Monreal, más que oportunista

Monreal, más que oportunista


Por Juan Ramón Bustillos el 2020-12-05

El senador quiso ganar la primicia del anuncio de que, con el supuesto 71% de apoyo popular, que afirma Gobernación que tiene, si López Obrador se postula nuevamente candidato a la Presidencia, no habría quien le gane. Pero nadie lo volteó a ver

 “Acá toy”, pareció gritar el senador zacatecano, Ricardo Monreal, al adular, exageradamente, al Presidente López Obrador.

> Hasta los más entusiastas aduladores del Presidente dejaron solo al zacatecano con la mano alzada en un desesperado intento de llamar su atención porque a la vista se ha rezagado en la competición tempranera que mantiene con Sheinbaum y Ebrard

Han pasado seis días del segundo informe del Presidente López Obrador (en realidad, el inicio del tercer año del sexenio) y nada queda en la memoria, si acaso la revelación de su “otro dato”, obsequiado por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, de que el 71 por ciento de la población lo apoya.

No hay razón para dudar de él, pero sí del dato de Gobernación porque las encuestas profesionales dicen que mantiene niveles altos de popularidad y Sánchez Cordero aún no dice cómo obtuvo el porcentaje; sí, muchos quieren a AMLO, pero no tantos como para justificar el apresuramiento de Ricardo Monreal para que nadie en la 4T, ni siquiera en las redes sociales, le ganara la primicia del anuncio de que, con ese nivel de apoyo popular, si López Obrador se postula nuevamente candidato a la Presidencia, no habría quien le gane.

Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, aún no dice cómo obtuvo el porcentaje (71) de apoyo popular del Presidente.

Es tan increíble el dato presidencial que nadie se atrevió a competir al coordinador de los senadores de Morena en el cultivo yucateco a que sometió a López Obrador.

Hasta los más entusiastas aduladores del Presidente dejaron solo a Monreal con la mano alzada en un desesperado intento de llamar su atención porque a la vista se ha rezagado en la competición tempranera que mantiene con Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard; ella, claro proyecto de López Obrador y él, vicepresidente de facto.

“Acá toy”, pareció gritar el zacatecano al tabasqueño, sabedor de que ni por asomo cruza por su mente el deseo de modificar la Constitución en la legislatura próxima. Y no por falta de ganas, sino por pragmatismo puro.

No escapa a Monreal que, aun deseándolo con toda el alma, López Obrador está consciente que no existen ni se presentarán las condiciones ideales para seguir en el poder por seis años más.

Quizás sí como el jefe Máximo de la Revolución, Plutarco Elías Calles, o como lo intentó Luis Echeverría, con un minimato. No obstante, siendo tanto parecido con Donald Trump en algunos aspectos, a los 71 años de edad difícilmente se embarcaría en la aventura de protagonizar seis años más de conferencias mañaneras, por más que lo llenen y sean todo en su vida.

Pero suponiendo, como esperamos, que los cuatro años intensos que le faltan al frente del país no lo desgasten físicamente ni incidan en su salud, el tema no es ni físico ni de salud, sino de convicción democrática.

López Obrador reitera en cada oportunidad que dispone de un micrófono su admiración por el apóstol de la Democracia que dio la vida por el sufragio efectivo y la no reelección; también ha dicho insistentemente que no cuenten con él para traicionar su vocación democrática.

Entonces no es por ahí, y Monreal lo sabe.

Pero, además, para reformar la Constitución y permitir la reelección del jefe del Ejecutivo federal y consecuentemente la de los estatales, Morena necesita mantener el control del Congreso de la Unión. Puede conseguir en las elecciones del 2021 el de la Cámara de Diputados, pero Monreal no podría garantizar las dos terceras partes de la votación requerida, a menos que lo auxilie la Unidad de Inteligencia Financiera de Santiago Nieto y someta a las oposiciones.

