El Ejército y Cienfuegos, malestar no, lealtad

El Ejército y Cienfuegos, malestar no, lealtad


Por Juan Bustillos el 2020-11-21

El general Luis Cresencio Sandoval desvanece la idea de una supuesta presión de la élite militar (“capitanes, generales, tenientes, coroneles”) al Presidente López Obrador por la detención en EU (y posterior liberación) del ex secretario de la Defensa

 “El camino que se recorre en la carrera militar es recto y no admite desviaciones de ningún tipo…”: General Luis Cresencio Sandoval, al encabezar el evento conmemorativo del 110 aniversario de la Revolución Mexicana.

> La suposición, sin embargo, no provino de los enemigos de la 4T, ni de los adversarios de AMLO, sino de uno de los alfiles más entusiastas y leales del sexenio, Ricardo Monreal

> Si la 4T tuviese 4 patas para sostenerse y permanecer, una sería el presidente; otra, los programas asistenciales; la tercera, el titular de la UIF, Santiago Nieto, y la cuarta, las Fuerzas Armadas, en especial el Ejército

Era inevitable, pero necesario que el general Cresencio Sandoval, intentara dar fin a las versiones cada día más extendidas de que por presiones del Ejército el presidente López Obrador negoció que la Fiscalía norteamericana retirase las acusaciones en contra de Salvador Cienfuegos, quien fue aprehendido en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y, de manera insólita, liberado después de toda culpa por negociaciones de Marcelo Ebrard y del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero.

De ninguna manera el secretario de la Defensa Nacional podía cometer la imprudencia de mencionar a su antecesor por su nombre ni referirse a sus problemas, inexistentes ya en Estados Unidos y que probablemente llegue a enfrentar en México. Tampoco podía negar abiertamente que la Fuerza Armada que encabeza, la más importante del país, sometiera a su Comandante Supremo a presiones para salvar al ex portador de las cuatro estrellas que hoy ostenta el general Sandoval, o para desmentir que la cadena de mando de la SEDENA pudiese estar involucrada en los delitos que se fincaron a Cienfuegos en Nueva York.

Sin embargo, es necesario leer entre líneas al general Sandoval porque fue muy puntual en su intento de desvincular del general Cienfuegos a la actual jerarquía castrense que encabeza.

Un párrafo de su discurso en la conmemoración del 110 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana lo dice todo: “La asignación de cargos tiene sustento en una trayectoria forjada en la preparación profesional constante, el esfuerzo, la buena conducta y un desempeño sobresaliente… De esta forma se asegura que las designaciones estén al margen de amistades prebendas o favoritismos”.

Al participar como orador único en la ceremonia, el secretario de la Defensa Nacional no defendió ni condenó a su antecesor porque habría sido políticamente incorrecto hacerlo, pero dejó en claro que “El camino que se recorre en la carrera militar es recto y no admite desviaciones de ningún tipo…”.

Pero que conste, no fueron los enemigos de la Cuarta Transformación que, como se dice casi a diario en las conferencias mañaneras en Palacio Nacional, conspiran para su destrucción, tampoco los periodistas corruptos, ni los “libelos inmundos” asalariados del neoliberalismo, quienes insinúan que el gobierno del presidente López Obrador teme una conjura golpista del Ejército mexicano, sino uno de los alfiles más entusiastas y leales del sexenio quien se supone está listo para encabezar el segundo capítulo de la etapa transformadora del país si Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum se descuidan.

El coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, reveló la posible causas por las que el secretario de la Defensa Nacional en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, general Salvador Cienfuegos, se habría beneficiado del retiro de cargos por parte de la Fiscalía norteamericana: “Sí, puede ser que esta detención de quien fuera el jefe de las Fuerzas Armadas recientemente pudo haber causado malestar, más que en la tropa, en la élite, es decir, en los capitanes, generales, tenientes, coroneles”.

El General Salvador Cienfuegos fue liberado de cargos por parte de Estados Unidos el pasado 17 de noviembre. Su regreso a México desató muchas dudas.

Desde luego, Monreal no usa el término “golpismo”, pero el “malestar” castrense al que se refiere, para muchos fue el motor que movió al presidente López Obrador y a su secretario de Relaciones Exteriores para obtener de Donald Trump el histórico regalo de despedida que constituye el más vergonzoso episodio que la DEA haya sufrido en su larga historia de persecución contra los barones mundiales de la droga, aún más que la exoneración de Humberto Álvarez Machain después de ser acusado de mantener vivo al agente encubierto Enrique Camarena mientras Rafael Caro Quintero lo torturaba.

 

EL ANZUELO DE LA CONFIANZA EN MÉXICO

¿De qué tamaño será el “malestar” de la “élite”?

