Idealismo de Cárdenas no pudo con el presidencialismo de AMLO

Idealismo de Cárdenas no pudo con el presidencialismo de AMLO


Por Juan Bustillos el 2020-09-24

Ricardo Rocha nos obsequió por la mañana la gran noticia en palabras de Jaime Cárdenas. El presidente López Obrador da prioridad a los resultados por encima de los procedimientos y normas administrativas, es decir, las leyes se las pasa por el arco del triunfo.

“Fue inevitable que se diera mi salida. Varias veces el presidente cuestionó mi formación de abogado, mi carácter formalista, mi insistencia en los procedimientos, y yo decidí que era lo mejor para el bien de la institución de la que era titular”, le confesó a Ricardo.

Le dijo más a Radio Fórmula: “Yo creo que la expectativa mía con el Presidente, con el gobierno federal, con sus colaboradores más cercanos eran que me iba a escuchar […] lo pude exponer y ellos esperaban, seguramente de mí, una lealtad que por supuesto la realicé, fui leal con ellos, soy leal con ellos, pero mi lealtad no era ciega, mi lealtad es reflexiva, creo que ahí comenzaron los problemas”.

Se trataba de un retrato insuperable. Los trazos mostraron a un presidente sin respeto por la ley, exigente de lealtad ciega incapaz de escuchar a quien piensa distinto.

Pero por la tarde, el aún director del Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado casi mata con René Delgado en Reforma la esencia de su renuncia a un puesto en el que solo estará 6 días más para cobrar la sexta quincena: el secretario particular presidencial, Alejandro Esquer Verdugo, es hombre honesto, pero tiene sus ideas. Y con ellas se estrelló Cárdenas.

Después de escuchar atentamente las dos entrevistas no entendía si Jaime Cárdenas creyó tener una relación matrimonial con el presidente o con su secretario particular, o si al final López Obrador tuvo razón. El director del INDPR descubrió en menos de tres meses lo difícil que es pasar de la vida teórica, de los ideales a los hechos.

Está en lo cierto Cárdenas, pero sorprende que un constitucionalista reputado, ex consejero del IFE y hombre de izquierda, argumente que hasta hoy, antes de cumplir tres meses en el INDPR, descubriera el hilo negro: el presidencialismo no desapareció con la Cuarta Transformación, sino que al contrario, de exacerbó, y la burocracia, la media y la baja, que conserva la corrupción del neoliberalismo, ahí está, inamovible y dominante.

Quienes llegaron de la academia a la 4, dice, están acostumbrados a la reflexión, al diálogo, al planteamiento de los temas y sus matices, pero eso no existe en la Presidencia por el gran poder que acumula el titular de Ejecutivo Federal.

Es cierto, pero eso lo sabe de siempre. Además, el no encontrar un espacio de comunicación más horizontal con el presidente o sus más cercanos, puede explicar su renuncia y la de Víctor Toledo que dejó la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, pero no la de Carlos Urzúa a la Hacienda ni la de Jiménez Espriú a la de Comunicaciones y Transportes.

Y el predominio de los mandos medios de la burocracia que la Cuarta Transformación no ha logrado sustituir con los leales a López Obrador por falta de tiempo o porque no tiene con quién.

Cárdenas asegura lo que cualquiera sabe: que la burocracia es la de siempre, la de toda la vida. Puso como ejemplo a las Secretarías del Trabajo y Gobernación en donde los burócratas están acostumbrados a ciertas rutinas administrativa no aceptables y quizás tampoco ilegales, pero existen muchos grupos incrustados que no comparten el proyecto de la 4T y tienen intereses económicos que rayan en la ilegalidad.

En todo caso, la nota no está en si al presidente le valen gorro los procedimientos y normas administrativas, que después de aquello de “al diablo con sus instituciones” dejó de ser noticia, ni en el tardío descubrimiento de Jaime Cárdenas de que en la política, como en la vida real, importan los resultados.

La nota está en su observación de la prisa de López Obrador por obtener resultados. El reloj del sexenio avanza inexorable y la mala suerte hizo que a su gobierno le tocara lidiar con el coronavirus, un elemento inesperado que ha paralizado el avance de la 4T y difícilmente permitirá que en los próximos años concrete el proyecto por las crisis económica y de salud.

El desdén presidencial por los procedimientos y normas administrativas, el aburrimiento y hasta enojo que le causa la puntillosidad de los abogados, no es nuevo, como tampoco su prejuicio hacia los académicos.

La noticia está en que muchos como él se equivocaron. Creyeron que inauguraban una nueva transformación y simplemente regresaron al priismo más exacerbado en donde la lealtad debe ser ciega y cuando se pierde el favor presidencial se es obligado tragarse las opiniones aunque ofendan.

La versión oficial es que se fatigó, se deprimió, se afligió y se aflojó ante los problemas y no supo o no quiso entrarle a la lucha contra la corrupción. Y eso es lo que queda. Su visión de académico sobre el poder no tiene cabida en Palacio Nacional.

*BC