 

LOS RIESGOS DEL INTENTO

A Monreal tampoco escapa que la mera insinuación de una reforma constitucional en ese sentido provocaría malestar en todos los sectores de la población, incluido el militar; quizás sería recibida con entusiasmo por los millones de seguidores de Andrés Manuel, pero la polarización social aumentaría a niveles de escándalo y de peligro innecesarios.

De esta suerte, el senador zacatecano sabe que López Obrador podría tener el 100 por ciento de popularidad y desear pasar el resto de su vida en Palacio Nacional protagonizando una conferencia mañanera perpetua, pero se trataría de un sueño guajiro que el propio Presidente rechaza por aberrante.

Entonces, ¿por qué creyó necesario el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta lisonjear a López Obrador adelantándose a todos los aduladores a exclamar que lo quiere tanto el pueblo que si se postulara de nueva cuenta volvería a imponerse en las urnas?

Es cierto que en 2018 dejó tan maltrecha a la oposición que no hay quien pudiera hacerle frente, sean ciertos o no sus datos de popularidad.

Digamos que Felipe Calderón no volvería a ganarle; Vicente Fox, con todo y que fue tan popular como él, no conseguiría sus números del 2000; José Antonio Meade no permitiría que lo embarcaran de nueva cuenta en una aventura sin futuro, y Ricardo Anaya no se atrevería a enfrentarlo.

Pero, aun así, ¿López Obrador estaría dispuesto a perder lo ganado en el supuesto de que su proyecto no lleve a pique al país y nos eleve a los niveles de Dinamarca, sólo por pasar a la historia como Álvaro Obregón que, héroe y todo en la Revolución, traicionó a Francisco I. Madero reeligiéndose?

Monreal sabe que en lo último que piensa López Obrador es en repetir el episodio del Manco de Celaya y, en todo caso, no haría gestos, como asenté, si el caso fuera emular al “Turco”. Pero para esto necesitaría que Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, el senador por Zacatecas o cualquier otro que se apunte, estuvieran dispuestos a repetir el triste papel de “El Nopalito” Pascual Ortiz Rubio.

Si así fuera, Andrés Manuel, que sabe mucho de historia patria, tiene presente que el general Lázaro Cárdenas, aún y queriendo a Plutarco como un padre, no dudó en enviarle al general Rafael Navarro Cortina, comandante de las Fuerzas Militares del Distrito Federal, a 20 soldados y ocho policías a invitarlo, de parte del Presidente de la República, a abordar un avión en el aeropuerto de Balbuena que lo trasladó a Brownsville, Texas, para iniciar el exilio que duró seis años hasta que Manuel Ávila Camacho le permitió regresar a México.

Es probable que entre los tres aspirantes visibles a suceder a López Obrador haya alguno con las características de Ortiz Rubio, pero ninguno con las del general Cárdenas. Sin embargo, la historia no tiene por qué repetirse detalle a detalle.

Cuando Echeverría pretendió que José López Portillo fuese su “Nopalito”, le bastó un discurso de don Javier García Paniagua en el Monumento a la Revolución recordando que mirando el mar el general Cárdenas concluyó que sólo las olas regresan.

Para no equivocarnos, el entonces subsecretario de Gobernación interpretó a Cárdenas diciendo: “En el estadio superior de la política nacional, los hombres no deben regresar porque son necesarias las sustituciones de ellos en el poder. Es ambición tan perversa como inútil intentar el retorno a la dirección política del país de manos ajenas a la responsabilidad presidencial”.

Así las cosas, se entiende que el Presidente no se diera por aludido con la lisonja y que nadie hiciera coro a Monreal que se exhibió sin necesidad, pues tiene carrera de sobra para competir.

Pero esta vez lució oportunista, como cuando anunció en la Cámara de Diputados la primera muerte en el sexenio de Enrique Peña Nieto sólo para disculparse poco después alegando que alguien lo embarcó con una mentira.

Se sabe que ni el Presidente se lo agradeció, muy al contrario. Quizás en el próximo desayuno se lo diga, pues ya sabemos que el pecho de López Obrador no suele guardarse nada.

 *BC