Cuando AMLO escucha un mariachi no entiende sus canciones y necesidades

Cuando AMLO escucha un mariachi no entiende sus canciones y necesidades


Por Juan Bustillos el 2020-11-27

El coronavirus y la consecuente crisis económica han dejado sin trabajo al mariachi que en el Palacio de Bellas Artes hacía marco al ballet de doña Amalia Hernández

En definitiva, no conocí a Valente Pastor en Las Pilas ni en Puerta de Barro porque cuando salí de El Grullo de la mano derecha de Doña Clemen (con la izquierda cargaba la pequeña caja de cartón en que cabían nuestras pertenencias), el gran Vale ni siquiera nacía allá por Las Pilas.

Recuerdo la primera ocasión que lo oí cantar al lado de Carlos Rivera Aceves que entró al quite a gobernar Jalisco cuando las explosiones en las alcantarillas de Guadalajara se llevaron con ellas a los entrañables Guillermo Cosío Vidaurri y a Enrique Dau Flores.

Fue una tarde maravillosa, incluido el “Toro de 11”, cuando El Grullo entregó las llaves del pueblo al hijo pródigo que sometió a chantaje a Luis Donaldo Colosio, a causa de una cena con Carlos Salinas y el gabinete, pero sin Manuel Camacho, para que pavimentara las calles empedradas que llevan al jardín del amado pueblo.

Dirán mis dos o tres lectores leales que aún me quedan que poco les importa si Pelo Chino inició la pavimentación vial de la capital del mundo y la única sucursal de el cielo o si Juan Ramón de la Fuente y José Antonio González Fernández le construyeron un hospital para que los grullenses sin recursos no cargaran en sus actas de nacimiento la afrenta de haber nacido en Autlán que, por otra parte, también es una honra.

Exigirán que hable de Rosario Robles, del general Salvador Cienfuegos, Emilio Lozoya o el riesgo en que el presidente López Obrador se ha colocado de ser juzgado en el futuro mediato por delitos, al menos electorales, gracias a su iniciativa ya aprobada de desaparecer el fuero constitucional presidencial.

Pero en ocasiones, y esta es una de ellas, al tunde máquinas, como se decía en la prehistoria, o el escribidor, como nos define Héctor Aguilar Camín, tiene derecho a usar su espacio para abordar temas que merecen la atención del lector o que al menos para él son ineludibles.

De camino de Guadalajara a El Grullo, transportando carga en su camioneta, lo que lo ocupa hoy para sobrevivir (además de impartir clases de canto), Valente, el mejor cantante de rancheras –y que me perdone nuestro paisano el gran Vicente Fernández— me habla de las angustias de Humberto “El viejón” Medina y su, nuestro, mariachi, El Real de Jalisco, como, caballito de tequila en mano, lo bautizó la insuperable Lola Beltrán.

El coronavirus y la consecuente crisis económica han dejado sin trabajo al mariachi que en el Palacio de Bellas Artes hacía marco al ballet de doña Amalia Hernández, y cuya presencia era obligada en IMPACTO cuando los amigos podíamos reunirnos y pagar hasta que Valente empezaba a padecer afonía. Miento, jamás le ocurrió entre las tres de la tarde y las cinco de la madrugada. No se más tarde.

O cuando Cátaro ya no podía hacer llorar más al violín con los sones huastecos, Miguel en el guitarrón, Héctor con el otro violín o El Viejón emocionarnos cantando que los amigos, como tú y como yo de toda la vida, los que no se ven muy seguido y nunca se olvidan, pero que cuando se ven, nos vemos y lo festejamos. No faltaba más.

Pues bien, Vale, nacido en el mismo pueblo en donde todos cantan como ángeles, excepto este escribidor, me platica de la desgracia que vive un grupo de mexicanos representativos. Lo concreta en unas cuantas palabras: ni el Vargas de Tecalitlán tiene trabajo.

Hay razones. A un buen mariachi lo integran al menos 11 músicos, es decir, un ejército, y si a ellos sumamos los asistentes al festejo, el contagio es seguro. Pero además está el costo. No son tiempos para desembolsar lo que cuesta escuchar buena música. En realidad, no alcanza ni para los que corretean la chuleta persiguiendo carros en el Eje Central, frente a Garibaldi, muy cerca de El Tenampa y los dominios que fueron de La Chuja, nacida en el meritito El Grullo.

Humberto, El Viejón, consuegro de ya saben quien –no confundir, no se trata de el presidente López Obrador— se armó de valor y escribió una carta pidiendo auxilio al único que todo lo puede, el jefe del Ejecutivo Federal.

Le dice que encabeza un grupo que se dedica a la música mexicana desde 1963. Se trata del “Mariachi Real de Jalisco”, “así nombrado por la Señora Lola Beltrán (q.e.p.d.) con quien trabajamos muchos años; tenemos una gran trayectoria, hemos trabajado con famosos artistas como Vicente Fernández con quien participamos en 17 películas.

“Tenemos 45 años trabajando en el Palacio de Bellas Artes con el famoso ballet de Amalia Hernández. Comenzó con el Sr. Isidro Medina (q.e.p.d.) como director y posteriormente tomé la dirección; mi nombre es Humberto Medina”.

Y concluye: “Nuestro grupo musical ha sido como muchos grupos, afectado por la pandemia del COVID 19; sin embargo, siendo el mariachi un Patrimonio Cultural (así fue nombrado por la Unesco en el año 2011), me atrevo a solicitar apoyo al Gobierno Federal pues es un patrimonio cultural que debe prevalecer por siempre en nuestro país, ya que tiene origen mestizo”.

El Viejón guarda esperanzas de que López Obrador se entere de la tragedia que viven quienes tocan música vernácula y encuentre la manera de ayudarlos a sobrevivir la pandemia, pero no quiero desanimarlo.

No creo que al presidente emocionen las canciones rancheras.

Se permitió un tuit para homenajear a Diego Armando Maradona, no por ser un Dios del futbol, sino por ser políticamente incorrecto y abierto aliado de sus héroes, Fidel Castro (cuyo rostro se tatuó en su divina pierna izquierda), Evo Morales y Hugo Chávez.

Pero la gran Flor Silvestre no le mereció una palabra, quizás porque nada le significan Cruz de Olvido, Pa´todo el año, El ramalazo, La media vuelta, Échame a mí la culpa, El peor de los caminos, Qué bonito amor, Con un polvo y otro polvo, y ni hablar de Luciano Romero “El hombre del alazán”. Vaya no creo que entienda el sentir de Valente cuando pregunuta “¿tú qué sabes de la vida? ¿tú que entiende de pasiones? Tú cuando oyes un mariachi, no comprendes sus canciones

El Viejón y “El Real de Jalisco”, del mero Ameca, camino al santuario de la Virgen de Talpa, como El Vargas de Tecalitlán y los que corretean carros en Eje Central, tendrán que esperar mejores tiempos, como muchos mexicanos, incluidos los que alguna vez los perdió en las calles de la gran ciudad y llegó a la serenata sólo con Valente y el compa de la trompeta que estando desarmado sólo pudo chiflar para acompañar al hijo predilecto de El Grullo que a estas horas debe estar descansando después de descargar su camioneta y regresar a Guadalajara a preparar otro viaje.

Si Dios lo permite, pronto nos dará la noche y la madrugada en nuestro lugar, el “Panchos Bar”. Ahí, a gritos desentonaremos a mi mariachi, comeremos, beberemos y lloraremos cantando que nos encuentran tomando con la muerte y ella invita.

*BC