La Fiscalía General del Estado (FGE) y la Diócesis Chilpancingo-Chilapa confirmaron el hallazgo del cuerpo sin vida del sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada, reportado como desaparecido desde el pasado 4 de octubre.
La Diócesis informó a través de redes sociales el deceso del párroco de la comunidad de Mezcala, municipio de Eduardo Neri, mediante una esquela donde expresó su pesar y recordó su vocación de servicio.
El religioso era originario de Cocula, en la región norte de Guerrero, y ejercía su ministerio en la parroquia de San Cristóbal, donde era conocido por su cercanía con la comunidad.

Hallan el cuerpo del sacerdote en la carretera México–Acapulco
El cadáver fue localizado con heridas de bala en el kilómetro 199 de la carretera federal México-Acapulco, entre Zumpango, cabecera municipal de Eduardo Neri, y el punto conocido como Casa Verde.
“El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio. Así vivió un verdadero sacerdote”, se leyó en la esquela difundida por la Diócesis, encabezada por el obispo José de Jesús González Hernández.
Por estos hechos, la Fiscalía General del Estado informó que se abrió una carpeta de investigación para esclarecer el crimen.

Investigaciones y operativo de búsqueda
El cuerpo fue encontrado por elementos estatales y federales que participaban en el operativo de búsqueda tras la denuncia por la desaparición del sacerdote.
Fuentes ministeriales informaron que el hallazgo se dio en una zona de difícil acceso. Hasta el momento, se desconocen las circunstancias exactas del asesinato, aunque trascendió que el sacerdote habría estado acompañado por un hombre cuya identidad no ha sido revelada y quien es buscado para rendir declaración.
Peritos y agentes de la FGE realizaron el levantamiento del cuerpo y lo trasladaron al Servicio Médico Forense (Semefo) para la práctica de la necropsia de ley.
Violencia contra sacerdotes en Guerrero
Guerrero ha sido escenario de múltiples ataques contra sacerdotes católicos en la última década.
Entre los casos más recordados se encuentran:
Joel Román Salazar, de la diócesis de Ciudad Altamirano, asesinado en febrero de 2013.
El misionero ugandés John Ssenyondo, secuestrado en abril de 2014 y hallado en una fosa clandestina en Cocula ese mismo año.
El padre José Ascensión Acula Osorio, secuestrado y asesinado en San Miguel Totolapan en 2014.
Y el sacerdote Gregorio López Gorostieta, también de Ciudad Altamirano, asesinado el 25 de diciembre de 2014.
Estos casos evidencian el riesgo constante que enfrentan los líderes religiosos en regiones donde persisten la violencia y el crimen organizado.

Con información de El Financiero
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