¿Arrogancia por ser libres o show para presumir autonomía?

¿Arrogancia por ser libres o show para presumir autonomía?


Por Juan Bustillos el 2020-09-03

El presidente López Obrador presumió la ausencia del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, y del fiscal General de la República en su “informe”, en realidad conferencia mañanera tardía por aquello de que el único cambio sustancial fue la hora, de las 7 a las 9.

A esta ausencia, que celebran con una novísima actitud que debemos a la Cuarta Transformación, la calificó de “arrogancia de sentirse libres”, en el inexistente mejor sentido del sustantivo que convertido en el calificativo arrogante significa, en buen español, soberbio, engreido, etcétera.

López Obrador se equivoca al creer, no dudo que sinceramente, que la historia moderna del país debe datarse a partir del 1 de diciembre de 2018, es decir, antes y después de la 4T, como ocurrió con el verdadero hijo de Dios, aunque no laico: Antes y después de Cristo.

Debe reconocer que algunas cosas buenas ocurrieron un poco antes de su asunción al poder.

Por ejemplo, si platica con su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, podría enterarse que apenas llegó Ernesto Zedillo a la Presidencia reformó la Constitución para disminuir la cantidad de ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y dejarlos de 26 en 11, como hasta hoy, y que estos se reunieron para elegir a su presidente, Vicente Aguinaco, sin que el sucesor de Carlos Salinas les dictase consigna.

La fecha de esta histórica reforma tiene que ver con Morena, pero no con el partido de López Obrador, sino con Guadalupe, la Virgen del Tepeyac, pues ocurrió un 12 de diciembre.

Si con el tiempo, algunos gobernantes utilizaron la aprobación por parte del Senado para ingresar como ministros a sus amigos o socios y convirtieron a la Corte en el templo de donde Jesús echó a latigazos a los prostituidos traficantes de influencias, culpa fue de los tiempos.

Para lo que hoy nos interesa, Aguinaco se distinguió por no asistir a los eventos del presidente de la República; lo empezó a hacer hasta que discernió que debía acudir a los que Zedillo encabezaba como jefe del Estado mexicano, en los que por necesidad deben hacer presencia los tres Poderes de la Unión, como el informe presidencial, por ejemplo, y no a los del jefe de Gobierno, es decir, una conferencia de prensa o la inauguración de una carretera.

La ausencia de Aguinaco no molestaba a Zedillo; sin ser abogado tenía bien clara la diferencia entre jefe de Estado y de Gobierno. Por esta razón, tampoco invitó a evento alguno al presidente del IFE, José Woldenberg.

Tampoco es novedad la autonomía de lo que ahora es la Fiscalía General de la República y en aquellos tiempos era la PGR.

Primero, Zedillo le dio autonomía de facto al ofrecer a Diego Fernández de Ceballos la titularidad de la PGR, pero El Jefe declinó y recomendó con Fauzi Handam y Gabriel Jiménez Remus a Antonio Lozano Gracia que fungía nada menos como coordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados. En otras palabras, la procuración de justicia quedó en manos del partido antagónico del que ostentaba el poder.

Lozano Gracia aceptó, pero pidió al presidente Zedillo no imponerle a sus colaboradores ni dictarle consignas.

El segundo paso fue convertir en ley la iniciativa elaborada por Santiago Creel y Fernando Gómez Mont que otorgó autonomía técnica al Ministerio Público de la Federación.

La autonomía era necesaria porque la PGR tenía en sus manos casos emblemáticos, como los asesinatos del cardenal Juan José Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Masieu.

El terrible desempeño de Lozano Gracia en la PGR (con el auxilio de Pablo Chapa Bezanilla usó una vidente, La Paca, para ubicar esqueletos y pagó testigos a precio de oro) y la manera como se comportaron los sucesores de los ministros de aquella Corte conducida por Aguinaco en nada demeritan las innovaciones de Zedillo que datan de un cuarto de siglo antes de la 4T.

A nadie escapa que la ausencia del presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, y del fiscal Gertz Manero en el segundo “informe” de López Obrador estuvo más arreglada que las peleas de box del promotor griego George Parnasus y que no fue producto de su soberbia o altanería “por sentirse libres”; simplemente actuaron a petición de parte.

Como sea, su ausencia aún basada en su libertad, por “arrogante” que sea, nada significa porque el evento del lunes a las 9 horas en el Palacio Nacional no fue de Estado, sino de una coalición de Gobierno y no requería la presencia de los tres Poderes ni de funcionarios autónomos como el Fiscal General.

Hay hechos que descartan la recién nacida arrogancia, quizás el Presidente quiso decir la gallardía de sentirse libres.

Gertz Manero no la ha mostrado condenando la filtración de la denuncia de Emilio Lozoya de los casos Odebrecht y Agrinotrogenados que debió escapar de su oficina porque ostentaba el sello de la Oficina del Fiscal General de la República, y que además la FGR validó mediante un comunicado pese a las groseras alteraciones con que fue puesta en circulación.

Tampoco se ha quejado de la insistencia presidencial en poner en riesgo la presunción de inocencia y el debido proceso de los implicados en los casos denunciados por el ex director de Pemex; sí en cambio lo hizo contra el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, pero calló cuando López Obrador explicó que Santiago Nieto sólo hace lo que le autorizan u ordenan.

El ministro presidente ha exhibido su “arrogancia”, pero con los jueces que se han atrevido a contrariar los deseos de López Obrador.

Como titular de la Judicatura Federal suspendió por supuestos actos de corrupción al Magistrado Arturo Camero Campos, integrante del Décimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa, en octubre de 2019, cuatro meses después que otorgaron una suspensión provisional de amparo a #NoMásDerroches y ordenaron preservar las ya canceladas obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Su arrogancia fue un poco más veloz al suspender en apenas 24 horas para ser investigado al secretario de Juzgado Amós Olivera Sánchez, que actuando en funciones de juez por vacaciones del titular, otorgó amparo definitivo al propietario de Altos Hornos de México, Alonso Ancira, sujeto a juicio de extradición de España por supuestamente haber sobornado a Lozoya con 3.5 millones de dólares.

Con estos antecedentes hay indicios para suponer que la pretendida “arrogancia por sentirse libres”, que de no ser remarcada por el presidente habría pasado desapercibida el lunes, fue sólo un show bien armado para distinguir la conferencia mañanera que pretendieron hacer pasar como informe presidencial.

*BC