Durazo no abandona a AMLO por decepción; los sonorenses exigen que los gobierne

Durazo no abandona a AMLO por decepción; los sonorenses exigen que los gobierne


Por Juan Bustillos el 2020-10-22

Los viejos priistas solían justificar sus candidaturas a puestos públicos, de presidente de la República a regidor, diciendo sacrificarse por el pueblo que en muchedumbre había acudido hasta la puerta de sus casas a rogarles incorporarse a la nómina.

Se trataba de una broma, está de más decirlo, de mal gusto, pero era común escucharlo. En la mañanera de este miércoles Alfonso Durazo lo dijo con convicción: “He decidido atender el llamado de la militancia de Sonora para buscar la gubernatura”.

En otras palabras, será candidato a gobernador porque el pueblo lo reclama.

Si con estas palabras se hubiese plantado ante Luis Donaldo Colosio a explicarle que por esto abandonaba la oficina que le confío, “Pelo Chino” le habría contestado que se dejara de … chistes y terminara la tarea encomendada. Su paisano no se prestaba a este tipo de espectáculos nada edificantes.

Ignoro si el presidente López Obrador estaba de vena y bromeo a costillas del casi candidato de Morena a gobernador de Sonora o se tomó en serio la explicación de su todavía secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana. Lo cierto es que se prestó al juego.

Dijo el presidente estar intentando convencerlo de no sufrir su abandono porque es persona recta, profesional y trabajadora, pero, explicó, es libre de hacer lo que le convenga.

A Alfonso conviene bajarse a tiempo de un barco que, al menos en materia de seguridad, si no hace agua como dicen los números, no ha dado los resultados prometidos, ni los dará. Más allá de las estadísticas y del discurso, es innegable que estamos peor que cuando estábamos mal. Y no necesariamente por Durazo, sino porque la concepción presidencial del problema es distinta a lo concebido por él cuando le ofrecieron y fue incapaz de rechazar el puesto no imaginado ni deseado.

Gobernar Sonora es un viejo sueño que en apariencia no tendrá problemas para cumplir porque Ana Gabriela Guevara puede ser imbatible en la pista de 400 y 300 metros, pero en política electoral aún tiene mucho que aprender, sobre todo si enfrentará a quien ha militado en casi todos los equipos ganadores posibles, PRI, PAN, PRD y Morena y ha estado cerca, muy cerca, nada menos que de Colosio, Vicente Fox y López Obrador, pero también de Heriberto Galindo que le dio su primera oportunidad en el CREA.

El largo tránsito partidista de Durazo recordó una frase de Groucho Marx a quienes lo conocen de décadas: si no te gustan mis principios tengo otros.

Lo importante es que ya alistó las maletas para viajar a Sonora a emprender la aventura de su vida. La única duda es si concluyó la redacción de la carta que explique las razones por las que en plena tormenta abandona a López Obrador para materializar sus propias ambiciones.

Si ya la redactó, conoceremos los términos hasta que crea conveniente filtrarla para su publicación.

Al abandonar la secretaría particular del presidente Fox el 22 de junio de 2004 lo hizo en términos valientes, si bien para algunos fue desleal:

“Todo tiene un límite y esta etapa ha llegado a su fin. No llegué a este proyecto por casualidad ni quiero quedarme por inercia. Tengo una visión diferente para entender los acontecimientos y mi razonamiento está cada vez más fuera de toda lógica al interior de Los Pinos. (en este caso sería el Palacio Nacional) En consecuencia, no entiendo ni comparto muchas decisiones y resultaría desleal oponerme o incongruente si las apoyase sin estar de acuerdo con ellas”.

Desde luego que en esta ocasión su carta renuncia no será de este tipo porque las causas de su salida son bien diferentes.

Supongo que a diferencia de entonces no está convencido de “que en los intereses políticos de coyuntura hemos extraviado el objetivo inicial de aquel proyecto político -basado en el espíritu plural e incluyente que debe guiar todo proceso de cambio- sintetizado con toda claridad en su discurso de toma de posesión”.

Sus motivaciones de hoy son bien diferentes a las que lo impidieron a dejar el panismo en 2004: “Veo a la 4T como un hecho insigne en la historia de nuestro país. Ha habido alternancias en México, pero ninguna de ellas significó un cambio, representó un cambio verdadero; hubo cambio de partido en el poder, pero el gobierno siguió sirviendo a los mismos intereses… Hoy el objetivo es recuperar el gobierno para ponerlo auténticamente al servicio de los intereses generales, sin disputa absolutamente con ningún sector”.

Pero además, entonces se lanzó al vacío y hoy va en pos de la gubernatura sonorense.

Durazo abandonó el priismo convencido de que el asesinato del candidato presidencial fue planeado en Los Pinos; desertó del panismo porque Martha Sahagún preparaba su candidatura desde la misma residencia y se incorporó al perredismo de la mano de López Obrador que en 2006 no pudo ser presidente. Por fin, en 2018, convertido en moreno conquistó lo perdido en 1994 y en 2004. Hoy se va de nueva cuenta en medio de la lucha palaciega de la Cuarta Transformación por la candidatura de 2018.

Si gana la carrera a Ana Gabriela Guevara, como es previsible que ocurra, ya veremos a qué bando se sumará, al de Marcelo Ebrard que con Manuel Camacho le compitió a Luis Donaldo o al de Claudia Sheinbaum, quien parece ser el proyecto de López Obrador.

Se va satisfecho porque, dijo en la mañanera, “Recibimos un país oliendo a pólvora, no se nos olvide, con cientos de muertos, cientos de miles de muertos, cientos de miles de desaparecidos. Recibimos el país en materia de seguridad en el peor escenario posible. No podíamos fingir que sería fácil enfrentar o resolver el problema y tenemos que aceptar que no podemos fingir que el problema es sencillo, así es que tampoco podíamos dedicarnos a administrar el caos que habíamos heredado”.

Es cierto, la Cuarta Transformación no ha administrado el caos heredado, pero el país continúa siendo un cementerio tan o más grande que el de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

*BC