A partir de que en la columna “Malosos” de IMPACTO inició la revelación de fragmentos del severo discurso pronunciado ante el general Sandoval el 22 de octubre de 2019 por el ex subsecretario de la Defensa Nacional, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, y de que inopinadamente siete días después el periódico La Jornada lo publicara completo, al presidente López Obrador le dio por hablar de “golpismo”.

Incluso interrumpió su descanso del puente del Día de Muertos en su finca de Palenque para negar que en México lo hubiese, pero por un tiempo lo siguió mencionando.

Todo esto ocurrió en el contexto de la aprehensión y liberación de Ovidio Guzmán en el llamado “operativo” fallido en Culiacán.

Unos días más tarde, en ocasión del aniversario de la Revolución mexicana, el 21 de noviembre del año pasado, López Obrador reiteró en la conferencia mañanera que nuestro Ejército es del pueblo, no es una oligarquía, los integrantes del Ejército Mexicano son pueblo uniformado y, según él, este nunca se ataca a sí mismo.

Después de lo dicho por Monreal aún hay quien pretende que nos traguemos que el retiro de cargos en Nueva York contra el general Cienfuegos es demostración de la confianza de que las autoridades norteamericanas tienen en la justicia mexicana.

Si existiera, no se explica por qué la DEA hizo lo que hizo con el ex secretario de la Defensa Nacional sin tener la amabilidad de informar al gobierno del presidente López Obrador que lo investigaba; no le habló de las pruebas de su supuesta colusión con el cartel H2 y su intención de aprehenderlo, como ocurrió en cuanto el “Padrino” tuvo la osadía de pisar el territorio de un país que, según sus pesquisas, habría ayudado a invadir con toneladas de drogas.

El 16 de enero, el procurador general de Donald Trump, William Barr, estuvo en México a visitar a lo más granadito de la justicia mexicana en tiempos del coronavirus y de la Cuarta Transformación. Se encontró nada menos y nada más que con el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, y el todavía secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, pero también con los secretarios de la Defensa Nacional, general Cresencio Sandoval, el de Marina, Rafael Ojeda, y el de Relaciones, Marcelo Ebrard.

Llegó y se marchó sin pronunciar una sola palabra sobre las presuntas andanzas del general Cienfuegos.

Habló, sí, de reafirmar “el compromiso con la cooperación bilateral en procuración de justicia”, pero no dijo una palabra sobre las violaciones a las leyes mexicanas en que la DEA habría incurrido al mantener bajo vigilancia el teléfono BlackBerry de Cienfuegos, aparato del que habrían salido miles de comunicaciones con los malandrines que constituyeron el fundamento de la orden de aprehensión que ejecutó ocho meses después, el 15 de octubre, en el aeropuerto de Los Ángeles.

¿Confianza en la justicia mexicana? Nada más lejos de la verdad si nos atenemos a los hechos.

El retorno del militar que lució cuatro estrellas en su quepí (desde la noche del miércoles está en su hogar) para ser sometido a proceso en México, es exhibido como triunfo de la diplomacia mexicana porque lo es y debe adjudicarse a la habilidad del canciller Marcelo Ebrard que estudió Relaciones Internacionales y figuró por breve tiempo como subsecretario de Relaciones Exteriores con Manuel Camacho después que Luis Donaldo Colosio ganó la candidatura presidencial del PRI para suceder a Carlos Salinas.

Pero el retiro de cargos contra Cienfuegos ha dado pie a todo tipo de especulaciones, fortalecidas, hay que reconocerlo, por las inoportunas declaraciones de Monreal que si habló de la existencia de malestar en los mandos castrenses es porque quizás lo sabe de primera mano, probablemente por confidencia del presidente López Obrador quien, por otro lado, es reservado y por naturaleza desconfía hasta de su sombra.

Monreal señaló malestar “en la élite, es decir, en los capitanes, generales, tenientes, coroneles”, y en parte debe ser cierto, si aceptamos sin conceder que Cienfuegos se pudo comportar al frente de la SEDENA como malandrín asociado al crimen organizado, en especial a subalternos de los Beltrán Leyva.

Y si lo aceptamos entonces debemos conceder que muchos de los altos mandos que acompañan al general Cresencio Sandoval estarían bajo sospecha de ser sus cómplices porque estuvieron con Cienfuegos, así como algunos de los discípulos en el Heroico Colegio Militar que dirigió de 1997 a 2000 que, como dice Monreal, hoy deben ser capitanes, mayores, coroneles, etcétera.

 

EL EJÉRCITO Y LOS PROYECTOS

El coordinador de los senadores de Morena habla del malestar de la “élite” castrense y desecha su existencia en la tropa, sin embargo, podría existir por otros motivos, pues los beneficios de que el Ejército esté convertido en el gran constructor del sexenio, amén de otras muchas tareas que le ha encomendado López Obrador, se quedan precisamente en los altos mandos mientras que abajo nada llega, excepto el trabajo.

