Mascarada Los miserables

Los Miserables


Por Marcela Jiméne… el 2021-02-24

“El culpable no es quien ha cometido el pecado,

sino aquél que ha hecho la sombra”.

Les Miserables, Victor Hugo

 

Esta pandemia ha sacado lo mejor y lo peor del ser humano, así que no se me ocurrió mejor título para esta entrega que el de la obra maestra del gran Victor Hugo, y es que, aunque hemos sido testigos de cientos de actos de solidaridad humana, también hemos presenciado actos abominables que nos hacen perder la esperanza en la humanidad, y los mexicanos no somos la excepción.

En algo tiene razón Andrés Manuel, nuestro país vive en un periodo de sombras que no inició con su administración, sin embargo, bajo su mandato estamos entrando a un punto de oscuridad total. Su proyecto de Cuarta Transformación que, no es otra cosa que un recetario tiránico, cristiano-moralino, plagado de inconsistencias y manejado por un puñado de mentirosos, corruptos e ineptos provenientes de los peores grupos políticos que tanto critica, nos ha caído en el peor momento.

Si hay algo que me causa admiración en el sistema legal estadounidense, es su cero tolerancia a las mentiras. Acá, por otro lado, es alarmente con qué facilidad, dada la impunidad al respecto, se puede falsear la información con tal de salvar la imagen, el puesto, la popularidad, etc. Y me queda claro que esto se arraiga cada vez más en el colectivo nacional, de lo contrario, no se permitiría que un gran mentiroso ocupara la palestra diaria para recetar puras falsedades, sin consecuencias.

Y el problema más grave no es la mitomanía de nuestro presidente, sino que sus mentiras y la tolerancia hacia las mismas por parte de su gabinete, de los representantes de otros poderes de la Unión, de los partidos políticos de oposición, de algunos medios de comunicación y de la sociedad civil organizada, así como de parte de la sociedad misma, tienen una afectación de vida o muerte para miles y miles de mexicanos.

Gracias en buena parte a sus mentiras y falsedades, hoy, México está de luto con más de 180 mil defunciones por Covid-19 y una tasa de mortalidad de 8.8% [1] lo que, de acuerdo con un estudio de la Universidad Johns Hopkins, nos coloca en primer lugar y muy por encima del resto del mundo, seguidos por Perú con 3.6 muertes por cada 100 contagios, Italia con 3.5, Sudáfrica con 3.2, Reino Unido con 2.9, Alemania e Indonesia con 2,7 y Colombia con 2,6.

A esa cifra, hay que sumar la derivada del crimen organizado que ronda los 75,000 asesinatos en lo que va de su sexenio y sobre lo que tampoco nada ha hecho, a excepción de culpar a las administraciones pasadas, y de reunirse y liberar a familiares de peligrosos y conocidos narcotraficantes.

Y estos datos parecen no alarmar, vaya, ni siquiera interesar a López Obrador quien está más pendiente de defender a violadores sexuales como candidatos; de desmantelar organismos autónomos que le restan poder; de respaldar una estrategia y política energética que, a todas luces es caótica y peligrosa; de apoyar a sus aliados empresarios promoviendo leyes a modo para su beneficio, aunque con ello se favorezca el lavado de dinero; de promover sus mega obras de chiste como la inauguración de un aeropuerto ya existente, de universidades sin salones y sin servicios, de carreteras que no son más que caminos rurales, de un tren maya del que seguramente nos mostrarán solo la deforestación provocada sin la construcción de nada; seguir dotando de poder y recursos ilimitados a las Fuerzas Armadas; y, lo más importante, que su partido gane mayoritariamente las elecciones de mediados de este año.

Culpables de esto somos todos, tanto de los que lo apoyan ciegamente sin una pizca de pensamiento crítico y analítico; como de quienes fuimos tolerantes o poco actuantes contra un sistema salvajemente corrupto y anacrónico que provocó que los mexicanos, en su hartazgo, llevasen a un personaje de tal perfil y peligrosidad al poder.

Pero de todo cuanto está haciendo, o más bien deshaciendo, lo que hoy día me causa más indignación y, me gustaría creer que a muchísimos más también, es el uso de esta crisis sanitaria con fines proselitistas. Él mismo lo dijo, el Covid le cayó como anillo al dedo. Sin una real estrategia ni motivación para proteger a los mexicanos del virus y sus miles de consecuencias en la salud, en la economía, en la educación, en la cultura, etcétera, ha encontrado que la aplicación de las vacunas, pocas o muchas -tiene como echar la culpa del desabasto al resto del mundo-, es una gran herramienta de manipulación del votante.

Por ejemplo, es increíble que haya priorizado vacunar a sus “Servidores de la Nación”, es decir a sus operadores electorales, por sobre personal de salud y de la educación o adultos mayores, y quienes son el filtro antes y después para adoctrinar, tomar datos de la credencial de elector e incluso condicionar la vacuna a quienes están acudiendo a la convocatoria de aplicación. Videos sobre de ello hay muchos circulando ya en las redes sociales.

Y qué decir de las payasadas de shows que se han aventado para recibir como rock stars cantidades groseras de vacunas, porque no hicieron los convenios y pagos necesarios para que México las tuviera pese a los problemas de acaparamiento de los países más desarrollados.

Criminales y miserables, no tengo más palabras para definir a quienes encabezan este gobierno.

 

[1] Información del Instituto Nacional de Salud Pública

 

*IC