El 2 de agosto de 2024 quedó grabado en la memoria de cientos de familias del municipio de Chalco, Estado de México. Aquel día, una inundación sin precedentes dejó bajo el agua a colonias enteras como Jardines de Chalco, San Miguel Jacalones Dos y Culturas, esta última considerada la “zona cero” por alcanzar niveles de hasta dos metros de agua negra en las viviendas.
A un año de la catástrofe, las historias de quienes vivieron bajo el agua más de un mes siguen causando indignación. Vecinos denuncian que los problemas de drenaje persisten, que las llamadas “coladeras fantasma” siguen sin conectarse al drenaje profundo y que las obras recientes, como el Trolebús, no han traído soluciones reales.

Coladeras fantasma: el problema invisible que mantiene a Chalco en riesgo
En la colonia Jardines de Chalco, María Luisa Cervantes Segundo recuerda el terror de ver cómo su casa se inundaba poco a poco. Aunque el nivel no alcanzó los extremos de la colonia Culturas, la experiencia fue devastadora.
Ella asegura que la causa principal del problema son las llamadas “coladeras fantasma”: rejillas que, aunque aparentan estar conectadas al drenaje, en realidad no tienen salida.
“Nos dimos cuenta que las coladeras son coladeras fantasma porque no están conectadas al drenaje, por lo tanto se encharca el agua. Hasta la fecha nos seguimos encharcando”, relata.
María Luisa, junto con otros vecinos, ha enviado escritos al delegado, autoridades municipales y estatales, pero no hay coordinación entre instancias para conectar estas coladeras al drenaje profundo.
La vida bajo el agua: un mes de supervivencia en condiciones insalubres
Quienes vivieron la inundación relatan que, durante más de 30 días, las actividades cotidianas fueron un reto extremo. María Luisa Molina Ávila, directora del Jardín de niños Paulo Freire, recuerda cómo los salones, áreas comunes y la dirección quedaron bajo el agua.
La escuela no fue el único lugar afectado: calles, comercios y viviendas quedaron inservibles. Muchas familias se vieron obligadas a moverse en lanchas y a improvisar sistemas para impedir que el agua entrara, como costales de arena o tabiques.
Las autoridades, en plena crisis, recomendaron no usar el baño, no lavar ropa ni trastes, y consumir la menor cantidad posible de agua potable, para no agravar el nivel de inundación.
“De la pipí, haces como sea, pero de la segunda necesidad tienes que andar buscando cómo, o no jalarle al baño cada vez, a veces hasta un día o dos”, recuerda una vecina.

Historias que duelen: mascotas, salud y pérdidas materiales
En Jardines de Chalco, Luciana Roldán Ortiz tuvo que dejar a sus mascotas en la azotea porque no podía desplazarse con ellas debido a una fractura de clavícula. Su baño quedó inutilizable y tuvo que bloquear el registro para evitar que subiera agua contaminada.
En San Miguel Jacalones Dos, Anayeli Martínez vivió cerca de la zona cero y relata que el agua negra llegó a 1.20 metros en su calle. Dentro de las casas aparecieron gusanos y el olor era insoportable. Perdieron sillones, cocinas y gran parte del mobiliario. Hasta hoy, las paredes siguen húmedas.
A un año, la incertidumbre no desaparece
Pese a que se han realizado trabajos menores en la zona, los habitantes de Chalco aseguran que la infraestructura sigue en mal estado. Calles sin pavimentar, obras inconclusas y drenaje sin mantenimiento son parte del panorama.
A esto se suma la polémica construcción del Trolebús Santa Martha–Chalco. Aunque se promocionó como una obra para mejorar la movilidad, vecinos aseguran que su construcción agravó las inundaciones al levantar el pavimento y no completar a tiempo los colectores pluviales. En algunos tramos, incluso se tuvo que romper la obra recién hecha para instalar tuberías de drenaje.
“La solución inmediata fue lanzar el Trolebús, pero las rutas ni siquiera están bien definidas. Destruyeron lo poco que ya estaba hecho para meter el gran drenaje”, afirman vecinos.
El lado positivo: la unión vecinal como motor de cambio
En medio de la crisis, surgió una red de solidaridad entre los vecinos. La maestra María Luisa Molina Ávila se convirtió en una de las líderes comunitarias, logrando incluso llevar a la gobernadora Delfina Gómez a recorrer las zonas afectadas.
Gracias a esta presión ciudadana, se ordenó el secado inmediato de la escuela Paulo Freire y se enviaron apoyos a las familias. Desde entonces, los vecinos se reúnen cada viernes para compartir avances, preocupaciones y también atender las secuelas emocionales de la tragedia.
“Lo mejor que nos dejó la inundación fue la unión vecinal. Necesitamos estar unidos para que esto no se repita”, afirma la maestra Molina.
Retos pendientes para evitar una nueva tragedia en Chalco
Las familias afectadas piden acciones concretas:
Conexión real de las coladeras fantasma al drenaje profundo.
Mantenimiento constante al sistema de alcantarillado.
Terminación de obras inconclusas como el Trolebús, garantizando que incluya colectores pluviales eficientes.
Plan de respuesta rápida ante futuras inundaciones, con refugios temporales y lanchas disponibles.
Mientras estas demandas no se cumplan, el temor a que las lluvias vuelvan a convertir a Chalco en una ciudad bajo el agua sigue latente.
Con información de Reporte Índigo
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