La fuerza moral de AMLO derrotó a la corrupción

Más pronto cae un hablador que un cojo, decían los viejos, ese grupo social que por razones de edad es vulnerable a ser atacado por el coronavirus.

El sabio refrán popular viene a cuento porque el Presidente López Obrador causó conmoción mediática al usar cubrebocas en su segundo encuentro con el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz.

Este insólito gesto sólo puede traducirse en tres supuestos:

a) Quirino padece Covid-19 y el presidente teme ser contagiado por la saliva del mandatario estatal,

b) La fuerza moral de López Obrador sucumbió ante el virus y, aunque asintomático, lo trae consigo, o

c) Se acabó la corrupción.

Espero que la última sea la causa por la que el presidente se atrevió a dejar en ridículo a su científico de cabecera, Hugo López Gatell, y ahora ya luce, como cualquier ciudadano responsable, la prenda que no nos salva del coronavirus, pero que en mucho ayuda a que no se propague al ritmo acelerado que lo está haciendo.

Si esta es la razón del cubrebocas presidencial, entonces amerita que el 4 de agosto sea declarado día de fiesta nacional porque la pandemia más letal que ha azotado al país, no la Covid-19, sino la corrupción, finalmente sucumbió ante su más fervoroso combatiente, el presidente López Obrador.

Libre del flagelo más funesto, como lo ha calificado el cruzado iluminado e hijo único laico de Dios, como ha definido Porfirio Muñoz Ledo a López Obrador, el país ya podrá transitar sin problema la nueva normalidad de la Cuarta Transformación.

Pero la realidad parece otra y no la derrota de la corrupción.

Sin embargo, es buena noticia que el presidente entrase en cordura y aceptara por fin su obligación mínima de ofrecer ejemplo a la población.

Es cierto que no es la primera ocasión que usa el adminículo, pues ya lo hizo en los aviones que lo llevaron a la cita histórica con Donald Trump en la Casa Blanca, pero en Culiacán no lo necesitaba, como no lo usó en Nayarit y en las entidades que ha visitado en su incesante campaña electoral a pesar de la pandemia.

Y sí, espero que el uso de la mascarilla tenga que ver con la aceptación presidencial de que, con casi 50 mil fallecimientos y 500 mil contagiados, es momento de dar ejemplo y no que él o su anfitrión padezcan Covid.

¿La corrupción? Aún le quedan 4 años para exterminarla.

*BC