Pero este es otro tema que tendría que ver precisamente con la estrategia de cooptación militar para conseguir que la Cuarta Transformación sea más que una anécdota sexenal, como lo terminó siendo el Pacto por México, aunque el general Sandoval lo explicó en otros términos en la ceremonia revolucionaria: “Trabajamos en proyectos prioritarios encaminados al desarrollo de nuestro País sin que ello signifique perder nuestra naturaleza o razón de ser”.

Y es que el Ejército y la Fuerza Aérea son algo más que los Frenaaas que pudiesen existir, los “México Sí” y los partidos políticos hoy en franca liquidación, como el PRI, el PAN y el PRD.

El ejército tiene las armas y una larga tradición de lealtad al Comandante Supremo como la mantuvieron los generales Marcelino García Barragán, Enrique Cervantes Aguirre y Antonio Riviello Bazán.

Pero son otros tiempos. En IMPACTO tuvimos un problema con la SEDENA porque Juan Ramón Bustillos publicó que el general secretario Clemente Vega se atrevió a pedir al presidente Vicente Fox le ordenase por escrito desalojar el centro de la ciudad de Oaxaca.

Por el título de la columna, “La rebelión del general Vega”, IMPACTO mereció un comunicado especial de la Secretaría de la Defensa Nacional, pero no negó lo que otros periodistas, como Joaquín López Dóriga y Raymundo Riva Palacio, publicaron en la misma fecha y en igual sentido.

Hoy partimos del supuesto de que el Ejército Mexicano ha olvidado -como hizo Donald Trump con los discursos de López Obrador- las agresiones en la campaña presidencial del candidato de Morena, y que se ha dado por bien pagado con el aeropuerto de Santa Lucía, los tramos del Tren Maya y todas las tareas que en su beneficio el mandatario ha arrebatado a otras dependencias.

Si la 4T tuviese sólo 4 patas para sostenerse y permanecer, supongo que una sería el presidente; la otra, los programas asistenciales; la tercera, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto con su rifle sanitario al hombro, y la cuarta, las Fuerzas Armadas, en especial el Ejército.

Es ominosa esta larga disquisición sobre las presiones a que el Ejército habría sometido al presidente, indignado por la pasividad gubernamental ante la actitud de la DEA o por temor de algunos de los altos mandos que mantienen dominio sobre la más importante Fuerza Armada del país, pero dejó de ser especulación de analistas y enemigos del régimen gracias a Ricardo Monreal que, a querer o no, sintetizó lo que está en boca de todos: la insólita liberación de Cienfuegos que regresó a México sin cargos en su contra.

Desde luego que, aun existiendo, nadie aceptaría oficialmente la presencia del “malestar” de la élite castrense. Por lo pronto, el general secretario Sandoval aprovechó la conmemoración del inicio de la Revolución para negarlo sin hacer alusión directa, y refrendar la lealtad de las Fuerzas Armadas al presidente.

Por el contexto de sus palabras, el discurso del secretario de la Defensa Nacional dejó de ser de rutina y sus palabras seguramente fueron un bálsamo para el presidente López Obrador.

Quien se queda con el problema es el fiscal general Alejandro Gertz Manero que deberá encontrar la cuadratura al círculo para dejar satisfechos a la Fiscalía norteamericana que insiste en la solidez del caso contra el ex secretario de la Defensa Nacional, para los demócratas que gobernarán con Joseph Biden a partir del 20 de enero y ya hablan de impunidad en México y en su país, y a los altos mandos del Ejército Mexicano que, se acepte o no, tienen malestar.

Quizás el secreto para la solución esté en lo evidente, pues más allá de la inocencia o culpabilidad de Cienfuegos, la DEA obtuvo de manera ilegal sus presuntas pruebas, en especial las telefónicas; de los testigos protegidos ya se sabe cómo se las gastan.

Sin embargo, Gertz Manero tendrá que echar mano de su experiencia para dejar satisfechos a los inodados en este espinoso y peligroso caso que desplazó todos los precedentes y no cayó como anillo al dedo a la 4T porque podría poner en riesgo la estabilidad nacional y a los muchos que permanecen a la caza de la menor falla para denunciar supuestas o reales conspiraciones.

No imagino cómo le cayó que Ebrard le pasara el problema con su afirmación certera de que sería “casi suicida” no investigar aquí el caso Cienfuegos, pues equivaldría a hacer buena la sospecha gringa de que a la justicia mexicana le da por la impunidad aún en plena Cuarta Transformación.

 *BC