorme rentabilidad y poder dentro del Gobierno”.

 

CANSADO DE ACUERDOS INCUMPLIDOS

Consciente desde la cena en la Casa Blanca con Donald Trump del incumplimiento de las promesas a los hombres de negocios norteamericanos y mexicanos sobre la participación de la iniciativa privada en el desarrollo de México, el regiomontano imitó a Jesús Seade que atendía la Subsecretaría para América del Norte desde su domicilio en Hong Kong. Se refugió en su rancho de Nuevo León y aparecía esporádicamente por su oficina y se reunía con su jefe y amigo.

De hecho, con pretexto de visitar en Nueva York a Larry Fink, de BlackRock, no viajó con López Obrador a Washington en vuelo comercial. Prefirió usar su avión privado.

El adiós de Romo al gobierno, pero no a la 4T, marca, si no el rompimiento, si el distanciamiento definitivo del sector empresarial con López Obrador, aunque no el de quienes estarán siempre con el Príncipe en turno, sin importar las siglas partidistas o ideológicas. Antes, en alianza con Marta Sahagún, apostaron por el desafuero de quien era jefe de Gobierno de la Ciudad de México para hacer ganar a Calderón. En 2024 seguirán con quien suceda a Andrés Manuel o con quien rompa, de ocurrir, con la continuidad de la transformación.

El impacto mediático y político de la despedida del empresario regiomontano de su aventura burocrática intentó ser amortiguada justificándola con el pacto de que sólo estaría dos años en el gobierno, pero de existir tal acuerdo constituye el secreto mejor guardado de la 4T.

No obstante, se puede escuchar en las redes sociales el reclamo en su nombre del no honramiento de la amistad y las lealtades, así como su cansancio de que los acuerdos nunca se cumpliesen.

Romo regresa a lo que mejor sabe hacer, negocios, y el presidente pierde a uno de sus escasos contactos con la realidad. Sólo quedan Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Julio Scherer.

A manera de despedida, en la inauguración del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, dijo sin tapujos que “No podemos manejar un país que está decreciendo alrededor del 9% como si estuviéramos creciendo al 9%”.

Ese es el país que gobierna su amigo y ex jefe López Obrador quien, para variar, tiene otros datos, y ya no tendrá más jefe, que él mismo, en su oficina.

 *BC